Artes y Letras

‘A Very Good Dinner Party’, cada obra ensaya una forma distinta de pensar el presente

‘Technē (In the Sky Mirror and Stars)’, 2025, de Aleza Zheng, 162leo sobre lienzo, 40 x 60 pulgadas.
‘Technē (In the Sky Mirror and Stars)’, 2025, de Aleza Zheng, 162leo sobre lienzo, 40 x 60 pulgadas.

En estos tiempos en que, desde ciertos estratos intelectuales, se le reclama al arte contemporáneo una intervención cada vez más directa en los debates sobre la ideología y la política, no está de más recordar que el arte es ya, de por sí, una expresión política. Lo es no porque deba pronunciarse explícitamente sobre los conflictos de su tiempo, sino porque toda obra entraña una voluntad de forma, una manera de mirar, organizar o desorganizar la experiencia del mundo.

‘Dip Flowers on Blue’, 2024, de Pauline d’Andigné,  acrílico, tinta de serigrafía, y cloro sobre lienzo, 75 x 55 x 1 pulgadas.
‘Dip Flowers on Blue’, 2024, de Pauline d’Andigné, acrílico, tinta de serigrafía, y cloro sobre lienzo, 75 x 55 x 1 pulgadas. Cortesía / Piero Atchugarry Gallery, Miami.

A Very Good Dinner Party es una exposición colectiva que reúne obras de diez artistas de distintos credos estéticos: Thomas Bils, Mirela Cabral, Luiza Crosman, Pauline d’Andigné, Thalita Hamaoui, Roy Mordechay, Jeehye Song, Anne-Cécile Surga, Sophie Ullrich y Aleza Zheng. Dentro de esa variedad de lenguajes conviven poéticas figurativas, abstractas y propuestas de estirpe más conceptual, articuladas alrededor de una expresión que no busca liberar ni resolver del todo las tensiones que acumulan sus respectivas constelaciones discursivas. Estas tensiones van, por ejemplo, desde el cuestionamiento de los mecanismos de representación en la cultura actual —como ocurre en las obras de Roy Mordechay, Aleza Zheng y Pauline d’Andigné—, pasando por la dicotomía entre percepción y realidad —en Luiza Crosman y Jeehye Song—, hasta la relación entre historia, memoria y mundo urbano, visible en las propuestas de Sophie Ullrich y Thomas Bils.

‘Nipples and Clouds’, 2022, de Roy Mordechay, acuarela y óleo sobre lienzo, 19.5 x 16 pulgadas.
‘Nipples and Clouds’, 2022, de Roy Mordechay, acuarela y óleo sobre lienzo, 19.5 x 16 pulgadas. Cortesía / Piero Atchugarry Gallery, Miami.

El texto curatorial de la muestra intenta reunir este conjunto bajo la idea de una valentía silenciosa frente al vacío: una disposición a seguir creando aun cuando la tensión entre el anhelo humano y la indiferencia del mundo no pueda resolverse del todo. Sin embargo, formulada en términos tan amplios, esa premisa corre el riesgo de diluir la singularidad de las obras en una ética demasiado general de la persistencia. Más que aceptar esa clave como un eje conceptual suficientemente preciso, la exposición parece ganar espesor cuando se lee a contrapelo de esa generalidad: no tanto como una alegoría del absurdo, sino como una mesa de fricciones donde cada obra negocia, desde su propio lenguaje, la relación entre representación, subjetividad, memoria, percepción e historia.

‘Wetterhahn’, 2019, de Sophie Ullrich, óleo sobre lienzo, 90 x 78 pulgadas.
‘Wetterhahn’, 2019, de Sophie Ullrich, óleo sobre lienzo, 90 x 78 pulgadas. Cortesía / Piero Atchugarry Gallery, Miami.

Las obras de Mordechay, Ullrich y Song están atravesadas por una poética neofigurativa que acude, en cierto sentido, a la sencillez casi primitiva de la representación realista. A veces, esa figuración incorpora un punto de ingenuidad deliberada que la aleja de la sofisticación estilística para adentrarse en la subjetividad de la mirada sobre el mundo y las cosas. En Wetterhahn, 2019, de Sophie Ullrich, el gesto de una mano que parece tomar entre el índice y el pulgar el pináculo más alto de una catedral pone en contraste dos maneras de tratar la representación: por un lado, la arquitectura como signo histórico y monumental; por otro, el gesto humano que reduce, toca, manipula o desmitifica esa monumentalidad. Desde esa poética neofigurativa, Ullrich humaniza el pasado y la historia, sacándolos de su imaginario épico para devolverlos a una realidad sociocultural más próxima, vulnerable y cotidiana.

