Liliana Blum explora un mito de la Segunda Guerra Mundial
La escritora Liliana Blum (Durango, México, 1974) ha construido una de las obras más incómodas y consistentes de la narrativa mexicana contemporánea. En novelas como Pandora y El monstruo pentápodo explora la violencia, el deseo y las zonas oscuras de la intimidad donde el cuerpo y la ética entran en conflicto.
En Ráfaga roja (Seix Barral) ese gesto se desplaza hacia un escenario histórico cargado de resonancias: la Europa ocupada por el nazismo. La protagonista es Hannie Schaft, integrante de la resistencia holandesa, figura real convertida en mito: eligió enfrentarse al régimen nazi aun sabiendo que el precio sería la vida. Blum la arranca de la vitrina de la historia y la aborda sin solemnidad ni épica. Con precisión quirúrgica le devuelve una complejidad que se anuda al miedo y a las contradicciones humanas.
Liliana Blum estudió Literatura Comparada en la Universidad de Kansas y tiene una maestría en Educación, con especialidad en Humanidades, por el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey. Es autora de novelas y cuentos, entre ellos, Pandora (2015), La maldición de Eva (2002) y Tristeza de los cítricos (2019). Sus escritos forman parte de diversas antologías como Atrapadas en la madre (2006), Óyeme con los ojos: de Sor Juana al siglo XXI (2010) y Three Messages and a Warning: Contemporary Mexican Short Stories of the Fantastic (2012).
¿Cuál fue tu primer encuentro con la historia de Hannie Schaft y qué detonó la necesidad de convertirla en protagonista de una novela?
Me encantaría poder contar que fue algo más emocionante que una propuesta de mi editor, echarle más crema a mis tacos, como decimos en México, pero la verdad es que un día de hace casi cuatro años, cuando nos vimos en persona en Ciudad de México (CDMX), mi editor me dio el nombre de Hannie Schaft y me dijo: échale un ojo a este personaje. Me puse a investigar así por encimita, y cuando vi unas cuantas cosas sobre Hannie, me interesé de inmediato. Entonces Eduardo, que así se llama mi editor, me preguntó si no me gustaría escribir una novela sobre ella. No fue un encargo, sino una pregunta a la que pude haber respondido con un “no, gracias, yo paso”, pero la vida de Hannie me pareció en extremo interesante, increíble. No sólo eso, sino que me gustan los retos y salir, de vez en cuando, de mi zona de confort. Y como llevaba ya un rato haciendo novelas un poco perturbadoras y totalmente de ficción, decidí aventurarme al terreno de la ficción histórica.
¿Qué partes de su vida te permitiste reinterpretar literariamente y cuáles consideraste intocables?
Como sé que muchos lectores leen novela histórica y dan por hecho que lo que leerán está basado en evidencia histórica, no quise tomarme demasiadas licencias o darle rienda suelta a mi imaginación para reinterpretar. Todas las acciones, hechos, eventos que se ven en la novela, los tomé del material que investigué. La única licencia que me di fue al principio, cuando Hannie va a que Julius Spier le lea la mano. Julius Spier existió y efectivamente huyó a Amsterdam cuando las cosas se volvieron imposibles en Alemania, así que coexistió en el mismo tiempo y lugar que Hannie, pero no hay registro de que se hayan conocido alguna vez. Fuera de esa escena, intenté no salirme de lo investigado, en honor a Hannie (que no hace falta agregar nada a su heroica e increíble vida) y también a mis lectores.
¿En qué momento sentiste que habías encontrado “la voz” de Hannie?
Escribí una primera versión de la novela, mucho más extensa, en orden cronológico y narrada desde la tercera persona. No estuve nunca satisfecha y encontraba la narrativa muy aburrida, muy como libro de historia. Así que tiré esa versión al cesto de la basura de la computadora, vacié la papelera, y reescribí todo desde cero en la primera persona y en retrospectiva, pues cuando empieza la historia, Hannie está a unos días de morir. Creo que fue allí, en ese mirar hacia el pasado y reflexionar cómo es que termina en dónde está, que finalmente pude encontrar la voz de Hannie.
Escribir sobre figuras históricas es a veces como conversar con fantasmas. ¿Hubo momentos en que Hannie te llevó la narración hacia caminos inesperados?
Como dije antes, intenté ceñirme a los hechos históricos, pero intentar recrear en papel la historia de alguien que vivió hace tantos años sí me volcó en la reflexión. Pensé que si ni siquiera podemos conocer la verdadera historia de nuestros padres, pues no sabemos nada de lo que vivieron antes de que naciéramos (por más que nos cuenten algunas anécdotas, en realidad no sabemos nada), y para fines prácticos, tampoco conocemos sus angustias, sus esfuerzos, todo lo que sucedía cuando nosotros éramos chicos, pero no veíamos ni alcanzábamos a entender. Si eso sucede con personas con las que coexistimos, pienso que es imposible conocer la “verdadera” historia de alguien que murió hace décadas. Lo único que queda son testimonios de gente que conoció a esa persona, y todos sabemos que lo que conocen nuestros amigos, parientes, colegas, enemigos, etc. es sólo un fragmento de quien realmente somos. En resumen, escribir sobre Hannie me hizo considerar muchas cosas de mi entorno actual.
¿Hubo episodios históricos que te exigieron frenar para no mostrar más de lo necesario en la novela?
Es raro que yo me frene con algo, pero sí puedo decir que el primer epílogo en la novela, es decir, esa parte que Hannie ya no puede narrar por obvias razones y para la cual tuve que cambiar la voz narrativa a la tercera persona, fue una de las cosas más difíciles que he escrito. Cada renglón me costó muchísimo y lloré durante el proceso. Tan me trastocó la muerte de Hannie, que entregué la versión final a finales de diciembre de 2024, y durante todo el 2025 no pude escribir nada. Literalmente nada de nada. Jamás me había sucedido algo parecido con ninguno de mis otros libros.
Por otra parte, hace poco estuviste en la ciudad para participar en Noir Week Miami. ¿Cómo fue esa experiencia?
Lindísima en todos los sentidos. Con la edad uno termina más apreciando otras cosas, al menos en mi caso es así. Tenía diez años exactos sin haber regresado a Miami, por cierto. En torno a la “semana negra” en sí, fue muy interesante conocer a los distintos escritores que venían de España o de Latinoamérica, escucharlos en sus ponencias, convivir con ellos. Siempre es una experiencia muy rica, y uno termina llevándose a casa nuevos libros y amigos. Sin embargo, reencontrarme con la gente que ya conocía, con los que ahora puedo llamar mis viejos amigos, fue lo mejor.
¿Qué proyectos tienes para el 2026?
Yo por proyectos no paro. Creo que lo que me hace falta es tiempo y vida para lograrlos. Para empezar, en febrero del 2026 sale una nueva edición de mi primera novela, Pandora, que cumplió diez años de publicada en 2025. No solo saldrá en el sello de Seix Barral, sino que contiene un prólogo donde cuento sobre la génesis de mi primera novela, y además incluye un capítulo que la editora de aquel entonces tuvo (a mal, me parece) quitarle. No sólo eso, sino que agregué un bonus track y contiene también un par de ilustraciones hechas por una lectora muy talentosa. Eso me tiene emocionada. También me di a la tarea de rescatar mis primeros cuatro libros de cuentos, para que vuelvan a circular. En cuanto a nuevas cosas, estoy trabajando ya en una nueva colección de cuentos, que serán un poco autobiográficos, pero no tanto, y una vez que termine ese libro, empezaré una novela para la cual llevo más de cinco años investigando.
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