Artes y Letras

Vestir la piel del mundo: Obra reciente de Manuel Mendive

‘El todo lo ve’, acrílico sobre lienzo, 35 x 40 pulgadas.
‘El todo lo ve’, acrílico sobre lienzo, 35 x 40 pulgadas.

Adentrarse en la obra reciente de Manuel Mendive (La Habana, 1944) es cruzar el umbral hacia una cosmogonía viva, donde carne y follaje transpiran idéntico aliento. Azules, ocres y verdes emergen del lienzo como si este fuera membrana viva, piel por donde el mundo exhala sus misterios. En este universo de simbiosis y magia el ave es rama, el hombre es agua, el pez es río.

Mendive no pinta metáforas, sino realidades animadas. Cada trazo invoca ese ashé, que como fuerza vital de la cosmología yoruba infunde todo lo que existe. No asistimos a un mundo de representaciones sino presencias. Y justo por ello, abordar su obra desde la perspectiva chata del arte contemporáneo resulta limitado.

La exposición With the New Day the Sun Shines and Leads Us, abierta en Latin Art Core, despliega este universo mágico. Pinturas y esculturas recientes dialogan con piezas de etapas anteriores, componiendo un entramado que desborda cronologías para afirmar la continuidad del pensamiento vital que anima la obra de este artista.

‘Evocación’, 2025, acrílico sobre lienzo, 30 x 40 pulgadas.
‘Evocación’, 2025, acrílico sobre lienzo, 30 x 40 pulgadas. Cortesía / Latin Art Core y el artista

El linaje de Mendive no nace en la academia. Si bien se gradúa de la Academia de San Alejandro y trabaja en el Departamento de Etnología y Folclore, es su entorno inmediato la savia de su obra. Nacido en Luyanó (barrio obrero de estibadores y fábricas donde las creencias sincréticas de raíz yoruba moldean la vida cotidiana), Mendive creció en un hogar impregnado de ritualidad y creatividad. Este ambiente se replicaba a nivel familiar: Matilde, su madre (Iyá), era la autoridad espiritual del hogar; su padre trabajaba en el ferrocarril; sus tíos y primos eran tamboreros de batá (oló-batá) y cantantes (akpwón); y su abuelo materno, obrero de la construcción, tallador y grabador, fue el antecedente más directo en su vocación artística.

Israel Moleiro, Director Latin Art Core y Manuel Mendive en la entrada de Latin Art Core.
Israel Moleiro, Director Latin Art Core y Manuel Mendive en la entrada de Latin Art Core. Cortesía / Latin Art Core y el artista

A lo largo de su vida, Mendive emprendió varios viajes a “Mamá África”, reclamando ese linaje espiritual y cultural devenido universo propio. Ese universo toma forma concreta en su obra y en Manto Blanco, el nombre de su finca enclavada en las colinas de La Peregrina, en San José de las Lajas, Mayabeque, donde naturaleza y espíritu convergen y el arte se revela como parte integral de la vida.

La gramática visual de Mendive renuncia a la perspectiva occidental para abrir un espacio espiritual. Superposición de planos, figuras que emergen del follaje o se disuelven en arroyos, cuerpos ritualizados por pigmentos sagrados: su lenguaje pictórico desborda los márgenes de la representación para configurar un campo de fuerzas. Lo horizontal y lo vertical se entrelazan como los caminos de la vida y el espíritu, revelando la estructura simbólica del patakín, ese relato yoruba que más que historia, es sabiduría codificada.

'Flores', 2024, acrílico sobre lienzo, 12 x 16 pulgadas.
'Flores', 2024, acrílico sobre lienzo, 12 x 16 pulgadas. Cortesía / Latin Art Core y el artista

En estas composiciones, las figuras humanas -desnudas, marcadas, ojos cerrados- no son sujetos sino tránsito. No se representan a sí mismas, sino a aquello que las atraviesa: voces, energías, memorias, deseos. Son pasajes hacia lo ancestral donde los márgenes del cuadro nos convocan a un estado de sintonía: mirar se vuelve rito, resonancia y trance.

