Artes y Letras

“Des(bordes)”, Susana Della Latta y el desafío de vivir

Un libro que se va ensanchando desde el ámbito más personal, confesional e íntimo hasta desbordarse en los caminos de otros, los contextos colectivos, los rastros de los desconocidos que se conectan a nuestras vidas como vasos comunicantes.
Un libro que se va ensanchando desde el ámbito más personal, confesional e íntimo hasta desbordarse en los caminos de otros, los contextos colectivos, los rastros de los desconocidos que se conectan a nuestras vidas como vasos comunicantes.

El ser humano, dicen algunas teogonías, es un ser incompleto. Los poemas de Des(bordes), último libro de la escritora Susana Della Latta, publicado en 2025 por la editorial Casa Vacía, nos hablan de esa defectividad, pero no tanto en su origen sino como resultado de un devenir en el que algo constitutivo se resintió. Si tomamos los tres primeros versos y los últimos del libro nos queda esta singular declaración: “Perdí la identidad / No encuentro persona / semejante. / No hay nada que declares / para revertirlo”. Una afirmación rotunda. Dos negaciones igualmente rotundas. No hay lugar a tibiezas, a medias verdades. Con Susana Della Latta los enunciados son definitivos.

Al leer este libro de Della Latta me vienen varias asociaciones: la primera es del orden filosófico-existencial y me acerca al borde del pensamiento del alemán Karl Jaspers y su énfasis en las situaciones límite, “el borde” como parte de las experiencias definitorias de la existencia, en las que el ser humano se enfrenta a las grandes preguntas, a los grandes abismos. ¿A los desbordes?

La situación histórica y vital en la que Jaspers desarrolló su pensamiento filosófico en la Alemania nazi no es muy lejana de la de los tiempos en que vivimos. Lo que abunda y se desparrama en nuestros días no es precisamente una noción esperanzadora de la vida, o de la felicidad como conquista, o de las aupadoras utopías. “El hipismo ha muerto. / Resiste.” Pero aún fuera de los marcos de referencia históricos contextuales, todo ser humano, más tarde o más temprano, debe enfrentarse a los momentos de definición del ser frente a los imperativos de la enfermedad, de la muerte, de momentos clave de resistencia, como puede ser la pérdida de la libertad. En esos dos grandes espejos de reflexión vital se desplaza este libro: el primero, el que refleja las batallas del cuerpo en el proceso desafiante de vivir, y el que resulta del encuentro de la conciencia de ese cuerpo con la Historia.

Della Latta escogió muy temprano el camino de la belleza al estudiar en su Argentina natal pintura e historia del arte. Ya en Miami –adonde llegó en 1986– se adentró en el diseño de textiles y la escenografía. Este detalle de su biografía me recuerda la de Alejandra Pizarnik, con la que conversa en segunda persona en un poema donde se lee: “Destruye el miedo / de ser dos”. Otro poema dialoga también con una poeta igualmente intensa y suicida: Sylvia Plath. “Lady Lazarus / yo me levantaré del barro / para comer varones.” Releo el poema de la Plath y puedo intuir desde qué sustrato del ser Della Latta apunta: “Te repites en mí’. Un paseo arriesgado por sus versos nos dejará huellas cortantes en los dedos al tocar palabras como mutación, mutilaciones, suero, autopsia, hospital. “lo que cortaron de mi cuerpo/ ya no pesa…”

La gravedad de la vida es recogida en estos textos, pero también la contemplación de las simples cosas, los actos domésticos o domesticados (“sacar pesticidas de las frutas”), los pequeños rituales del placer. En “Drupa” puede ser el mango que saborea luego de una disquisición y la confesión de romper una abstinencia. El compartir un cigarro y una conversación, el barrido de unas hojas, la búsqueda obsesiva por llenar las ausencias de los que ya no están. Y voy a regresar a Alejandra Pizarnik cuando en una entrevista respondiera que “Escribir un poema es reparar la herida fundamental, la desgarradura. Porque todos estamos heridos”. ¿Y qué ocurre cuando muchos desgarrados no pueden escribir, o pintar, ni siquiera expresar muchas veces con las palabras más simples y no las hermosas metáforas, lo que les sucede? ¿Será entonces que un verdadero poeta sabe y puede hablar en nombre de otros compañeros de desgarre? “¿En qué extremo del campo / moverás las piezas / sin que la autoridad / desplace tus riñones?”

Un libro que se va ensanchando desde el ámbito más personal, confesional e íntimo hasta desbordarse en los caminos de otros, los contextos colectivos, los rastros de los desconocidos que se conectan a nuestras vidas como vasos comunicantes. ¿Quién hace las radiografías, la rubia que la conoce de otras mutilaciones, o la poeta que dice leer a Bukowski pero realmente lee todo el entorno, lo predecible de los lugares comunes expresados en palabras y gestos? Des(bordes) es un poemario que nos acerca a la sensibilidad de una escritora que no ha reparado en exponer tanto de sí sin riesgos de narcisismo, porque de lo que habla es de los miedos y certezas que como especie nos conciernen a todos por igual.

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