El arte de Iberoamérica inunda ArcoMadrid ‘2026
Uno de los rasgos que distinguen a ARCO en el panorama del arte europeo es su vínculo y compromiso sostenido a lo largo de todas sus ediciones -y ya van 45- con el arte procedente de América Latina. Del 66% que supone la participación de las galerías internacionales, casi la mitad corresponden a galerías de países hispanoamericanos, 11 en total, con especial protagonismo este año de Argentina, Chile, México y Brasil.
Concebida como un espacio de presentaciones individuales, ‘Perfiles’ / Arte Latinoamericano, que tuvo lugar a principios de marzo, invita a detenerse y profundizar este año en la obra de un solo creador por galería, ya sea emergente o consagrado, individual o colectivo.
Los artistas que aquí se presentan no se agrupan por estilo ni por discursos afines, sino por lo que su comisario, José Esparza Chong Cuy, define como “una sensibilidad común hacia los contextos desde los cuales producen. Sus obras dialogan con historias locales, memorias compartidas y tensiones políticas concretas que traspasan fronteras, activando resonancias que permiten pensar el arte latinoamericano como un campo múltiple, consolidado y en constante transformación”, explica Esparza.
Pintura, escultura, instalación, fotografía, vídeo, performance, dibujo y grabado conviven en un aparente totum revolutum artístico tan vibrante como envolvente. La diversidad del continente se refleja en esta multiplicidad de lenguajes, al tiempo que se evidencian las conexiones entre sus creadores, donde ya nada nos resulta extraño.
Como cada año, ‘Perfiles’ / Latinoamérica refuerza la presencia del arte latino en ARCOmadrid y propone obras concretas que muestran cómo el arte iberoamericano se construye a partir de relaciones y tensiones compartidas, y de formas de hacer que buscan sobre todo implicarse profundamente en su contexto y abrirse a todas las miradas.
Entre las apuestas de las nuevas generaciones destacaron Patricia Rengifo (Perú, 2000) y Paloma Contreras Lomas (México, 1991), que compartió espacio con artistas más consagrados como Roberto Jacoby (Argentina, 1944) o Agustina Woodgate (Argentina, 1981).
La mexicana Paloma Contreras irrumpió con pinturas de gran formato, casi murales, llenas de líneas oscuras y toques mínimos de color. Sus personajes deformados, ambiguos y grotescos dialogan con la cultura pop y el cómic, mezclando humor negro, política y referencias icónicas como Disney para contar historias invisibilizadas: violencia, desaparecidos, lo que queda fuera de la historia oficial. Sus títulos, irónicos y mordaces, funcionan como guiños que atraviesan la obra y acercan al espectador a su universo crítico.
Como explica la galerista María García Sainz, “toda su obra parte del dibujo y se centra en el paisaje denso y oscuro; a través de la fantasía nos hace reflexionar sobre esos cuerpos que no entran en la historia oficial”. La artista combina sátira política, ciencia ficción y terror, construyendo lo que algunos críticos llaman un teatro grotesco del poder, donde figuras infantiles, animales o caricaturescas aluden a la desigualdad, la violencia y las élites económicas, como sugiere su serie Plutocracia bebé.
MÉXICO también estuvo representado por Miguel Cinta Robles (Oaxaca, 1997) artista que se inscribe dentro de la generación joven de creadores que trabajan con prácticas experimentales vinculadas al territorio y a la materialidad del paisaje, una línea muy visible en la feria de este año, donde muchas obras reflexionan sobre la naturaleza, la ecología o las relaciones entre arte y entorno.
Para la peruana, Patricia Rengifo (Yarinacocha, 2000) de origen shipibo-konibo, la obra está ligada a la memoria, la cosmovisión y los saberes de su comunidad, algo que incorporó desde niña al aprender a pintar ayudando a su padre, que fue pionero de la pintura indígena contemporánea peruana.
Su obra, “articula dimensiones estéticas y espirituales para recuperar y proyectar un legado cultural en continuidad, evocando historias, mitos y conexiones con el entorno amazónico y su herencia ancestral” nos dice esta creadora que entrelaza la tradición indígena con el arte actual donde todo se inscribe en una herencia profundamente ligada a la memoria y al conocimiento de su comunidad.
ARGENTINA estuvo presente con el veterano Roberto Jacoby y la joven artista, Agustina Woodgate. El primero, Roberto Jacoby, pionero de la vanguardia conceptual desde los años sesenta, privilegia la idea, la acción y la dimensión social del arte, usando textos, performances, medios de comunicación y proyectos colectivos. Este año, en Perfiles, exhibe piezas históricas como las camisetas “Yo tengo SIDA”, símbolo de su compromiso con la visibilización social.
