‘El tiempo a la mitad’: sublime nostalgia
Lo primero que resalta en el nuevo poemario de José Abreu Felippe es la tersura del lenguaje; luego, la hondura de los sentimientos de este libro publicado en mayo de este año.
“El tiempo a la mitad es la reconstrucción minuciosa de una casa despedazada en la memoria; y de un pasillo donde, al final, convergen la vejez y la muerte. También es la crónica de un amor, de unos amigos y de los golpes del tiempo”, dice acertadamente su editor Kiko Arocha, de Alexandria Library.
Abreu Felippe no solo es poeta, sino narrador, dramaturgo y reseñador de el Nuevo Herald, con varios premios literarios en su haber. “Mi casa y mi madre son los protagonistas casi absolutos de este poemario. La portada del libro reproduce una foto de lo que parece ser una piedra. En realidad es un fragmento de la pared de la sala de mi casa. Es lo único que queda de ella. Allí crecimos y allí vivimos hasta que salimos al exilio [en 1983]. Allí, como en todas las casas, la madre era la reina. Después he vivido en muchas casas, pero cuando sueño siempre estoy en la casa de Poey, un barrio pobre, casi marginal, en las afueras de La Habana”.
La vida se fue en pedazos,/ se fugó en las palabras en desuso./ Se rompió una y otra vez contra la calle/ como un hueso de vidrio,/ como una pulsera roja,/ como el rostro asombrado/ de mi madre.
Pienso que el niño de que habla el poeta En el 43, Allí, y Nacimiento es una proyección suya. “Se dice que el escritor, aunque hable de la luna, siempre está hablando de sí mismo. Puede que sea verdad. Es posible que haya mucho de mí en esos niños”: Llevo 43 años persiguiendo un niño/ que no quiere ser niño./ Arisco, jamás me ha dado los buenos días/ ni las buenas noches/ o madrugadas./ Pelea o gruñe y yo le seco los párpados./ Sin embargo tiene/ la misma mirada del primer día…
El tiempo no es un enemigo para el escritor. “Es más bien un aliado que nos alerta, que nos avisa, de que estamos vivos”.
Ayer era enero, hoy es agosto./ El tiempo pasa como un huracán/ y se lleva la vida, la destroza,/ lanzándola, inerte, contra la playa.
Elegía refleja la estrecha amistad que lo unía a Armando González Marrero, esposo de su hermana, que murió aún joven, recientemente. Y su hermano Nicolás… todavía camina/ por la finca de Pancho poniendo trampas,/ buscando una mina secreta/ unas postales viejas,/ una horqueta de guayaba,/ unos chavitos o unos papeles que se quemaron… “Nicolás ha sido un ejemplo para mí, un gran luchador. Fue el primero de nosotros en salir al exilio y aquí trabajó muy duro junto con su esposa para reunir dinero y sacar al resto de la familia. No paró hasta lograrlo. En el plano intelectual es, sin duda, el más imaginativo de los hermanos, con un gran talento. Ahí están sus libros para probarlo”, afirma con orgullo.
Abreu Felippe se siente satisfecho con los 31 poemas que componen este libro. “Me decían algo, lo cual no quiere decir que sean mejores o peores que otros. Pero si tuviera que quedarme con dos, escogería La motera e Inventario, que son dos poemas relacionados. El primero describe la motera y el segundo su contenido. Era la motera de mi madre, que guardo”: De las redondas manos de mi madre,/ todavía conserva el tacto y el olor.
Esta historia fue publicada originalmente el 4 de julio de 2015, 1:41 p. m. with the headline "‘El tiempo a la mitad’: sublime nostalgia."