Javier Lentino: las historias que emocionan
“El pasado es un país extranjero; allí la gente hace las cosas de manera distinta”, reflexiona el narrador de The Go-Between, clásico de la literatura inglesa. Al leer la segunda novela del escritor Javier Lentino, Hijas de Floresta (Milena Caserola, 2025), la sentencia resuena en el lector perspicaz.
La historia sigue a Martín Molina, un hombre recién separado que intenta, como puede, rearmar su vida. En ese proceso se vincula nuevamente con otras mujeres en el contexto de una Buenos Aires de los años 80. La prosa de Lentino se escucha: tiene un oído fino para captar palabras y giros idiomáticos del pasado. Son reliquias sonoras que el autor recolecta de una cotidianidad urbana donde la bondad siempre prevalecía por sobre todos los males. Un tiempo pretérito más ingenuo, y por eso abierto a gratas sorpresas.
Hijas de Floresta expone un argumento de amores difíciles que con mucha naturalidad deriva en estado de thriller. Como sucede en las buenas historias, cada decir y actuar de los personajes impulsa un entramado de intrigas y nuevas revelaciones.
Javier Lentino (Buenos Aires, 1969) es escritor. En 2021 publicó su primera novela, Los Onetti (Galerna, SED ediciones). Sus cuentos han sido publicados en las antologías Don’t Cry for me America (Ars Communis), Vacaciones sin hotel: antología de autores del sur de la Florida (Ediciones Aguamiel) y Home in Florida: Latinx Writers and the Literature of Uprootedness (University of Florida Press). Desde el año 2002 vive en Miami.
La novela se sitúa en la Buenos Aires barrial de los años 80, un escenario de casas bajas, negocios familiares y adolescentes en las esquinas. ¿Cómo fue el proceso de reconstruir esa ciudad desde la distancia de Miami?
Soy un amante empedernido de la ciudad de Buenos Aires, con lo bueno y lo malo. Muchos podrán no estar de acuerdo con esta afirmación categórica, pero para mí hay muy pocas ciudades en el mundo que tengan su mística. Quizás sea por eso que atesore tanto de sus calles, de sus carteles. Guardo la locura del centro, la vereda rota, la cancha, la parrilla, el bodegón ese que no conoce nadie y hasta la llovizna fea de agosto. Comulgo desde chico con ese cóctel narcótico, mezcla de seducción, caos, taxi, tango y rock and roll y, seguro, idealizo todo. A diferencia de otros autores, yo escribo en imágenes, te cuento lo que me acuerdo y transcribo las instantáneas, foto por foto. Después las ordeno y las pongo en fila.
¿De qué manera la oralidad ayuda a los personajes a revelar su complejidad a través de lo que dicen?
Yo aspiro a que mis personajes se muestren a partir de lo que cuentan, de lo que hablan. Me encanta este Martín Molina de esta novela, porque habla mucho y cuando no debe. Porque dice y se desdice, porque se pisa sin querer. Puede que por eso me guste tanto escribir diálogos. Los diálogos, como la primera persona que comanda Hijas de Floresta, aspiran a lograr velocidad en la lectura e interacción directa, sin intermediarios, entre los personajes. Pero, por sobre todas las cosas, a mostrar el sentir de cada uno de los protagonistas. Seguro es una limitación personal, pero me resulta muy difícil imaginar una historia cuyo protagonista sea un tipo callado o tímido.
Molina es descrito como un idealista “sin calle” cuyos fantasmas más importantes habitan en su propia cabeza. En una época donde la masculinidad está bajo constante revisión, ¿cómo dialoga la vulnerabilidad de Molina con el entorno de una bicicletería, ese “centro de operaciones” tan tradicionalmente masculino?
Por suerte hoy vivimos en un tiempo donde la masculinidad barata resulta anticuada. La sensibilidad, la vulnerabilidad, incluso la debilidad son atributos universales. Y cuidado que hablo de atributos y no de debilidades. Sin duda, la literatura de ficción necesita miradas poderosas y fuertes. El problema es que la ficción de antes, con el solo objetivo de lograrlas, se olvidaba de que los varones también sienten, sufren, abrazan, se emocionan y lloran. Y esa vulnerabilidad, si se quiere, nunca tuvo nada que ver con la masculinidad. Molina no es un héroe de antes. Por eso no es tan canchero; por eso no tiene calle. Sus dudas, sus miedos, en definitiva, su sensibilidad son una virtud. Sus grandes herramientas.
Las mujeres que rodean a Molina parecen ser quienes realmente lo salvan del colapso. ¿Buscó que estas mujeres funcionaran como un motor narrativo que obliga al protagonista a mirarse en el espejo del fracaso?
Seguro. Las mujeres de Molina son el espejo de lo que pasa, de lo que pasó, de lo que pudiera haber pasado. Y es con esos espejos que el tipo aprende a tomar decisiones. Estas tres mujeres lo animan, lo acorralan, lo cuestionan. Es por esas mismas mujeres que Molina pone en duda su pasado, su presente, su futuro. Cuando la historia se pone en marcha, Martín Molina se pone en manos de sus amigos, pero necesita confiar en sus mujeres. Necesita sus tres perspectivas para enfrentar el espejo y lograr lo que se propone.
¿Cómo logra mantener la velocidad narrativa sin perder la profundidad emocional de los personajes?
No sé qué les pasará a otros escritores, pero yo conozco a mis personajes a medida que los escribo, los corrijo y los vuelvo a escribir. No creo mucho en personajes con características físicas, aunque obviamente las tengan y seguro aparecen escritas por ahí. Primero, creo en personajes con nombre, apellido, colegio y barrio. Quiero saber si duermen mucho o se desvelan, si les gusta manejar de noche. Quiero que solos me cuenten si le agregan sal a la comida sin probarla, si duermen con muchas almohadas, o tanto les da. Si usan pantalón para ir a bailar, o una minifalda, y de qué color es la ropa que se ponen si hace mucho calor en invierno. Aspiro a saber si toman aspirinas, si alguna vez se rompieron un brazo, si les da aprensión pisar la vereda descalzos. La historia tengo que poder contarla en tres oraciones, y si puedo, la trama corre entre todo eso que te dije antes como un rayo láser. Si vos no conocés a tus personajes, si no sabés qué piensan, que sienten cuando los dejan o se enamoran, poco importa si son altos o tienen rulos. Seguro les falta profundidad.
Hijas de Floresta tiene un ritmo casi cinematográfico. Si pudiera elegir una banda sonora de la época para acompañar la lectura ¿qué temas no podrían faltar para ambientar las calles de Floresta?
Yo veo que Molina no puede pensar en otro cantante que Julio iglesias. Vos te imaginaste esta novela con música. Me encanta esta pregunta. Aunque no lo creas, yo pensé esta historia pensando primero en la música. Estas son algunas de las canciones que le gustan a Molina: Por el amor de una mujer, Que nadie sepa mi sufrir (Julio Iglesias), Bailando en las veredas (Raúl Porchetto), Un montón de nada (Memphis la Blusera).
¿Fue un desafío técnico equilibrar la tensión del suspenso con la ligereza de la comedia de enredos?
El suspenso que decís, ese paso de thriller, es lo que convierte la comedia de enredos en una historia más allá del chiste, el estereotipo y el melodrama. Molina se enreda y, con él, la novela. El “pulso de thriller”, como dice el blurb, es el que los salva: a Molina y a la novela.
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