Mientras Agustina Woodgate transforma objetos cotidianos —globos lijados, mapas intervenidos, pelo humano....— en potentes comentarios cuestionando sistemas sociales, geografías públicas o estructuras de poder.
BRASIL es el país que estuvo más presente en esta sección con artistas como Ana Cláudia Almeida (Río de Janeiro, 1993), Julia Gallo (1997), Kelton Campos Fausto (1996) y Gabriel Branco (1997).
Si Ana Almeida explora la materialidad y el gesto, combinando pintura, plásticos y telas para crear superficies que parecen vivas, donde las huellas del proceso se mantienen visibles y transforman la abstracción en memoria, cuerpo y relaciones entre interior y exterior, su compatriota, Julia Gallo trabaja dibujo, pintura y animación para explorar cuerpo y movimiento, generando imágenes que equilibran fragilidad y fuerza, densidad y ligereza.
Para el artista multidisciplinar brasileño, Kelton Campos Fausto todo pasa por cruzar pintura, video, cerámica y performance, incorporando referencias a espiritualidades afrobrasileñas y formas no racionales de conocimiento, proponiendo otras maneras de entender el cuerpo, la energía y hasta el tránsito entre la vida y la muerte. Su obra se presenta como una reflexión profunda sobre la relación entre lo material y lo espiritual, “explorando espacios imaginados de la diáspora brasileña y propuestas sensoriales que desorienten a la razón”.
Mientras Gabriel Branco articula fotografía autobiográfica y pintura abstracta en un diálogo entre interioridad y ciudad, sus imágenes alternan entre lo íntimo y lo urbano, capturando momentos de la vida cotidiana de São Paulo para transformándolas “en composiciones donde la luz, la forma y el color suspenden el tiempo, creando atmósferas que invitan a reflexionar sobre memoria, identidad y percepción del espacio urbano”.
PUERTO RICO estuvo representado por Las Nietas de Nonó, dúo formado por Mulowayi y Mapenzi, que mezclan performance, archivo, materiales orgánicos e instalación para activar memorias ancestrales y abordar violencia, expropiación y justicia ambiental.
Más allá de la sección latina...
Más allá de la sección específicamente dedicada al arte latinoamericano, el peso de los creadores del continente se expandió también al programa general. Entre las 175 galerías internacionales presentes, muchos fueron los stands de galeristas todas nacionalidades que tuvieron como protagonistas a artistas hispanoamericanos, confirmando la fuerte presencia y proyección de lo hispano en el circuito contemporáneo internacional.
Entre ellos destacó Seba Calfuqueo (Chile, 1991) artista visual trans de origen mapuche cuya obra examina las tensiones entre identidad, territorio y colonialismo y que presenta Serpiente yacente, una pieza que continúa su investigación sobre la relación entre cuerpo, naturaleza y cosmovisión indígena. Su trabajo —que abarca vídeo, performance, cerámica e instalación— se ha consolidado como una de las propuestas más singulares del arte chileno contemporáneo, en la que la experiencia personal y la memoria cultural dialogan con otros debates actuales.
Valeria Maculan (Argentina, 1968) volvió a ARCO con una obra situada en el límite entre pintura y escultura. Representada por Galería Jorge López, sus piezas construidas con telas o estructuras de madera se despliegan como composiciones tridimensionales que recuerdan los juegos geométricos del cubismo. En ellas conviven formas orgánicas, sus ‘lenguas de fuego’ con entramados textiles elaborados artesanalmente —realizados en Mallorca, territorio de larga tradición textil— que convierte en superficies pictóricas, en un trabajo que cuestiona precisamente los límites del plano pictórico y lo tangible.
En una línea más silenciosa e introspectiva apareció Miguel Roth (Argentina, 1978) con obras realizadas con el delicado papel japonés, composiciones de atmósfera íntima que evocan una especie de diario visual: imágenes que miran siempre “de dentro hacia afuera”, como si el espectador asistiera a una escena privada capturada en un instante de contemplación.
Y finalmente -aunque la lista de artistas hispanos continúa- mencionar a Mauro Giaconi (Argentina,1977) y Esteban Peña (Colombia,1979) ambos representados por la Galería Arróniz. Si Giaconi convierte hierro y fragmentos arquitectónicos en esculturas e instalaciones que parecen desafiar la gravedad y el tiempo, explorando la tensión entre construcción y deconstrucción...., Peña se dedica a multiplicar miles de lápices hasta transformarlos en geometrías de volumen que hipnotizan: el instrumento del dibujo convertido en materia escultórica donde prima lo minucioso de la línea y la exactitud visual.
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