Un libro infantil que rinde tributo a las canciones populares venezolanas
A la literatura infantil se le adjudica una vitalidad que es la forma natural del pensamiento y la emoción. Acercarse a las páginas de El vuelo de Carmela (Ediciones Aguamiel), de Luciana Kube (Caracas, Venezuela), es comprobarlo con felicidad.
La historia sigue a Carmela, una garza de espíritu errante, que en su viaje desde las marismas del Odiel, en el sur de España, hasta las costas de Venezuela, es guiada por una misteriosa canción. De esta manera descubre laderas boscosas, ríos antiguos que parecen infinitos, personajes marcados por el misterio y la alegría. A través de este viaje, sin duda, los lectores más jóvenes conocerán dos culturas, un pasaje por donde circulan la historia, las ideas y el arte.
Luciana Kube es escritora, cantante y profesora universitaria que reside en la ciudad de Miami. Su área de trabajo son los estudios culturales y las tradiciones en relación con la literatura y la música. Ha vivido en España y Estados Unidos, pero afirma que ni un solo día ha dejado de pensar y soñar con Venezuela, a lo que dedica gran parte de su trabajo. Su primer libro, “El vuelo de Carmela”, es parte de la “Colección Pío, pío” de Ediciones Aguamiel.
¿Cómo surgió escribir ‘El vuelo de Carmela’?
El libro surge como un concierto pedagógico en el que quería volcar la naturaleza y la música de mi país natal, Venezuela. Surgió hace unos doce años en España, concretamente en Madrid, donde vivía en ese momento. Tenía muchas ganas de hacer algo para niños y jóvenes. Entre mis amigos contaba con muchos músicos venezolanos con los que hacía esta música y en este grupo de músicos estaba Ricardo Sandoval, mandolinista excepcional, con el que comenzamos a pensar en géneros musicales para el proyecto y me puse a pensar en una historia para dar forma a la idea. Con el apoyo de Proarte logramos darle vida y hacerlo en librerías, salas y colegios de Madrid. Ya en Estados Unidos, con Arca Images lo repusimos incorporamos marionetas y máscaras a las que ya traíamos de España. La respuesta fue muy buena y los padres de los niños que nos escuchaban venían a preguntarnos que dónde podían comprar el libro con la historia que contábamos. La idea del libro surge entonces de la propia audiencia, pero la posibilidad real de darle vida fue ya en Estados Unidos. Al mudarnos mi familia y yo a Miami en el 2016 empezamos a conocer gente maravillosa del medio literario, periodístico y editorial. Así conocí a la editora Alicia Monsalve, de Ediciones Aguamiel, a quien le propuse esta idea y juntas emprendimos este viaje junto a mi madre, la pintora Lucero Tamayo.
¿Por qué eligió una garza como protagonista?
La historia gira en torno a una garza, un ave migratoria que se encuentra en España y en Venezuela, los dos países en los que se desarrolla la historia. Las garzas están en muchos lugares de España. La marisma andaluza es uno de ellos, un hábitat perfecto para el nacimiento de Carmela, la protagonista del libro infantil. Quise hacer un paralelismo entre las garzas como aves migratorias y los seres humanos, que nos desplazamos también para desarrollarnos y asegurar, igual que otros animales, nuestra supervivencia. Carmela tiene que migrar cada año y decide cruzar el océano para descubrir un mundo apasionante del otro lado, en Venezuela. La garza es un ave grande, fuerte, con gracia y elegancia, y que logra adaptarse a otros entornos. Sus largas patas y su cuello son visualmente muy atractivos y adopta formas muy atractivas para los niños. A nivel visual es una fiesta de movimiento. A nivel simbólico, la garza suele transmitir paz, pureza y al mismo tiempo independencia.
En el libro, también, tienen un rol importantísimo las canciones tradicionales venezolanas. ¿Cómo fue la selección?
Seleccionamos canciones que fuesen significativas por su temática, y además porque su lugar de origen fuese un punto importante en el viaje. Comienza con una gaita zuliana, “La Onomatopéyica”, pero en otros puntos hay una diversión oriental, género infantil que recibe ese nombre, llamada “La mariposa”, en otro caso es “Con real y medio”, una canción derivada de una antigua canción española que migró también a las Américas, al igual que “La pulga y el piojo”, que cuenta con versiones por todo el continente americano. También aparece, entre otras, “La perica”, una canción divertida que narra la relación entre dos pericos muy pícaros. La música infantil venezolana tiene una variedad rítmica y melódica que los enseña a rimar, a bailar o a usar el idioma con maestría.
‘El vuelo de Carmela’ incluye dibujos de Lucero Tamayo. ¿Puede contar cómo fue la dinámica de trabajar con la artista?
Trabajar con Lucero Tamayo, mi madre, fue muy interesante. Ella se fue compenetrando con la historia y con el ritmo de trabajo. Ser familia nos pone en un nivel de cercanía y conocimiento mutuo, que hecho desde el respeto es una ganancia para todos y una riqueza. La estética de las acuarelas y dibujos de Lucero es realista, pero también está lleno de ternura y con un colorido que aporta mucho a la comprensión de lo que es Venezuela y del acompañamiento de la historia del viaje que hace Carmela a tierras americanas.
¿Qué debe tener un libro de literatura infantil para que los niños no se aburran?
Un libro infantil, a mi manera de entender, debe tener un objetivo pedagógico que acompañe a un contenido potente y significativo. Debe tener una estética atractiva en lo visual y además a mi gusto debe estimular a nivel sensorial. En nuestro caso, El vuelo de Carmela es una explosión auditiva y visual, pasando por el viaje del héroe como concepto literario aplicado al cuento. En ese viaje hay, entre otras cosas, un llamado a la aventura, un paso de lo conocido a lo desconocido, un momento de revelación, hay personajes que son maestros y mentores de ese paso que ayudan a superar retos y hay un momento de revelación, lo cual conduce a la transformación y ocurre el retorno del héroe (o la heroína, en nuestro caso, Carmela).
La protagonista viaja desde Madrid a Venezuela. Usted en algún momento hizo el camino contrario. ¿Qué aprendió durante sus años en España?
Razoné y reflexioné mucho sobre el pasado, y tuve que dejarlo atrás para vivir el presente y labrar el futuro. Entendí la importancia de recibir ayuda y a ayudar a otros. Aprendí a defenderme y a decir a viva voz lo que no me gusta y discernir lo que me conviene, a mí y a los míos. Pude comenzar a amar muchas cosas que estaban físicamente lejos, pero que las unía a mí un hilo invisible, que nunca se romperá. Esa es la fuerza del amor
Trabaja como profesora de literatura e idioma en este país. ¿Qué desafíos encuentra al enseñar español en Estados Unidos?
Además de escribir y cantar, trabajo como profesora de español, tanto del idioma como de literatura. Lo hago con mucho cariño y sentido de la responsabilidad, porque quienes enseñamos una lengua, somos encargados de transmitir un legado cultural de siglos, en este caso de la herencia hispana en los Estados Unidos. Los estudiantes son bastante receptivos y tienen no sólo sed de conocer, sino también muchas ideas. Muchos de ellos ya han visto mi libro y son, sin duda, parte de mi nueva historia.
Siga a Hernán Vera Álvarez @HVeraAlvarez