Si Ullrich trabaja la representación desde una neofiguración de tinte realista, Aleza Zheng, en cambio, la desplaza hacia una perspectiva de raíz informalista. En su pintura Technē (In the Sky Mirror), la imagen se abre como una abstracción de intenso lirismo cromático, donde el color y la materia parecen sustituir la descripción directa del mundo por una experiencia sensible de transformación. El propio título, Technē, remite a una noción de la cultura clásica griega: un saber técnico, práctico y artístico mediante el cual el ser humano no solo produce objetos, sino que interviene la realidad bajo un propósito determinado. En Zheng, esa referencia no funciona como cita erudita, sino como una clave poética para pensar la pintura como acto de construcción, percepción y reinvención del mundo visible.

‘Computational Entomology’, 2024, de Thomas Bils, óleo sobre tela, 30 x 29 pulgadas.
‘Computational Entomology’, 2024, de Thomas Bils, óleo sobre tela, 30 x 29 pulgadas. Cortesía / Piero Atchugarry Gallery, Miami.

Entretanto, las obras de Thomas Bils, Computational Entomology, 2024, y de Luiza Crosman, Colapsar Dia/Noite (Tecnosfera), 2024, beben más de un tratamiento conceptual del lenguaje. Son piezas que apelan tanto a lo retiniano como a lo inaprehensible, entendido este último no como una carencia de la imagen, sino como una condición del mundo contemporáneo: aquello que se ofrece a la mirada y, al mismo tiempo, se resiste a ser capturado por completo.

‘Colapsar Dia/noite (Tecnosfera)’, 2024, de Luiza Crosman. Tela Jacquard, cremallera, lazos, zipper, y chassis de aluminio, 39 x 38 pulgadas.
‘Colapsar Dia/noite (Tecnosfera)’, 2024, de Luiza Crosman. Tela Jacquard, cremallera, lazos, zipper, y chassis de aluminio, 39 x 38 pulgadas. Cortesía / Piero Atchugarry Gallery, Miami.

En Computational Entomology, Bils articula una pintura de carácter instalativo donde confronta, de un lado, una imagen del asfalto intervenida por la presencia circular de una catalina de bicicleta; del otro, una imagen de menor dimensión que parece remitir a un paisaje verde y florido. Ambas imágenes sugieren una suerte de acercamiento óptico, como si procedieran de un zoom sobre lo representado. El soporte de estas imágenes pictóricas, su encuadre y su lógica visual parecen provenir de procedimientos fotográficos, aunque desplazados hacia una experiencia más ambigua de la pintura. Dos mundos quedan así confrontados: el biológico-natural y el social-artificial, conviviendo conceptualmente dentro de un mismo episodio espacial.

‘A Weird Night’, 2026, de Jeehye Song, acrílico sobre lienzo, 22 x 16 pulgadas.
‘A Weird Night’, 2026, de Jeehye Song, acrílico sobre lienzo, 22 x 16 pulgadas. Cortesía / Piero Atchugarry Gallery, Miami.

A Very Good Dinner Party se sostiene mejor cuando la mirada se desplaza del marco curatorial general hacia la singularidad discursiva de las obras. La exposición comparte con su texto de sala la idea de una creación que persiste en medio de la incertidumbre; sin embargo, su mayor fuerza no está en esa declaración amplia, sino en las fricciones concretas que producen sus artistas: la representación puesta en crisis, la percepción enfrentada a lo inaprehensible, la historia devuelta a su escala humana, la naturaleza y el artificio conviviendo dentro de un mismo espacio visual. Más que ilustrar una tesis sobre el absurdo, la muestra abre una mesa heterogénea donde cada obra ensaya una forma distinta de pensar el presente. Y es precisamente en esa convivencia inestable —no siempre resuelta, pero sí estimulante— donde la exposición encuentra su espesor crítico.

“A Very Good Dinner Party”, Ruta 104 km 4,500. Manantiales, Uruguay. Para más info: www.pieroatchugarry.com

Dennys Matos es crítico de arte y curador. Especializado en arte latinoamericano. dmatos66@gmail.com

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA