Artes y Letras

‘Mírame, escúchame’: arte indígena contemporáneo para la sanación colectiva

'Manicuera de camarón', 2017, de Abel Rodríguez. Tinta y lápiz sobre papel, 20 x 23.6 pulgadas (51 x 60 cm). Colección privada.
'Manicuera de camarón', 2017, de Abel Rodríguez. Tinta y lápiz sobre papel, 20 x 23.6 pulgadas (51 x 60 cm). Colección privada.

La historia del arte, como la historia misma, es una narrativa y por tanto permanece abierta a ser modificada. Esa comprensión, que fue un aporte del filósofo e historiador Hayden White (1928-2018) es clave para entender que es posible reescribir el pasado desde el presente y que, al construir el relato de la historia actual del arte con una curaduría, estamos influenciando las lecturas y las visiones del mañana.

La exhibición Mírame, escúchame, culturas originarias, curada por la historiadora Francine Birbragher-Rozencwaig, PhD, con asistencia de la historiadora de arte Marisol Martell, para Artnexus Space, constituye un aporte para esa tarea de revisión del modo en que se ha contado la narrativa del arte.

‘El regalo del abuelo’, 2022, de Tahuanty Jacanamijoy. Acuarela sobre papel 10.8 x 7.7 pulgadas (27.56 x 19.68 cm). Colección privada.
‘El regalo del abuelo’, 2022, de Tahuanty Jacanamijoy. Acuarela sobre papel 10.8 x 7.7 pulgadas (27.56 x 19.68 cm). Colección privada. Foto cortesía / SGR Galería

Es, de hecho, la primera exhibición que reúne en Miami un espectro tan amplio de arte contemporáneo creado por miembros de múltiples culturas originarias del centro y sur de América, en diálogo con obras de otros artistas latinoamericanos no indígenas reconocidos -como Antonio Caro, Claudia Andújar, o Laura Anderson Barbata, entre otros- que evocan temas relacionados con el legado, visiones y modos de resistencia de estos pueblos ancestrales que hoy ensanchan el horizonte común.

'Hi I hipe amakuripe (Troncos con rastros iridiscentes)', 2021, de Sheroanawe Hakihiiwë. Acrílico sobre lienzo, 35.2 x 28.7 pulgadas (89.5 x 73 cm). Colección privada.
'Hi I hipe amakuripe (Troncos con rastros iridiscentes)', 2021, de Sheroanawe Hakihiiwë. Acrílico sobre lienzo, 35.2 x 28.7 pulgadas (89.5 x 73 cm). Colección privada. Foto cortesía / Galería Abra

Birbragher-Rozencwaig aclara en el catálogo de su impecable exhibición, que en América Latina existen hoy 826 pueblos indígenas, y que no sólo han sido víctimas de prácticas discriminatorias, sino que, hasta fines del siglo XX, “raramente habían sido incluidos en las historias oficiales”. Mucho menos en las narrativas del arte contemporáneo. De hecho -y esto es crucial- la producción cultural indígena tendía a ser percibida antes del siglo XXI como “artesanía”. La historia del arte moderno se escribió sin reconocer sus extraordinarios logros, aunque las prácticas creativas indígenas marcaran profundamente la obra de artistas de fama mundial, como es el caso del trabajo textil de la notable Anni Albers, quien dedicó su libro sobre el tejido a sus maestros, “los antiguos tejedores del Perú”, o de Sheila Hicks, quien hizo su tesis sobre los textiles andinos.

Sin título, 2022, de Waxamani Mehinako. Pintura sobre lienzo, 26.9 x 26.9 pulgadas (68.5 x 68.5 cm.) Colección privada.
Sin título, 2022, de Waxamani Mehinako. Pintura sobre lienzo, 26.9 x 26.9 pulgadas (68.5 x 68.5 cm.) Colección privada. Cortesía / Art Nexus 

Birbragher-Rozencwaig, remarca que “lo indígena” estuvo presente en las pinturas de castas mexicanas del siglo XVIII, (que reflejaban las escalas de la discriminación de acuerdo al grado y modo de mestizaje), y en las diversas corrientes del indigenismo, incluyendo el abstracto, tanto como en las representaciones del muralismo. Pero su exhibición despliega el poder protagónico del mismo arte contemporáneo creado hoy por artistas indígenas cada vez más reconocidos: un arte que, si bien proviene de contextos culturales milenarios, se inserta en las prácticas y el modus operandi del mercado actual del arte contemporáneo y no constituye una categoría aparte, aunque sin duda ofrece estéticas y conceptos que son más necesarios hoy que nunca para la humanidad. El trabajo de la curadora da continuidad a la visión de la 23ª Bienal de Arte “Paiz en Guatemala”, curada por ella y Juan Canela, con la idea de articular narrativas que “desafían los relatos hegemónicos e imaginan futuros que ahondan en posibilidades de vida común”.

Sin título, 2023, de Salmi López Balbuena. Acrílico sobre cartón, 15.7 x 12.5 pulgadas (40 x 32 cm). Colección privada.
Sin título, 2023, de Salmi López Balbuena. Acrílico sobre cartón, 15.7 x 12.5 pulgadas (40 x 32 cm). Colección privada.  Cortesía / Art Nexus

Los rastros de las lenguas madres indígenas (en Suramérica hay 420) forman parte de los trabajos de artistas incluidos como Gerardo Petsaín, Manuel y Chen Chavajay, Maruch Sántiz Gómez, Santiago Yahuarcani, Seba Calfuqueo y Sheronawe Hakihiiwe. Todos aprendieron de sus ancestros usos de materiales y el sentido ritual de la creación.

Sin título, 2023, de Salmi López Balbuena. Acrílico sobre cartón, 15.7 x 12.5 pulgadas (40 x 32 cm). Colección privada.
Sin título, 2023, de Salmi López Balbuena. Acrílico sobre cartón, 15.7 x 12.5 pulgadas (40 x 32 cm). Colección privada.  Cortesía / Art Nexus

“Salmi López Balbuena aprendió a dibujar con su abuelo Ogwa, el primer indígena reconocido como artista contemporáneo en Paraguay”, cuenta como ejemplo la curadora. Pero el valor de sus obras no radica solo en el modo en que recuperan los antiguos legados sino en el modo en que ensanchan el canon occidental en el que nos movemos con estéticas y prácticas conceptuales que enriquecen el arte contemporáneo tanto como nuestra comprensión vital hoy.

Por ejemplo, cuando se contemplan las piezas de textiles geométricos de una pieza como Energía, 2016, del guatemalteco Antonio Pichillá Quiacaín, el uso del blanco, rojo, amarillo y negro, puede evocar los principios del neoplasticismo de Mondrian. Pero en realidad esos colores primarios representan los estados del maíz. Y tienen funciones rituales que el artista desplaza hacia el sistema del arte contemporáneo sin desactivar su potencial originario. Su serie Abuelo rinde homenaje a las técnicas y colores de vestuario tz´utujil, tal como en la obra de la artista colombiana Julieth Morales, de la cultura misak, las vestimentas transmiten saberes ancestrales. En El último círculo, 2019, la espiral fucsia cosida en el sentido contrario del reloj, representa la sangre indígena y su centro interior desemboca en una casa, mientras su borde externo se abre a un cosmos azul que remite a las aguas, al territorio y a la naturaleza misma a la que su comunidad entera está “cosida”.

'Indios de la ciudad Cuzco', circa 1930, de Martín Chambi. Impresión en gelatina de plata, postal antigua 3.5 x 5.5 pulgadas (8.89 x 13.97 cm). Colección privada.
'Indios de la ciudad Cuzco', circa 1930, de Martín Chambi. Impresión en gelatina de plata, postal antigua 3.5 x 5.5 pulgadas (8.89 x 13.97 cm). Colección privada. Cortesía / Art Nexus

El brasileño Waxamani Mehinako traspasa a sus pinturas geométricas en blanco, rojo y negro, la pintura corporal que los xingu llevan en sus pieles y que representa la flora y fauna de la región. También en el trabajo de la peruana Miriam Soria Gonzales los patrones geométricos bordados en textiles -que se llaman kene en la etnia Shipibo-Konibo- expresan una cosmovisión que busca el equilibrio entre los humanos y el entorno natural: un camino de sanación.

Sobre la corteza fibrosa del árbol de “Llanchama” usado por los huitoto y bora para sus textiles, el peruano Brus Rubio Churay pinta, a orillas del río Ampicayu, tributario del Amazonas, la memoria de los mitos de la selva profunda, pero también de las violencias de los caucheros, y cifra imágenes para defender su poderoso ecosistema. Sabe que el diálogo cultural es tan importante como la crítica de la historia y del presente para albergar futuros más anchos. Eso enseña a los niños de su comunidad.

También el peruano Santiago Yahuarcani crea poderosos lienzos en la superficie de llanchamas con la imagen de los espíritus sagrados de los ríos y los bosques, sin dejar de incluir escenas de talas y quemas. o memorias del horror cauchero. En su mayoría, los artistas unifican sus prácticas artísticas con un activismo político y ambiental tan justo como necesario.

Manuel Chavajay pinta sobre papel de algodón escenas del Lago Atitlán en Guatemala con el mismo aceite quemado para motor de las excesivas lanchas que hoy lo transitan y borda sus obras en las noches con su esposa Chen, mientras hablan de los sueños para el mañana. Mírame, escúchame, culturas originarias es una maravillosa exposición para transitar lentamente, como una meditación que vincula el legado de la América indígena, a lo que hoy tenemos que aprender conjuntamente para sanar.

Adriana Herrera es escritora, curadora y crítica de arte. Escribe para diferentes publicaciones, galerías y museos.

Artnexus Space, 12500 NE 8th Ave., North Miami, Fl 33161. Hasta mayo 1, 2025.

Esta historia fue publicada originalmente el 7 de marzo de 2025, 9:56 a. m..

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