Artes y Letras

Salvador Luis: las voces eléctricas del futuro

Salvador Luis
Salvador Luis

Cuando se habla de la literatura italiana del siglo XX el nombre de Dino Buzzati es un imprescindible. Además de los cuentos, siempre motivados por una trama fantástica y oscura, la inmortalidad se la debe a la novela El desierto de los tártaros. El protagonista, el oficial Giovanni Drogo, es destinado a la fortaleza Bastiani ya que hay amenazas de un ataque inminente. El rumor es útil para que Drogo se sumerja en una incertidumbre infinita. De tanto esperar, se le va la vida.

Borges conectaba la historia del italiano con la atmósfera de pesadillas del mundo de Kafka. A quien oiga esta voz (Elektrik Generation), la nueva novela del escritor Salvador Luis (Lima, 1978) podría recostarse en el imaginario de Buzzati y Kafka. El aeronauta de guerra llamado Terzo ha caído en medio de un bosque enemigo. Aislado de todo, el impulso inicial es marchar a través de un paraje agreste y melancólico. Lo acecha la sombra de la muerte urgente. El único recurso que tiene el joven es una fuga perpetua hacia adelante. Tal vez Terzo nunca encuentre una salida. La postergación es un cierre perfecto para una novela sutil que conmueve por la trama y el clima de opresión.

Salvador Luis es editor, narrador y crítico cultural. Tiene una doble licenciatura en dirección de cine y literatura hispánica y un doctorado en Lenguas Romances (University of Miami). Ha sido catedrático en Oberlin College, University of Minnesota y Emory University, y en la actualidad imparte clases de lengua, cine y literatura en Centre College. Dirigió la revista Los noveles, y fue director de Specimens-Mag. Ha sido también editor de Revista Kitsch, redactor de Miradas de cine (Madrid), y tuvo a su cargo la columna “Situaciones incómodas” en el portal español Koult. Es también autor de libros de relatos y novelas cortas experimentales. Como editor ha coordinado numerosas antologías de cuento iberoamericano contemporáneo. Su cortometraje “Doomsday” obtuvo los premios del jurado a la mejor película de su categoría y mejor actriz en el III Festival de Cine de la Universidad de Miami.

¿Hubo un evento o idea específica que sirvió de detonante para escribir A quien oiga esta voz?

Un evento no, pero sí deseaba desde hace varios años escribir acerca de un ser híbrido, semejante al del cómic Swamp Thing. Soy un apasionado de los cómics desde la niñez y ese tipo de texto suele incentivar mi imaginación. Lo que termina pasando, claro, es que mi literatura también bebe de autores como Italo Calvino o Franz Kafka, y al final mis personajes resultan siendo más reflexivos y existencialistas que los de un cómic. Sin embargo, diré que la versión de Swamp Thing que leí durante la pubertad en el Perú fue sobre todo la del británico Alan Moore, y me parece que él, sin exageraciones, es uno de los escritores más penetrantes que existen.

¿Hubo algún aspecto de la novela que le resultó especialmente difícil de plasmar?

Lo más difícil fue hacer verosímil el discurso del personaje. El libro relata la transformación progresiva de un militar llamado Terzo, así que tuve que pensar mucho en cómo el protagonista se iba desligando poco a poco de una humanidad reconocible para convertirse después en algo híbrido y muy diferente a nosotros.

¿Qué le atrae de la ciencia ficción?

No lo sé bien. Simplemente cuando era niño me encantaba ver películas de David Cronenberg. A veces uno ve algo, o escucha algo, y el cerebro sencillamente dice “¡ajá!”. Hay gente bastante equivocada que piensa que la literatura fantástica, la de miedo o la de ciencia ficción son simples escapismos. Nada más alejado de la verdad. No creo que alguien “escape”. Lo no mimético, lo que no imita la realidad, es solo un tipo de representación y un modo de abrazar el arte, con códigos propios, y puede ser tan sofisticado como cualquier otra cosa. Vuelvo una vez más al Swamp Thing de Alan Moore. Léanlo de palmo a palmo, aléjense del prejuicio, y díganme si no merece la pena.

