Más de 80 artistas cubanos contemporáneos muestran obras circulares
La más reciente exposición en la Biblioteca Regional de Westchester reúne a más de 80 artistas cubanos contemporáneos, cada uno trabajando dentro de una limitación común: un formato circular de 21 pulgadas que revela una amplia gama de enfoques, estilos y generaciones.
Organizada en colaboración con el Sistema de Bibliotecas Públicas de Miami-Dade, la exposición, que abrió sus puertas el 3 de abril y permanecerá abierta hasta el 25 de junio, se presenta como un proyecto itinerante y en constante evolución que se resiste a una narrativa única. En lugar de agrupar a los artistas en torno a un tema, el curador Miguel Rodez invitó a cada participante a trabajar dentro del formato circular, manteniendo su propio lenguaje visual.
El resultado es una presentación muy completa que refleja la diversidad de la producción artística cubana a través de generaciones y geografías.
Rodez, artista y curador independiente radicado en Miami, comenzó a desarrollar la exposición hace casi una década. Con el tiempo, la iniciativa se expandió más allá de su alcance inicial, convirtiéndose en lo que él describe como una muestra itinerante y un registro permanente de la cultura visual cubana.
“Reflexiones circulares es una exposición de arte contemporáneo itinerante y a gran escala, en constante crecimiento, que además documenta la creatividad visual cubana”, dijo Rodez.
El gesto que define la exposición, el círculo, funciona a la vez como una restricción formal y un recurso conceptual.
“El proyecto rechaza el formato rectangular tradicional, que encierra la narrativa, en favor de un portal circular que transporta al público allá donde la imaginación del artista lo lleve”, dijo.
Para los artistas acostumbrados a la composición rectangular, ese cambio requirió adaptación y abrió nuevas formas de organizar el espacio.
“Normalmente, todos trabajamos en un formato rectangular. Es la estructura tradicional”, dijo. “Aquí, el reto consistía en repensar ese espacio sin perder mi esencia”.
En lugar de adoptar una composición radial o similar a un mandala, Gómez Peralta mantuvo la lógica arquitectónica que define su obra, basada en la estructura, el peso y la tensión espacial.
“Conservé mi sentido de la gravedad, mis estructuras en el espacio”, dijo. “No quería perder eso”.
Su proceso comienza con una base abstracta.
“Empiezo aplicando pintura sobre toda la superficie, creando una especie de base”, explicó. “Me familiarizo con el espacio. Lo ‘reparo’, en cierto modo”.
A partir de ahí, la composición surge mediante un equilibrio entre intuición y memoria.
“No me baso en el razonamiento frío”, dijo. “Dejo que mi instinto me guíe, lo que siento en ese momento”.
Las imágenes de su obra se inspiran en dos conjuntos de trabajos de larga trayectoria: su serie sobre las ruinas de La Habana y otra centrada en estructuras similares a catedrales, desarrollada tras la muerte de su madre.
“Quería que esos dos elementos se unieran”, dijo. “La ruina y la catedral, la destrucción y algo más elevado”.
Esa dualidad refleja una meditación más amplia, moldeada por la distancia que lo separa de Cuba, donde vivió la crisis económica de la década de 1990 antes de trasladarse a Estados Unidos en 2002.
“Vivir fuera de Cuba te da perspectiva”, dijo. “Cuando estás dentro, estás demasiado cerca, casi como una víctima de la situación. Desde la distancia, puedes procesar los recuerdos de manera diferente”.
Su obra a menudo refleja esa tensión: decadencia y resistencia, pérdida y continuidad.
“Hay belleza en Cuba”, dijo. “Incluso en medio de la destrucción, hay esperanza”.
Mientras que Gómez Peralta abordó el formato como un problema estructural, la pintora Luisa Mesa, artista radicada en Miami conocida por sus composiciones abstractas intuitivas, lo encontró de manera diferente.
“He trabajado en círculos durante años. Me encantan”, dijo Mesa. “Así que, para mí, nada cambió realmente. Era un espacio natural para trabajar”.
Su proceso no comienza con una imagen, sino con el color.
“Empiezo por el fondo. Primero construyo la superficie”, dijo. “Luego dibujo sobre ella”.
A partir de ahí, el trabajo se desarrolla de forma orgánica.
“Trabajo de forma muy intuitiva”, dijo. “Siempre digo que la obra sabe lo que quiere. Si no interfiero demasiado, me guía”.
Las composiciones de Mesa a menudo evocan sistemas biológicos o cósmicos, formas que sugieren células, constelaciones o actividad microscópica, aunque ella se resiste a atribuirles un significado fijo.
“Nunca decido de antemano qué quiero comunicar”, dijo. “Cada persona aporta su propia interpretación”.
Con el tiempo, ha observado cómo los espectadores proyectan sus propias experiencias en la obra.
“Las personas con formación científica suelen ver las cosas bajo el microscopio”, dijo. “Otros ven algo cósmico o incluso lúdico”.
Esa franqueza es intencional.
“Una obra de arte es un espejo”, dijo. “Cada persona ve algo diferente en ella”.
La ausencia de un tema preestablecido en toda la exposición refuerza esa multiplicidad.
“Creo firmemente en la libertad de expresión”, dijo Rodez. “Este programa trata sobre lo que hay en el alma de los artistas”.
Al permitir que los participantes trabajaran sin restricciones conceptuales, pretendía poner de relieve la amplitud de la producción artística cubana, desde lo figurativo hasta lo abstracto, desde lo íntimo hasta lo monumental.
“El objetivo es desafiar las ideas preconcebidas sobre lo que es el arte cubano”, dijo. “No se puede categorizar fácilmente”.
Esa diversidad se hace especialmente visible dentro de la limitación compartida del círculo, donde cada artista negocia el mismo límite de maneras distintas.
La exhibición incluye obras de más de 80 artistas de distintas generaciones, entre ellos Ramón Alejandro, Alejandro Arrechea, Pablo Cano, Ana Albertina Delgado, Ivonne Ferrer, Baruj Salinas y Violeta Roque de Arana, entre muchos otros.
Instalada en la Biblioteca Regional de Westchester, una estructura brutalista definida por el hormigón visto y la solidez geométrica, la exposición también modifica el contexto en el que se contempla la obra.
“Quería llevar el arte a lugares donde la gente no necesariamente lo espera”, dijo Rodez.
En lugar de un entorno museístico tradicional, la biblioteca ofrece un ambiente más abierto, donde los visitantes pueden encontrarse con las obras fuera de las convenciones propias de una galería.
La exposición va acompañada de una serie de textos breves escritos por Rodez en respuesta a cada obra, reflexiones que van desde líneas cortas hasta pasajes más narrativos.
“La idea no es imponer un significado”, dijo. “Es hacer reflexionar al espectador, iniciar un diálogo”.
En definitiva, Reflexiones circulares no pretende definir el arte cubano desde una única perspectiva. En cambio, presenta un conjunto de prácticas individuales moldeadas por diferentes historias, geografías y sensibilidades.
Para Gómez Peralta, esa apertura refleja la forma en que funciona el arte en sí mismo.
“Si eres honesto en lo que haces”, dijo, “siempre habrá alguien que conecte con ello”.
“Circular Reflections”, del 3 de abril al 25 de junio de 2026, Westchester Regional Library, 9445 Coral Way, Miami, FL 33165.
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Esta historia fue publicada originalmente el 22 de mayo de 2026, 8:30 a. m. with the headline "Más de 80 artistas cubanos contemporáneos muestran obras circulares."