Artes y Letras

Jorge Luis Arcos: “Nadie como Lorenzo para minar los ceremoniales”

Poeta, ensayista, hacedor de revistas, profesor…, Jorge Luis Arcos (La Habana, 1956) es sin dudas uno de los que mejor conoce la literatura cubana de adentro-afuera. Aprovechando que Hypermedia reedita por estos días su Kaleidoscopio. La poética de Lorenzo García Vega, conversamos con él sobre el Gran General Albino, como a veces Lorenzo firmaba sus emails. Nunca es tarde para reflexionar sobre el autor de Los años de Orígenes.

Después de haber escrito diversos ensayos sobre Lezama, los origenistas, “la pobreza irradiante”, sorprendes con un libro sobre Lorenzo García Vega. ¿Qué te llevó a interesarte por él? ¿Podríamos decir que a partir de tu cercanía a Lorenzo se produce un “corte” en tu manera de entender la literatura cubana en general? “Yo conocí a Lorenzo a través de las anécdotas que me hacía Enrique Saínz, su gran amigo. Primero, fue acostumbrarme a la radical extrañeza de su percepción de la realidad. La persona antes que sus libros (que no teníamos), aunque, como sabes, persona y texto están endemoniadamente mezclados en su obra-vida. Con respecto a mi “corte”, fue gradual, aunque inexorable. Solo tenía que recuperar zonas de mí mismo y sacarlas afuera. El insilio interior, en Cuba, y luego, el exilio (tan secretamente añorado siempre, en mi poesía), me ayudó mucho…”

En la Introducción a Kaleidoscopio hablas de que la percepción de la realidad de García Vega es el más “novedoso tema de toda su obra”. ¿En qué consistía esta percepción? “Era una percepción jodida. Mirar la realidad como un autista de ruinas, un arqueólogo del kitsch, un orinólogo del fin del mundo. Bastaba una mirada para borrar esa representación (la de la Realidad Cubana, la de la Revolución, la de cualquier Gran Relato, incluyendo el de la Poesía). Nadie como Lorenzo para minar los ceremoniales, para detectar la parte falsa, solemne, “el lenguaje enfermo”.

Uno de los fundamentos origenistas, de Lezama a Cintio, de Fina a Eliseo, ha sido (fue) “lo cubano”. ¿Participó Lorenzo de esta obsesión? “Lorenzo sí participó de esa obsesión (que no sólo fue cubana sino latinoamericana y española). Pero lo importante no es el qué sino el cómo. Todavía en El oficio de perder, Lorenzo citaba el librito de Cintio, La luz del imposible, la distinción entre el mantel de hilo y el mantel de hule. Y él apostaba por el mantel de hule, por lo pobretón, el destartalo... El problema fue (porque Lorenzo, a diferencia de los origenistas, lo convirtió en problema) cómo relatar eso. A partir de entonces, comenzó, lenta pero inexorablemente, su desvío, su legítima y creadora mala lectura”.

En tu libro hablas del “oblomovismo”. Pensando que el personaje de Goncharov desarrolló toda una filosofía política de la inmovilidad junto a un discurso muy ligado a la búsqueda de la Verdadera Esencia Rusa, ¿qué quisiste decir con eso? “El oblomovismo que yo marco, proviene más de la película de Mijalkov… Esa mirada imposible, rota, esa mirada que lo ve todo pero no puede tocar la realidad: No la puede poseer. Entonces esa pérdida insondable, ese “oficio de perder”, se acumula en la memoria dañada, en la imaginación herida, y luego se recrea como texto, se expulsa como ectoplasma…”

La obra de García Vega, junto al Boarding Home de Rosales, ha sido de lo más apreciado por los escritores cubanos en los últimos años. ¿Dónde piensas estuvo el rapport para que una obra invisible durante decenios se convirtiera, para muchos, en territorio-de-escritura? “Primero fue invisible porque no existía, porque Lorenzo se exilió, y fue borrado. Luego, después de su vuelta de tuerca con Rostros del reverso y Los años de Orígenes, Lorenzo comenzó lentamente la recuperación imposible de su perdida o rota identidad creadora y personal… Es la experiencia de Fantasma juega al juego, pero que no se constituyó en su definitiva expresión creadora hasta Vilis, por ejemplo, ese libro o no-libro abierto, kaleidoscópico… También, junto a ese proceso interior, de salida o doma de su enfermedad, acaecía un proceso de conciencia de “descojonación” en su Atlántida sumergida, en la isla, de donde salió una mirada otra, la de Diáspora(s), por ejemplo, que terminó siendo afín con la de Lorenzo… Una de las coincidencias más inevitablemente creadoras de la cultura cubana contemporánea…”

¿Qué estás escribiendo actualmente? ¿Continúa Lorenzo…? “Leo mucho, como nunca. Escribo poco. Aunque me dispongo a escribir un libro sobre José Kozer. Tengo un proyecto (no sé si posible) de construir un libro con muchos de los textos ensayísticos de Lorenzo a manera de una edición conversada por otros escritores… Pero el ahora o el mañana, ¿qué significan? Solo pudiera responder con un verso de Kozer (que le agradaría mucho a Lorenzo): Y en el bosque de la China una china se perdió”.

Esta historia fue publicada originalmente el 4 de septiembre de 2015 a las 8:27 a. m. con el titular "Jorge Luis Arcos: “Nadie como Lorenzo para minar los ceremoniales”."

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