Artes y Letras

Hernan Bas y el síndrome de Dorian Gray

Hernan Bas en su estudio.
Hernan Bas en su estudio. Hernan Bas

En el universo sin mujeres de Hernan Bas (Miami, 1978), las tensiones sexuales de la adolescencia son aliviadas por una calma edénica. Sus adanes replicados andan en dúos, semidesnudos, más que amantes cómplices, amigos ensimismados en el goce de la pubertad eterna, en un entorno de inocencia y narcicismo generalizados. A esa poderosa pintura de los sentidos nos invita: New Perfumes, Larger Blossoms, Pleasures Untasted. Hernan Bas and the Natural World, que incluye 19 obras tempranas –de la colección de la Familia Rubell– seleccionadas y curadas por Thom Collins, director del PAMM.

No hay orden cronológico, sino de afinidades, en este recorrido que nos propone Collins por la obra de Bas, desde 2001 al 2007, y que incluye piezas fundamentales como The Great Barrier Wreath (2006), obra de gran formato en tres paneles, que recoge muchos de los elementos de la poética simbolista y la técnica pictórica del artista; o la instalación de vídeo titulada Fragile Moments (2003), que abre la muestra, proyectada en dos grandes pantallas en la planta baja del edificio de la Fundación YoungArts, que fuera la emblemática sede de Bacardí en Miami, y que acoge esta exhibición dentro de su serie Junctures, ya que Bas fue becario de su programa de talentos en 1996.

Las secuencias en blanco y negro de Fragile Moments, con la temperatura del neorrealismo, anticipan y sellan la estética y la narrativa “Basiana”. Mientras a la derecha un grupo de jóvenes, con aletas dorsales de tiburón, bucean silenciosos en círculos, transcurren las escenas de esos bucólicos veranos que marcan el coming-of-age: un pueblo costero, una casa campestre, cierta depre casi gótica, los primeros cigarrillos. La memoria comprimida entre dos zonas de silencio tiene el soundtrack nostálgico de una caja de música. En la pantalla izquierda se reitera un solo tema: una mano empina una cometa en forma de navío, que es batida por un viento feroz.

Ese pulseo entre calma y tormenta, la sensación de equilibrio a punto de quebrarse, acompañara la muestra, obligándonos a visitar con cautela una obra que aunque parece dócil, refunda en su impulso postmoderno una compleja mitología del ser. Esa sensualidad contenida, a la que alude desde el título, se proyecta desde un supuesto de virginidad: anticipación de placeres que no se han disfrutado o tentación por lo desconocido. Es en ese orden y en el panteísmo vital, la relación con esa naturaleza viva que embebe las figuras, que Hernan Bas se conecta con otra obra de los sentidos y la pubertad, la de Tania Marmolejo, distinta en lo formal, pero igual de inquietante por su seudofeminidad y su imaginario unisexual.

La lírica de Bas, desde ese período de formación, ya se refugia en una zona épica, antes de que el hombre adquiera el sentido de culpa clásico: el placer visto como pecado, y el sacrificio como redención. Es por eso que sus personajes viven bajo una justa gracia adánica, disfrutando el contagioso hedonismo sin pudor. Piezas como Mephistopheles at 17 (In His Weed Garden), acrílico y gouache sobre lino (2007), que evoca al demonio en plena adolescencia, ¿antes de la caída?, confirman el complejo universo del artista. Sin embargo, la calma de sus personajes puede contrastar con la gestualidad de las pinceladas furiosas que dominan el entorno (Vesuvius, 2005) o la proximidad de tormentas que se ciernen en lontananza (The Swan Prince, 2004).

Otra zona interesante del recorrido son sus óleos sobre papel, que parecen sketches o ilustraciones para literatura juvenil, pero que activan desde la ambigüedad de los detalles otras lecturas más adultas. No hay que olvidar que el ser humano es una máquina de analogías: un roble hueco en su obsceno isomorfismo; un malvadisco insertado en una rama; amigos con dijes compartidos; son algunos de los elementos "sexuales" que juegan con nuestra "mente sucia", enfrentando al observador con los límites de su propia percepción frente a obras aparentemente ingenuas.

Hernan Bas deleita por esos sofisticados juego sensoriales. Y porque al revisitar la estética decadentista lo hace desde una actitud postmoderna, en la que melancolía y romanticismo llevan su inyección de ironía y kitsch, fundiendo los rostros de la modernidad. Es en ese sentido visionaria y anticipatoria: moderna, avant-garde, decadente, kitsch y postmoderna. Porque para Bas todo vale a la hora de conjurar su coraza emocional, sicológica y definitivamente estética, extendiendo la adolescencia para proteger la inocencia de la crueldad.• 

New Perfumes, Larger Blossoms, Pleasures Untasted. Hernan Bas and the Natural World: Selections from the Rubell Family Collection se exhibe hasta el 14 de Noviembre en National YoungArts Fundation. 2100 Biscayne Boulevard. Miami, Fl. 33137. youngarts.org

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