Presente en cada giro de su obra, Eleguá se manifiesta como principio dinámico. El orisha de los caminos no es mero personaje, sino fuerza de apertura, ambigüedad y devenir. A través de su figura (niño y viejo, guardián y embaucador) Mendive articula una poética de la transformación. Las puertas, senderos, bifurcaciones, corrientes de agua son metáforas vivas de esa incertidumbre sagrada que habita toda existencia y donde el acto de elección deviene acto de fe.

Este principio dinámico, siempre cambiante, está también presente en el cromatismo del pintor. La dualidad se afirma como unidad en tensión: rojo y negro, día y noche, lo visible y lo oculto. Pintar desde esa ambivalencia es abrazar la complejidad del mundo. En Mendive, la ambigüedad no es debilidad sino potencia: es en el no saber, en el fluir, donde se abre el hombre al conocimiento verdadero.

'Sentado a la orilla del río', 2025, acrílico sobre lienzo, 30 x 40 pulgadas.
'Sentado a la orilla del río', 2025, acrílico sobre lienzo, 30 x 40 pulgadas. Cortesía / Latin Art Core y el artista

La obra de Mendive no representa sino que activa resonancias. Sus lienzos vibran, llamando a la transformación interna del que en ellos navega. No se trata de obras realizadas para la comprensión racional, sino de gnosis. Sus pinturas nos devuelven a una sabiduría anterior a la palabra: una verdad encarnada, sentida, recordada en el cuerpo.

Impregnado por la experiencia caribeña, ritual y resistencia son inseparables en el quehacer del artista. En cada trazo habitan la memoria de la diáspora africana, las cicatrices del colonialismo y la fuerza secreta de las culturas que sobrevivieron en complejos y dolorosos procesos de transculturación, convirtiéndose su obra también en un acto de sanación: tejido de mito y memoria que reclama lo que nos ha sido negado.

La religiosidad en Mendive no es decoración ni alegoría, sino práctica vital que nos recuerda que todo está entrelazado, que el aliento es compartido, que cada gesto tiene resonancia cósmica. En un tiempo marcado por la devastación ecológica, la desconexión espiritual y el olvido, su obra se alza como un llamado urgente al reencantamiento y el religare.

En esta bóveda celeste, el árbol, encarnado en la ceiba, es eje del mundo: columnas del templo natural donde el aguas que fluye es cuerpos vivos, moradas de Yemayá y Olokun, que acogen la vida. Hombres, aves, peces, raíces, nubes, soles, todo en su obra remite a un sistema interconectado donde lo espiritual se manifiesta a través de lo natural.

Alexander González, representante del artista, Israel Moleiro (centro), Director Latin Art Corey el artista Manuel Mendive.
Alexander González, representante del artista, Israel Moleiro (centro), Director Latin Art Corey el artista Manuel Mendive. Cortesía / Latin Art Core y el artista

En la piel del mundo que Mendive nos ofrece, no hay respuestas, sino vibraciones. No hay certezas, sino posibilidad. Y en esa apertura, en ese temblor sagrado, se cifra quizás la única esperanza: la de recordar que estamos hechos de la misma sustancia que soñamos y que la buena ventura depende de nuestros ojos transfigurados y el amor:

“Mi obra siempre ha sido y será lo mismo. Tocar los temas y las cosas más sencillas, más sensibles. Eso es. Mostrarle al mundo las cosas más bellas que están olvidadas. O que se les olvida a ratos a la gente. O que las obvian. No sé. La cosa es que todo es hermoso. Las flores, la yerba simple que nace ahí, en cualquier cantero, una lata. Echar un poco de tierra, una semilla y florece. Florece pronto. Es como el amor. Todo lo que se hace con amor vivirá siempre.”

Janet Batet es escritora, curadora y crítica de arte. Escribe para diferentes publicaciones, galerías y museos.

‘With the New Day the Sun Shines and Leads Us’, de Manuel Mendive en Latin Art Core hasta el 30 de agosto, 1646 SW 8th St, Miami, FL 33135, (305)773-2882.

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