Pintar y vivir en Miami, según Gustavo Acosta
Gustavo Acosta (La Habana, Cuba, 1958) es uno de los mayores exponentes de la pintura neofigurativa contemporánea.
Graduado del Instituto Superior de Arte (ISA) de La Habana en 1982, su trayectoria ha transcurrido por varias etapas y, también, por varios países, desde que irrumpió en el escenario artístico cubano en la década de los 80 haciendo dibujos, técnica que ha marcado su posterior obra pictórica.
Salió de Cuba el 25 de julio de 1991, en la víspera de las celebraciones por el 32 aniversario del triunfo del asalto al cuartel Moncada de Santiago de Cuba. Ese día, Fidel Castro (Cuba, 1926-2016) esperaba a Nelson Mandela (Sudáfrica, 1918-2013) en el Aeropuerto José Martí de Rancho Boyeros.
¿Cómo te sientes en Miami después de estar en México y España?
“Llegar a Miami después de pasar relativos largos períodos en Ciudad de México y España, reconozco que fue al principio difícil, no por el choque cultural pues como se sabe Miami es, pero hace treinta años aún más, una ciudad donde la comunidad cubana estaba presente en toda la estructura socio-cultural y económica. Lo arduo quizás fue entender el funcionamiento de esa estructura, aceptarla y llegar a ser parte de ella. Afortunadamente, en mi caso, fue un proceso indoloro y el resultado es que treinta años después sigo aquí”.
Acosta ha realizado más de 50 exposiciones individuales, tanto en galerías como también en museos públicos y en colecciones e instituciones privadas de América Latina, Europa y Estados Unidos.
Sus obras están presentes en relevantes colecciones. Desde el Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana y el Pérez Art Museum de Miami, hasta el Museo de Arte Carrillo Gil (México), el Nassau County Museum of Art en Nueva York, y la Diputación Provincial de Ciudad Real (España), entre otros.
No son muy acusadas las variaciones estilísticas y discursivas de la pintura que había hecho en La Habana a finales de los años 80, respecto a las que realizó después en México y España. Sin embargo, son notables estas variaciones cuando el artista comienza a pintar desde Miami. Cambia la mirada, antes la pintura era más atmosférica y escenográfica, envolvía al espectador por los cuatros costados, donde el impacto visual de la obra importaba más que el modo en que estaban hechas. Pero vivir en Miami pone al artista ante la dualidad conflictiva de la geopolítica cubana: Cuba y estar fuera de Cuba.
La arquitectura y el urbanismo han sido siempre motivo de interés en tu trabajo. Al llegar a Miami ¿qué descubriste diferente respecto a otras ciudades y espacios urbanos que habías tratado?
“Salvando las grandes ciudades industriales y comerciales del northeast, este país es muy diferente al resto de lo que conocemos. Las ciudades y sus suburbios son geográficamente enormes, el transporte público es escaso y es difícil bajar del automóvil al que ya se acostumbró. La escala urbana y continental para un isleño, que se dio cuenta de la pequeñez de su ciudad natal, lo sobrecoge. El diseño regular de los suburbios, la jardinería pretenciosa, la luz, las obras hidráulicas artificiales vinculadas a estos paisajes fabricados. Son elementos que con los años han penetrado, sustituyendo y estableciendo nuevas definiciones o direcciones de a donde dirijo la mirada, o que se torna en el sujeto protagónico de mi estudio”.
Definitivamente, pintar para Acosta ya no tiende a ser dibujar con pintura como sucedía, por ejemplo, en sus grandes obras sobre lugares de La Habana. La mirada ahora se hace más aérea, se eleva trastocando en ocasiones los puntos de fuga. La pintura, con más luz y colorido, se vuelve más incisiva en los detalles describiendo y regodeándose más en el proceso. Los escenarios y las construcciones comienzan a perder ese halo histórico, esa pátina neblinosa del romanticismo pictórico. Y se abren paso paisajes urbanos de tránsitos, puentes y elevados, descampados y jardines, escaleras y terrenos camino de ser urbanizados, o edificios aún sin terminar.
Es una pintura neofigurativa con un carácter más simbólico, la mirada se ha distanciado de la imagen que pinta, se percibe como relato de una realidad más volátil, donde las cosas pueden estar a punto de ocurrir, donde todos los caminos se entrecruzan, pero nada llega a ser todavía.
Estas características están presentes en sus más recientes muestras como “A Series of Unconnected Thoughts” (2021) y “An Unexpected Collision” (2024) y también en “Structures of Nature, and Vice Versa,” que todavía se puede visitar en LnS Gallery. Hay en estas obras un debate entre esas dos realidades de vida que ha experimentado el artista en sus más de 30 años de trayectoria.
El artista lo ha explicado de esta manera: “Es como cuando miras un lugar, pero consciente de que estas en otro. Paradójicamente cuando el sujeto es Miami no puedo ceder a la tentación de mirar con el ojo del inmigrante que recién llega y aún no pertenece”.
En las muestras “A Series of Unconnected Thoughts” (2021) y “An Unexpected Collision” (2024), trabajas el paisaje urbano con enfoques fotográficos. ¿Cómo has encajado la visión fotográfica en la mirada pictórica que habías trabajado anteriormente?
“Realmente, aunque distorsione las imágenes en el afán de inventarme otra realidad poética o simbólica, siempre las fuentes de los recursos que utilizo son fotográficas, ya sean propias o ajenas. Simpático, porque ahora que aparece en el horizonte y ya nos moja los zapatos el tema de la inteligencia artificial [AI, por sus siglas en inglés] como soporte creativo, etc., es lo que más se me parece a lo que, si pudiéramos “graficarlo”, hace el cerebro con las imágenes, las memorias y todo ese rompecabezas de emociones e ideas que intento llevar a cada obra. Claro, las AI te sorprenden con resultados que supuestamente un humano es incapaz de articular, pero por ahora sigo disfrutando el que esos accidentes o milagros los genere el proceso tradicional”.
¿Cómo ha influenciado en tu trabajo la relación arte y naturaleza en tu percepción del paisaje de Miami?
“Fue en España donde por primera vez pinté bosques de cipreses desprovistos de toda referencia a la huella o intervención humana, más tarde, y ya en Miami, esos bosques comenzaron a integrar elementos arquitectónicos que hablaban de la experiencia intercontinental, del desarraigo y de la ubicuidad”.
Y Acosta concluye con una ocurrente metáfora que utiliza para proclamar su raigambre miamense. “En treinta años hay arraigo, la ciudad ha ido permeando estos referentes y creo que es lógico que, aunque a manera de escenas cinematográficas que a menudo entran y salen, ya sea en retrospectiva, en especulaciones futuristas o simplemente atemporales. Este lugar que es mi casa, sin menospreciar el archivo de memorias, ya es el “búcaro”, el adorno central de la mesa a partir del que se establece o para decirlo en los términos en que habla el arte, se cura, toda la idea”.
“Structures of Nature, and Vice Versa”, de Gustavo Acosta, LnS Gallery, 2610 SW 28 Lane, Miami, FL 33133. De martes a viernes, de 11 a.m. a 6 p.m. Sábados de 12 p.m. a 5 p.m. Domingo y lunes, por cita. Hasta el sábado 31 de agosto. https://lnsgallery.com
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