Elisa Díaz Castelo: “La ciencia y la poesía comparten la premisa del asombro”
De paso por la ciudad de Buenos Aires, el inolvidable Severo Sarduy se reunió con un grupo de jóvenes porteños en un auditorio a sala llena. Luego de la conferencia magistral, el escritor cubano abrió el juego de las preguntas. Uno de los asistentes preguntó: “Severo, ¿qué es la poesía?” El autor de obras como Cocuyo y Cobra miró al joven por un momento y contestó: “¿Poesía? Poesía eres tú”. La sala explotó en aplausos.
Analizar la poesía suele ser tan complicado como hacerlo sobre el amor. Sin embargo, hay algunos parámetros muy claros. Uno de ellos, sin duda, es la belleza. Cada poema es un milagro revelado. La escritora Elisa Díaz Castelo (México, 1986) trabaja en cada uno de sus libros una cautivante belleza luminosa que a veces se sumerge en la oscuridad.
Su proyecto poético ahora está recopilado en An Imperfect Geometry (Alliteration), una antología bilingüe que reúne libros como Principia (2018) y El reino de lo no lineal (2020), entre otros que han sido leídos con interés por los lectores mexicanos. Con esta antología, los admiradores de Díaz Castelo se extenderán. Una de las responsables de que esto suceda es la traductora y también poeta Robin Myers. En muy poco tiempo la norteamericana ha traducido a los escritores más promisorios de la literatura latinoamericana como Cristina Bendek y Adalber Salas Hernández.
Elisa Díaz Castelo es poeta y traductora. Ha sido becaria del programa Jóvenes Creadores del Fonca y de la Fundación para las Letras Mexicanas. Obtuvo el Premio Bellas Artes de Traducción Literaria Margarita Michelena 2019 y el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2020.
‘An Imperfect Geometry’ reúne una serie de libros publicados tiempo atrás solo en español. ¿Cómo hizo la selección para el libro?
Para darle forma a Una geometría imperfecta elegí poemas pertenecientes a mis tres libros con la intención de crear una antología que funcionara también como un libro unitario.
Robin Myers tradujo los poemas al inglés. ¿En qué medida se involucró usted como autora en el proceso de traducción del libro?
Además de una poeta y traductora fantástica, Robin es una buena amiga. Tuve la fortuna de poder trabajar de cerca con ella en la primera versión al inglés de mis poemas. Sin embargo, siempre respeté sus decisiones y su criterio, puesto que confío plenamente en su trabajo y su talento.
¿Qué significó ganar por El reino de lo no lineal, su segundo libro, el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes, el más importante de su tipo en México?
Más que un punto de llegada, el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes significó para mí una gran motivación para seguir escribiendo. Durante una buena parte de mi juventud, la poesía era un ejercicio que realizaba en soledad, sin siquiera pensar que podría interesarle a otras personas y mucho menos conmoverlas. El Premio Aguascalientes contradijo esa versión mía adolescente, insegura y solitaria. Me dio el aplomo necesario para seguir escribiendo y una gran confianza en la labor de la escritura y en las posibilidades de la poesía.
En apariencia, la ciencia y la poesía son incompatibles, miembros de distintas galaxias. Sin embargo, en algunos poemas acerca estos dos planetas lejanos. ¿Qué puede comentar sobre el tema?
A pesar de que parecieran estar en las antípodas la una de la otra, la ciencia y la poesía comparten la premisa del asombro. Ambas toman raíces en la curiosidad y se interesan por aquello que queda en los límites del saber humano. En realidad, tienen mucho más que ver de lo que aparentan.
Otros poemas incluidos en An Imperfect Geometry, como los de Proyecto Manhattan, son textos híbridos ligados a la dramaturgia y personajes como Jean Tatlock y Kitty Oppenheimer. ¿Cómo fue trabajar un lenguaje teatral que incluye una veta política y una investigación periodística?
Todos los libros de poesía que he escrito han requerido, en cierta medida, investigación. En el caso de Proyecto Manhattan, la investigación no sólo fue medular para la escritura del libro sino que cambió por completo el acercamiento que deseaba darle. En un inicio, el libro iba a tratar sobre los científicos investigados con la creación de la bomba atómica pero, durante mis lecturas, me di cuenta de que me parecían mucho más impactantes y menos conocidas las historias de las mujeres involucradas con el proyecto. El plan de escritura cambió drásticamente a partir de ese punto. El libro toma prestada su estructura y algunas de sus características formales de la dramaturgia. Mi interés por explorar este lenguaje tiene que ver con mi fascinación con la posibilidad que tiene la poesía de incorporar y transformar lenguajes que en apariencia le son ajenos. De ahí, también, mi gusto por escribir sobre temas científicos. Cuando se apropia de lenguajes técnicos, la poesía muestra su veta protéica, su capacidad de convertir incluso las palabras más áridas y ferales en música.
Por lo general se asume que el Estado en México apoya a sus autores. ¿Es tan así?
El gobierno mexicano tiene un programa, el Fondo Nacional de Creadores de Arte, que apoya a los artistas de diversas diciplinas. Este programa ha hecho posible la escritura de dos de mis tres libros de poesía, tanto por su apoyo económico como por la guía que me ha dado en materia de tutores y compañeros de trabajo. Ojalá este tipo de becas de formación sigan existiendo mucho tiempo más.
¿Qué aprendió durante los años que estuvo en la Maestría de Escritura Creativa en Español de NYU?
Uno de los aprendizajes que vertebran mi relación con la escitura y que proviene de los lejanos años de la maestría es la capacidad de apreciar y disfrutar de distintos estilos poéticos y de recibir crítica constructiva. De eso se tratan, para mí, los talleres literarios. En ellos, se vuelve evidente el papel que juega la colectividad en la escritura.
Siga a Hernán Vera Álvarez @HVeraAlvarez
Esta historia fue publicada originalmente el 2 de julio de 2023, 11:00 a. m..