‘Memoria de eso’ va de haber crecido en la utopía y haberla (sobre)vivido para cantarla
La lectura de Memoria de eso (Ed, Almenara Press, Bokeh, 2025) de Jorge Salcedo (La Habana, 1968), nos sumerge en ese mundo, digamos en esa educación sentimental, en esos afectos empapados de ideología y política revolucionaria, que envolvió a cubanos y cubanas nacidas aproximadamente entre 1966 y 1976. Dos apuntes al margen, uno, esta cronología, solo como una referencia para hablar del libro de un autor nacido en ese segmento espacio temporal del período revolucionario. Dos, esta cronología tiene expresión también en las canciones de, entre otros, Vanito Brown y Boris Larramendi (Ex Habana abierta), y de Carlos Varela. Expandiéndose al mundo de las artes visuales, con obras de, por ejemplo, Sandra Ramos, Néstor Arenas, J.M. Pozo y Ciro Quintana.
En los 18 poemas de Memoria de eso, el recuerdo, no es recuerdo como nostalgia, (que quede claro), sino como memoria de una vida donde habita y late, la ternura, los afectos, la sátira y también una profunda decepción. Pero, ¿cómo abordar retrospectivamente recuerdos, anécdotas sin que la introspección que ello implica se tiña de nostalgia? Pregunto al poeta ¿Memoria de eso, es la memoria de qué. ¿Recuerdo y memoria de la vida que tuviste durante la infancia y adolescencia en Cuba?
“No he escrito un libro de memorias -comenta Salcedo- a pesar de que el título invita a verlo así. Memoria de eso es una operación de rescate. Las impresiones, anécdotas y peripecias de mi infancia que aparecen en él son una guía para entrar en ese mundo en el que fui niño y sacarme vivo de ahí”. Pero, aun así -le insisto- el libro tiene como carne los recuerdos. “Quiero rescatar -puntualiza Salcedo- la frescura y la inocencia con la que viví esos años, pero también a aquellos con quienes los viví. La operación no es sencilla, porque ese mundo de mi infancia estaba enchumbado de adoctrinamiento hasta la médula”.
En Palacios de los pioneros, poema que abre el libro, se lee “Vivir es volver a ver dice Luis Rosales, / y hoy vamos al Palacio de los Pioneros/ o no recuerdo qué/ y yo soy ingeniero en te-le-co-mu-ni-ca-cio-nes/ Corriente alterna, corriente directa/ La profesora amable, los corredores amplios/ y más amplios aún los barandales en la terraza/, en donde baila el viento/ Yo soy ingeniero en telecomunicaciones/ y he jugado pelota, o más bien, cuatro-esquinas,/ para matar la espera de la guagua Girón que me ha traído aquí”.
Este tono reflexivo (autobiográfico intelectual), está presente también en Mis amigos creían, o en Memoria de eso, donde leemos “Íbamos a Tarará, la Ciudad de los Pioneros/ cantando coplas causticas/ sobre nuestros vecinos los sajones/ en la guagua Girón/ de plástico, latón y orgullo patrio/. Dicen los americanos (se repite) / Que Fidel usa perfume, pero no saben que Nixon (se repite) / hace cola pa’ los blumers… (se repite)”
Una expresión mayormente en primera persona, para, desde esa primera voz de tono testimonial, discursar también en tercera persona, comentando la mirada hacia los cuatros costados de la afectividad. En ese cruce de voces coloquiales afloran las distintas caras de lo que hemos sido. Vivir por el reloj de la revolución, marcando y enredando nuestra humanidad: La Escuela al Campo, Palacios de Pioneros en el Parque V. I. Lenin, las interminables correrías y fiestas con los amigos zaga familiar, como nombramiento y conciencia de los orígenes. El advenimiento del deseo y la sexualidad, en las aulas, en los matutinos y en los vespertinos izando la bandera y cantando el himno nacional.
Memoria de eso va de haber crecido en la utopía y, haberla (sobre)vivido para cantarla. Este canto tiene también el trasfondo de la deriva totalitaria de la revolución. Propagada por un entramado de organizaciones que atravesaban y controlaban toda la biología social y cultural del estado cubano. Engranando, entre otras, a la Unión de Pioneros de Cuba (UPC), Federación Estudiantil de la Enseñanza Media (FEEM), Federación Estudiantil Universitaria (FEU), Federación de Mujeres Cubanas, (FMC), Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), Asociación Nacional de Agricultores Pequeños. El colofón eran los Comité de Defensa de la Revolución (CDR), y en la cúspide de esta pirámide, como sueño individual de la sociedad revolucionaria estaba formar parte, alguna vez, del glorioso Partido Comunista de Cuba (PCC).
Es una década (1966-76) en la que se institucionaliza el estalinismo revolucionario cubano. Período que, en el contexto de la “Guerra Fría” y bajo el paragua de subvenciones de la Unión Soviética, el estado totalitario dedica ingentes recursos a la educación, el arte, la cultura y a la sanidad pública. Se habían fundado ya, por ejemplo, la Escuela Nacional de Arte (ENA), el Instituto Superior de Arte (ISA), la Orquesta Sinfónica Nacional, el Ballet Nacional de Cuba, el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), las editoriales Letras Cubanas, Arte y Literatura y la Editorial Nacional de Cuba. La educación y la sanidad declaradas gratuitas como pilares de una sociedad comunista que prometía el paraíso en la tierra.
La niñez y adolescencia, afloran en estos poemas como expresión de una sensibilidad humana emergiendo, pero, a la vez, coartada por el lenguaje y la ideología de una educación para el futuro totalitario. Sin embargo, Memoria de eso no hace un ajuste de cuenta político ideológico. Hay una temperatura en este libro que nos lleva a (re)vivir esa “inocencia” de la edad, a pulsar y “saborear” ese estado (in)consciente sobre el maremágnum revolucionario en cuyos remolinos dábamos vuelta sin parar.
¿A qué sabe poner sentimientos y afectividad a esas imágenes, a esos recuerdos? Porque simplemente nosotros, infantes difuntos, vivíamos un puzle, hecho y contrahecho a voluntad del autoritarismo. Por eso, Salcedo advierte sobre las distancias a tomar para adentrarse en este mundo “entrar allí requiere ciertas precauciones. La primera, no falsear las impresiones mías de aquella edad. Luego, no ignorar el contexto y el acontecer histórico que permeaba esa niñez y primera adolescencia. Aquí aparece la perspectiva épica, utópica y socialista del mundo en que crecí porque ella también forma parte de mis vivencias. Pero no aparece sola. Aquí también se articula lo que aquel niño sentía como las incongruencias de aquella realidad, por esa grieta aflora el trasfondo de la historia y la particularidad de mi vida”.
Las revoluciones sociales han sido históricamente máquinas de cambios espacio temporales abruptos, cuyos engranajes acaban por fundirse en su furiosa y acelerada necesidad de cambiar. La revolución cubana no fue la excepción, y su experiencia marcó el ser, la sensibilidad, los afectos y el mundo de vida de esa generación (y de otras más). “Memoria de eso”, abre un escenario para pensar esa experiencia, rescatando la esencia humana de esa vida, de ese mundo vivido que, por motivos de índoles diversas parecen relegados a una especie de ostracismo dentro nuestra memoria afectiva.
“Memoria de eso” (Ed, Almenara Press, Bokeh, 2025) de Jorge Salcedo. https://www.amazon.com/Memoria-eso-Jorge-Salcedo-Maspons/dp/1966932049
Dennys Matos es crítico de arte y curador especializado en Arte Latinoamericano Contemporáneo. dmatos66@gmail.com
Esta historia fue publicada originalmente el 9 de agosto de 2025, 0:01 a. m..