Narrativas circulares: Cartografías del rito y la memoria en Espacio 23
Hay un mundo más allá del nuestro, un mundo que está lejos, también cercano e invisible. Ahí es donde vive Dios, donde vive el muerto y los santos. Un mundo donde todo ha pasado ya, y se sabe todo. Ese mundo habla. Tiene un idioma propio. Yo informo lo que dice. María Sabina Magdalena García, chamana y poeta mazateca.
A lo largo de la historia y en medio de parajes siempre cambiantes, el individuo se ha visto abocado a la búsqueda de su propia cartografía personal como único asidero certero. Esta pesquisa perenne del yo deviene, si cabe, aún más ardua en los territorios movedizos y cada vez más fragmentados de nuestra convulsa contemporaneidad. Es aquí donde A World Far Away, Nearby and Invisible: Territory Narratives, abierta al público en El Espacio 23, emerge como brújula conceptual o lámpara que nos guía en este arduo e imprescindible recorrido por la geopolítica del dolor y la reconfiguración constante del espacio vital.
Lejos de asumir el rígido parámetro geopolítico impuesto desde el poder como referencia, la propuesta curatorial se articula a partir de zonas neurálgicas e interconectadas: El Pulso, Paisajes en construcción, Susurros de la tierra y Refugio entre las cicatrices. En conjunto, estas secciones invitan a trascender la mirada contemplativa para asumir el territorio como un tejido dinámico de memoria, resistencia y sanación.
Recibiendo al visitante, como una deidad suspendida entre lo cósmico y lo mitológico, la obra de Zilia Sánchez es el enigma de la esfinge. Su Lunar blanco (2000-2019) interpela al viajero, erigiéndose en un umbral ontológico que exige una respuesta íntima para permitir el tránsito hacia lo profundo del yo. En su fisionomía se adivina el eco de las Cícladas; una genealogía formal que conecta la fuerza de Sánchez con la fascinación que figuras como Brancusi o Giacometti sintieron por ese lenguaje ancestral. Así, el círculo de Sánchez no solo delimita la forma, sino que invoca una persistencia temporal cíclica, transformando el espacio en un archipiélago de significados compartidos.
En un espacio cerrado, la instalación inmersiva Substrata (2025), de Tania Candiani, encarna una ontología de lo posible. Dieciséis esculturas iluminadas de vidrio soplado laten avivando un entorno que evoca el rito iniciático y el mito de la caverna. Estas formas traslúcidas, operando como lámparas vivientes, constituyen una síncopa visual de corales pulsantes que celebra la regeneración constante como un acto de reinvención natural.
Resonando con la noción de ciclo, destacan las obras de Chioma Ebinama, Denilson Baniwa y Roberto Huarcaya. Ebinama, en su Anwulili Made Us in Her Likeness (2016), articula un mito en torno al índigo como fuerza divina donde la deidad entierra gotas de sangre como semillas, resignificando el nacimiento como un advenimiento cíclico de mundos. Por su parte, Denilson Baniwa, en Pai nosso (2025), asume la apropiación como restitución. Al transcribir el Padrenuestro al nheengatu, subvierte la herramienta de catequización para devolverle el poder a la lengua ancestral, cerrando un círculo de resistencia cultural donde la espiritualidad indígena reclama su territorio.
En un desplazamiento de la autoría, Roberto Huarcaya, en colaboración con Santiago Yahuarcani, emplea el fotograma para que la selva registre su propia memoria. Este proceso descolonial transforma el paisaje en un ecosistema vivo donde la exposición prolongada deviene tiempo y la intervención mítica deviene sanación.
Esta entidad protectora e invisible también anima la obra de Walter Caldas. En Universal Tournament of Birds in Honor of the Anniversary of the Great Forest (1970), Caldas articula una paradoja visual al revestir la fragilidad del colibrí con la armadura del cruzado. El “Hermes americano” y “flecha de jade” de los mayas se convierte en un guardián acorazado que lidera un círculo de protección sagrada sobre la foresta. Del mismo modo, Nicolás García Uriburu, pionero del Land Art, presenta en Untitled (1990) las espinas del palo borracho como una coraza protectora. La existencia de este árbol culmina en una ofrenda orgánica de fibras algodonosas, cerrando un ciclo de generosidad natural.
Como en un rito de purificación, Any Exit Can Be a Closure (2013), de Gabriela Saco, funciona como un pasaje de renacimiento que promete nuevos ciclos de conciliación entre el humano y el cosmos. Compuesta por más de un centenar de artistas, A World Far Away, Nearby and Invisible es un acto de religare que procura reactivar ese micelio invisible que nos hace a todos partícipes de una única y mágica entidad.
Janet Batet es escritora, curadora y crítica de arte. Escribe para diferentes publicaciones, galerías y museos. janetbatet@gmail.com
A World Far Away, Nearby and Invisible: Territory Narratives, El Espacio 23, 2270 NW 23rd St., Miami, Florida, 33142. Hasta al 15 de agosto de jueves a sábado, de 10 a.m. a 5 p.m. Entreda gratis.