Heriberto Mora: “Pintar implica meditar”
Con esa paz interior que le caracteriza, Heriberto Mora prepara su próxima exposición personal en la galería Canale Díaz de Coral Gables, que se exhibirá durante los meses de noviembre y diciembre. No solo incluirá pinturas, sino también esculturas en bronce, madera y tejidos.
Otra etapa en la que “vida y obra se entrelazan y esta última es un reflejo de todo lo que vivo”, dice Mora, quien siendo un niño en Vereda Nueva –pueblito cercano a La Habana donde nació en 1965 y creció– le pidió a Dios que lo ayudara a ser pintor.
“Mi madre era una mujer muy creyente, que nos legó como mayor tesoro la necesidad de conocer a Dios. De modo que crecí en un hogar donde se bendecían los alimentos cada día antes de las comidas y se le daba gracias a Dios por el regalo de vivir”, dice el artista, para quien esos valores familiares contrastaron fuertemente con la realidad de la escuela cubana durante su infancia y adolescencia.
Y su refugio fue la pintura, con lo que tuviera a mano y sobre lo que encontrara, pues los materiales en esa época para él eran una quimera. “Tuve la suerte de contar con la guía de un gran pintor que vivía en mi pueblo y al que considero mi primer maestro, Osmín López”, recuerda Mora. “Era un excelente pintor que hastiado de todo se refugió en el pueblo, nunca expuso y hacia el final de su vida destruyó casi toda su obra”.
Su entrada en 1983 a la Academia San Alejandro de La Habana le hizo sentir a Heriberto que “se abrían dentro de mí miles de manantiales de energía, vivía en una continua exaltación y creo que por primera vez era feliz”, comenta de esta etapa. “Esos cuatro años transcurrieron como un solo día”.
Al graduarse de la escuela de arte comenzó a trabajar como maestro de pintura en la Casa de la Cultura de Caimito, donde pintó una serie de Cristos. El empleo duró 20 días. En esa época Cristo era un enemigo para el gobierno de los Castro.
“Apenas tenía dinero para comer, mucho menos para comprar materiales de arte. Solo disponía de hojas de papel y lápices, así que dibujaba y hacía bocetos todo el tiempo, con la esperanza de un día poder llevarlos al lienzo”, relata Mora. Sus materiales para pintar –cuando los conseguía– eran “sacos en los que almacenaban azúcar, y un poco de asfalto del que se usa para pavimentar las carreteras, y entonces pintaba con esos materiales hasta que se terminaban”.
El empeño de crecer a pesar de las adversidades, su fe en Dios y la fuerza incontenible de la juventud lo ayudaron a seguir, confiesa el artista, hasta que en enero de 1992 lo invitaron a exhibir en España la que fue su primera exposición personal, titulada Via Crucis.
“Veinte cuadros donde los personajes eran ratas, cuadros oscuros conceptual y cromáticamente. Jamás hubiera podido exponerlos en Cuba, pues eran una crónica social de la vida en la isla”, explica Mora. “Fuera de Cuba nunca más volví a pintar una rata”. En 1993 se mudó a la Florida, radicándose en la ciudad de Coral Gables.
Para quien ha seguido la obra de Heriberto Mora desde su llegada a Estado Unidos, aprecia cómo en los –quizás– últimos 15 años su pintura oscura de colores tierra fue aclarando, hasta volverse casi blanca. Una obra que ilumina y da paz.
“Desde hace años medito diariamente y he tenido intensas experiencias espirituales percibidas a través de una luz indescriptiblemente hermosa, que sin lugar a dudas ha permeado mi obra”, dice Heriberto, quien ve en sus cuadros blancos el resultado de una búsqueda intensa, “de esa necesidad que me inculcó mi madre de encontrar a Dios”.
Como su extraordinaria pieza Empty Boat, inspirada en un poema de Chuang Tzu.
“Las fronteras de la meditación y la pintura se han ido desdibujando, y cada día más pintar implica meditar. De ahí ese oasis de paz que muchos dicen sentir ante mis cuadros”, cuenta Heriberto, y explica que si bien en España se dedicó a explorar el mundo que lo rodeaba, en Estados Unidos “la exploración devino interior. La pintura fue siempre el puente hacia la realidad exterior”.
Heriberto Mora también imparte clases de pintura para niños en un programa de verano del condado Miami-Dade desde hace 10 años. “Ha sido una experiencia maravillosa que me ha enriquecido y también ha influenciado mi pintura. Los niños son pintores natos y al enseñarles, aprendo con ellos”, dice el artista.
Actualmente su obra se encuentra en las colecciones permanentes de museos como LOWE Art Museum, de la Universidad de Miami; Museum of Art, de Fort Lauderdale; Berardo Collection, del Museo Berardo de Lisboa, Portugal; Nassau County Museum of Art, de Nueva York; Snite Museum of Art, de la Universidad de Notre Dame, Indiana; Absolut Vodka Collection, Nueva York, así como en importantes colecciones privadas como la de Hugh McColl y Bank of America, entre otras muchas más internacionalmente.
Dios le concedió el deseo a aquel niño del pueblito de Vereda Nueva –y con creces– a lo que Heriberto Mora argumenta: “Dice la Biblia ‘Pidan que se os dará’. Ser pintor es la respuesta a mi sueño de la infancia. Un regalo que no termino nunca de agradecer”.
Natacha Herrera es periodista y fotógrafa, escribe para diferentes publicaciones, Noticias 23 de Univisión y medios digitales.
yorkville43@yahoo.com
Esta historia fue publicada originalmente el 13 de agosto de 2015, 0:40 p. m. with the headline "Heriberto Mora: “Pintar implica meditar”."