Artes y Letras

‘Cómo querer a un cubano’: ensayo sobre amor y migración

La escritora y periodista Anjanette Delgado acaba de publicar un nuevo libro.
La escritora y periodista Anjanette Delgado acaba de publicar un nuevo libro.

¿Cómo se escribe sobre una comunidad sin convertirla en estereotipo? ¿Qué escribir sobre el amor sin reducirlo a una historia privada? La respuesta se encuentra en Cómo querer a un cubano (SED ediciones), el nuevo libro de la escritora y periodista Anjanette Delgado (Puerto Rico, 1967).

La obra parte de una experiencia íntima –la relación de más de dos décadas con un hombre cubano y su larga convivencia en Miami con la cultura de la isla– para construir un texto que desborda las fronteras de lo autobiográfico. Así, sobrevuela el ensayo, la memoria y un inventario afectuoso y lúcido de la cultura cubana tal como Delgado la fue absorbiendo desde la periferia hasta el centro: a través de películas, canciones, novelas y de la convivencia cotidiana con Daniel, un hombre que, según ella misma confiesa, todavía no termina de dejarse conocer.

Las fotografías de Evelyn Sosa, incluidas en Cómo querer a un cubano, dialogan con el texto como un contrapunto visual que realza el carácter original y ameno del libro.

La obra de Anjanette Delgado explora el sexilio, el desarraigo, la identidad y la justicia social. Ganadora de un premio Emmy, es autora de La píldora del mal amor, La clarividente de la Calle Ocho, El sexilio y Las bichotas. Ha publicado en The New York Times, NPR, The Kenyon Review y diversas revistas literarias. Además, Delgado editó la antología Home in Florida: Latinx Writers and the Literature of Uprootedness, ganadora de la Medalla de Oro en los International Latino Book Awards en 2022.

¿Cómo nació la idea del libro?

En el principio, fue la historia. Me habían pedido un ensayo para una antología que se llamó Enviado Especial. ¿Qué tenía yo como puertorriqueña que decir de Cuba? ¿Cuál era mi relación con los cubanos, siendo del Caribe y habiendo vivido en Miami por décadas? Ese ensayo se convirtió en un inventario de amor a esa cultura, pero también en un cuestionamiento. ¿Hasta dónde los conocía? ¿Hasta dónde llegaba mi solidaridad, mi gratitud y mi cariño por ese exilio que me recibió aquí (en Miami) hace ya 34 años?

Cómo querer a un cubano aborda personas y vínculos reales. ¿Hubo cosas que preferiste no incluir, no por autocensura literaria, sino por lo que tu pareja pudiera pensar?

Quisiera decirte que sí, pero no. Que Daniel apoye el libro me parece el mayor acto de amor porque él es timidísimo. Y yo no guardé nada porque nunca guardo nada. Soy mala mentirosa y si miento u oculto, me agarras enseguida.

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La obra parece preguntarse no sólo qué significa amar a alguien sino qué significa traducirlo culturalmente. ¿Puede leerse Cómo querer a un cubano también como una reflexión sobre la traducción entre mundos?

Absolutamente. Fíjate que se ha escrito mucho sobre el amor interracial, pero menos sobre el amor que enlaza desplazamientos. El que se da entre personas de culturas distintas viviendo la experiencia inmigrante al mismo tiempo y con el mismo contexto. No es lo mismo ser inmigrante en EEUU en 2016 que en 2026. Por eso pienso que es un milagro que haya parejas en Miami. ¡Si apenas convivimos con nuestros propios dolores! Es una fuente continua de asombro para mí que podamos vivir con los de otra persona, por más amor que haya.

Hay momentos muy íntimos, pero también mucho humor. ¿El humor es defensa, supervivencia o crueldad?

Es las tres cosas. A veces, incluso, es amor. Te ríes para no matar al otro. Para permitirle vivir.

Cómo querer a un cubano incluye listas de novelas, películas y canciones cubanas. Hay algo muy lúdico en confeccionarlas.

Fue una de las cosas que más disfruté de escribir este libro. Porque esas listas las saqué de mi memoria. Era aquello que se había quedado en mí, y de lo que pude echar mano cuando sentí no conocer al cubano este con el que llevaba en aquel momento quince años; ya casi veintidós. A eso me refiero cuando hablo de inventario de cultura y de amor por ese pueblo tan vapuleado, pero tan vibrante.

Las fotografías de Evelyn Sosa son como un texto paralelo y complementario a la vez dentro del libro. ¿Cómo se construyó esa convivencia entre imagen y palabra sobre un mismo tema?

Evelyn es grandiosa. Conocí su obra a través de un libro con el que me topé por casualidad. Cuando se me ocurrió la idea de que el ensayo se convirtiera en libro, hice dos llamadas: a Evelyn para rogarle sus fotos. Y a Pedro Medina León, a ver si quería publicarme.

¿Cómo influye el bilingüismo –incluso cuando no aparece explícitamente– en tu escritura?

Antes más. Creo que quería existir en “los dos mundos”. Hoy pienso que eso es una tontería. Que nunca ocurre. Tus libros podrán existir entre dos idiomas gracias a la traducción, pero tu obra eres tú y, al final, tienes que peinarte o hacerte rulitos. ¿Dónde va a estar tu lealtad? ¿En qué idioma vas a sentir? Como te he contado antes, jamás he tenido un novio estadounidense. ¿Por qué será?

Después de escribir el libro, ¿qué parte de Daniel sentís que todavía no has logrado llevar al papel?

Ay, si supieras. Cada vez aparecen más partes desconocidas. Algunas tiernas, algunas partidas de dolor. Otras, rabiosas. ¿Qué te puedo decir de estos cubanos míos? No se dejan conocer. Hay que quererlos como se pueda.

En estos días vas a publicar un nuevo libro de cuentos llamado Las bichotas. ¿Cuéntame un poco sobre él?

Sí, Las bichotas sale ya en estos días. Es una colección de cuentos feministas. Por un lado, son cuentos fuertes, rabiosos, desgarradores. Por otro lado, están anclados en una ética del cuidado en la que creo firmemente: que el feminismo no es un género. Es una manera de querernos. Que no es lo opuesto al machismo, sino un creer en que nadie tiene que hacerse pequeño para que el otro sea feliz. Tenemos que aprender por fin a compartir el poder, seamos hombres, mujeres, personas trans o no binarias.

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