Por momentos se siente la desolación del personaje. Es como si Terzo fuera un personaje de Kafka envuelto en una novela de ciencia ficción.

Sí, Terzo sufre una gran mutación y medita sobremanera a lo largo de la historia, tiene un discurso reflexivo y pesimista porque, perdido en el bosque como se encuentra, no hay otra cosa que pueda hacer. Kafka, sin duda, siempre está presente en mi trabajo, sobre todo el Kafka de El castillo (¡me encanta esa novela!). Pero en este libro, además de Calvino, que ya cité antes, también hay aromas de Dino Buzzati. Soy peruano-italiano, así que a veces me acerco al canon de ese país. Buzzati tiene varias novelas acerca del bosque y la montaña que volvieron a mi mesa de noche cuando empecé este proyecto.

Su obra se caracteriza por un estilo que rompe con lo convencional y juega con las estructuras narrativas. ¿Cómo describiría su evolución como escritor desde sus primeros libros hasta ahora?

Hay dos fuentes que me marcaron, la verdad. Yo me licencié en literatura pero también en dirección de cine, y lo que más me interesaba de eso era el montaje y el uso del fuera de campo. Cuando estructuro, traslado ambas técnicas a la página. Es decir, me imagino más a Jean-Luc Godard que a un novelista. Godard es mi director favorito. Esos préstamos extraliterarios condicionan la forma de mis cuentos y novelas cortas. Y en cuanto a lo literario en sí, pues siempre me gustaron los autores que rompían la linealidad o los que dejaban vacíos en las páginas (esta idea del vacío textual se conecta perfectamente con la del fuera de campo cinematográfico, porque ambos implican un “no mostrar”), esa es la manera que hallé para crear “estructuras extrañas”, que van más allá de un tema “raro”. No creo que sean mejores que otras, eso sí, son solo las formas que me atraen, y por eso las utilizo repetidamente. Lo he hecho desde el primer libro, es solo que con los años me he vuelto más ducho.

portada
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Ha sido editor de compilaciones de diversos temas y géneros. ¿Qué debe tener una buena antología?

Un editor que cometa pocos errores, diría yo. Por eso ya no estoy tan orgulloso de mis primeras antologías; era un poco joven cuando las coordiné. Creo que, como en todo, uno se hace hábil con la experiencia. Así que eso, mientras más experimentado sea el editor/antólogo, mejor.

¿Qué tendencias de la literatura escrita en español en el siglo XXI le interesan?

Todas, en realidad. Soy catedrático y cada semana preparo clases en castellano en torno a textos contemporáneos, en ese sentido trato de mantenerme al día. Es cierto que mi obra se enfoca en mundos irreales, pero mis lecturas son muy variadas. Puedo recomendar algunas. Me gustó la última novela de Ariana Harwicz, por ejemplo, Perder el juicio. También Tarántula, de Eduardo Halfon, que tiene un final muy bello. En el campo del terror y la distopía: El gusano, de Luis Carlos Barragán; Nunca seremos nacidos, de Elton Honores; o Lo que ruge, de Izaskun Gracia Quintana. Y si desean algo “enredado”, de esas obras de ficción que se acercan al libro científico, pues Germán Sierra escribió algo llamado El artefacto. Oh, y una más, esta es sobre tema de la soledad: Humo, de José Ovejero.

Si tuviera que recomendar un libro de su obra para quienes no lo han leído aún, ¿cuál sería y por qué?

Yo sé cuál es el que más me gusta, pero ya que cada persona es un microcosmos diferente, mejor hagamos esto: si alguien está enamorado de la ciencia ficción, creo que disfrutará de Díptico de la oruga (2020) o de Amanecerá (2021); para un lector que prefiera el relato del absurdo, Shogun inflamable (2014) o Prontuario de los pies y de los zapatos (2012). Y si el interés está en universos metafísicos y reflexivos, A quien oiga esta voz (2024) sería mi sugerencia.

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