Joyce Di Donato, la megaestrella que ilumina lo que Nápoles nos dejó
Joyce DiDonato tuvo la fortuna de aparecer en el lugar y el momento exactos. El resto de la historia de esta mezzosoprano es una prodigiosa combinación de talento, energía y trabajo amén de simpatía, presencia y calidez que la hacen la antidiva moderna por excelencia. Joyce reúne todas las virtudes y las aprovecha al máximo. Pocas veces una cantante de su tipo ha comandado tanta atención y aplausos. Lo mismo canta hoy en Londres, mañana en Buenos Aires, pasado en China y luego en Nueva York. Solicitada, aclamada, disputada, parece arreglárselas para estar en todas partes (menos, por ahora, en Miami, lo cual debería solucionarse pronto).
Su último compacto se llama Stella di Napoli, que no es el nombre de una confitería ni de una marca de manjares aunque en realidad no está lejos de lo que brinda: un exquisito surtido del belcanto napolitano. Vale destacar que es un recital discográfico generoso en duración, variado en temática y estilo, que comprende tres décadas de un legado valiosísimo, y sin las pretensiones de otros que intercalan oberturas o música incidental y que no interesan demasiado al comprador de un disco de arias. Obviamente, esta señora tiene mucho que cantar y no pierde el tiempo.
¿Y la música? Preciosa, emocionante, escogida a la perfección. Drama y tragedia alternan lo conocido con rarezas, cumpliendo la doble función (y responsabilidad) de dar tanto lustre a lo transitado como revelar joyitas ignotas. DiDonato no aburre, ni se mete en bretes o sofisticaciones traídas de los pelos: va al grano con una voz aterciopelada de timbre inmediatamente reconocible, con una técnica asombrosa y exacto histrionismo, sin amaneramientos.
El CD contiene 10 arias y 3 son estrenos discográficos mundiales. Tanto el Ove t’aggiri o barbaro, de la ópera Stella di Napoli del siciliano Pacini (1796-1867), como el Lasciami… se il mar sommesso…, de Il Sonnambulo, del toscano Carlo Valentini (1790-1853), y en especial, el fascinante L’amica ancor non torna por “otra misma” Lucía, la de Le nozze di Lammermoor del napolitano Michele Carafa (1787-1872). A estas se suma el noble Se fino al cielo…, de La Vestale de Mercadante, donde otra vez, hace gala de un legato y expresividad, inmaculadas.
No faltan Bellini, Donizetti o Rossini. El primero representado por Dopo l’oscuro nembo de la temprana Adelson e Salvini y Deh! Tu, bell’anima, de I Capuleti e i Montecchi, con el ya clásico Romeo de la mezzo. El aria de Elisabetta al castello di Kenilworth es otra delicia con acompañamiento de glockenspiel y la justamente célebre plegaria de Maria Stuarda, el más famoso Donizetti de DiDonato, tan deslumbrante aquí como en el escenario del Met, Covent Garden o Berlin. En cuanto a El cisne de Pesaro, el Riedi al soglio de Zelmira es un típico – y arduo – vehículo para lucimiento de la española Colbrán resuelto brillantemente por la americana. Sin embargo es otra mujer de la isla de Lesbos, no la princesa Zelmira sino la poeta Safo, la encargada de concluir espléndidamente el recital con Teco dall’are pronube de Saffo de Pacini, en una gran escena de catorce minutos de impecable factura.
El aporte de Ricardo Minaci es ejemplar desde todo punto de vista, como director de la orquesta y coro de la Opera de Lyon, como colaborador de la mezzosoprano e incluso en breves pero jugosas notas al programa.
Un recital excepcional en su género y que merecería una gala en el bellísimo teatro San Carlo, aunque acarrearía el peligro de presenciar e poi morire…a la inveterada usanza napolitana. Quizás los italianos que en la década del 80 invistieron a Marilyn Horne como la più grande Rossini cantante del mondo, debieran revalidar un título que tiene a otra americana como refulgente sucesora.•
(STELLA DI NAPOLI, DIDONATO, MINASI, ERATO 08256 463656 2 3)
Esta historia fue publicada originalmente el 11 de octubre de 2014, 8:00 a. m. with the headline "Joyce Di Donato, la megaestrella que ilumina lo que Nápoles nos dejó."