‘Los que matan por ganar’, un verdadero thriller
Las primeras novelas del escritor cubanoamericano Oscar F. Ortiz fueron policiacas. No como las de Arthur Conan Doyle y Agatha Christie, detectivescas en esencia y enfocadas en reunir pistas para descubrir al criminal, sino como las de Raymond Chandler y Dashiell Hammett, cuyas tramas, más crudas, directas y enfocadas en la corrupción política, se desarrollaban en escenarios tremendamente sórdidos y peligrosos.
En realidad, la única diferencia entre ellas eran sus personajes. Mientras que Phillip Marlowe y Sam Spade (los de Chandler y Hammett) eran americanos nacidos ambos en California, el de Ortiz, llamado Pablo Sanpedro, era un detective privado que había nacido en Hialeah de padres cubanos y se dedicaba a perseguir criminales desde La Pequeña Habana hasta Kendall.
Sin embargo, en algún momento de su carrera, Ortiz comenzó también a escribir novelas de espionaje. Y para ello, creó una serie titulada Archivo: Delta, en la cual Patrick Coonan, “un joven sargento del Cuerpo de Rangers de Estados Unidos” era reclutado para formar parte de un proyecto especial del Departamento de Defensa en la que realizaría misiones de alto riesgo.
La primera de la serie, titulada La cuadrilla y publicada en 2015, comenzaba con la llegada del coronel Marlon Berkovitz, a la base militar Fort Benning, en Georgia, con la intención de reclutar soldados dispuestos a formar parte de una “cuadrilla fantasma” cuyos integrantes eran llamados, eufemísticamente, “eliminadores profesionales”.
Y ahora, cinco novelas y diez años después, Patrick Coonan, el agente Delta, regresa en Los que matan por ganar -la sexta entrega de la serie- cuya trama comienza en el estado mexicano de Baja California, donde el poderoso Grupo APA, un conglomerado empresarial con cientos de hoteles en todo el mundo, celebraba una reunión secreta con la intención de desestabilizar el Tratado de Libre Comercio existente entre Canadá, México y Estados Unidos.
Es a partir de esa reunión que la novela realmente despega. Así, Patrick Cooning, el agente Delta, debe interrumpir sus vacaciones y dirigirse a Washington para recibir instrucciones sobre su próxima misión, mientras que, por su parte, Alfonso Mangahas, uno de los miembros de APA, debe viajar, por órdenes de Ito Sekura, Chief Executive Officer del grupo, a la ciudad de Cincinnati y haciéndose pasar por un estudioso de los fenómenos OVNI, visitar las instalaciones de MUFON (la organización civil más grande y antigua dedicada a la investigación de OVNIS) y apoderarse de la información contenida en el expediente del Caso # 9098 sobre el choque de una nave no identificada y una avioneta civil ocurrida en 1974 en el desierto de Coyame, Estado de Chihuahua, México.
No es la primera vez que Ortiz encuentra en la historia ideas para sus novelas. Y, Los que matan por ganar, no es la excepción. Solo que, en esta ocasión, lo que ha hecho es estructurarla en tres planos de narración y hacerla avanzar alternando los capítulos como si fueran independientes. Y uno no puede dejar de preguntarse: ¿Qué relación puede existir entre un grupo empresarial dedicado a la construcción de hoteles de lujo y el derribo de un platillo volador por un caza de la Fuerza Aérea de México? ¿Entre un grupo de agentes rusos, peritos todos en cohetería y aeronáutica avanzada y los planos de un futurista helicóptero de invención china similares a los platillos encontrados en Baja California?
Sin embargo, esas y otras muchas preguntas tienen sus respuestas en un sorprendente final en el que todas las piezas -aquí no hay cabos sueltos- caen en su sitio.
Los que matan por ganar es una novela escrita con una gran dosis de ficción, una considerable cantidad de datos reales y una impresionante minuciosidad narrativa que la convierte en un híbrido literario a medio camino entre Dan Brown y John Le Carré. Es decir: un verdadero thriller.