Artes y Letras

Dos encuentros con la buena música


La compositora Maria Schneider dirgió dos ciclos musicales para el Festival Miami en el Gusman Concert Hall.
La compositora Maria Schneider dirgió dos ciclos musicales para el Festival Miami en el Gusman Concert Hall. Sebastian Spreng

Un inicio de temporada y un hito del Festival Miami señalaron las citas con la buena música el pasado fin de semana.

Primero, la apertura de la Serie Dranoff con un lleno total en la Coral Gables Congregational Church para un concierto de dos pianos y una sagaz vuelta de tuerca que incluyó transcripciones de ópera y ballet y canciones impecablemente escenificadas por el tenor Tony Boutté. El dúo ucraniano integrado por el matrimonio Olha Chipak y Oleksiy Kushnir aportó entusiasmo, sensibilidad y técnica sólida al ecléctico programa que abrió el ciclo. La Fantasía sobre Carmen, de Abram Chasins, añadió al Bizet un sabor eslavo no lejano a Schedrin.

La deliciosa parafrase del vals de El Lago de los cisnes, de Tchaicovsky, debida a Sergio Calligaris, tuvo al dúo a cuatro manos en un solo piano. La maratón siguió con el arreglo de Adolf Gottlieb sobre la de Liszt del Rigoletto verdiano, con una destacable batería de recursos, y Cuatro diálogos, de Ned Rorem, en una feliz propuesta de Boutté y la soprano Jennifer Voigt.

Esta última resultó acertada en vista de lo elusivo del matereial. La segunda parte brindó las excelentes transcripciones de La Valse debida a los pianistas, Petrouchka por Victor Babin y West Side Story, por John Musto, probando la versatilidad del dúo y motivando dos bises tan merecidos como vertiginosos: El vuelo del moscardón y la Danza del Sable.

La conjunción Maria Schneider-Dawn Upshaw no solo fue una referencia del Festival Miami, también simbolizó su intención destinada cada vez mas a la fusión de géneros. Bajo la dirección de la compositora, dos ciclos compuestos para la soprano, el primero –Carlos Drummond de Andrade Stories– interpretado por alumnos de la escuela Frost Opera. Mia Rojas, Zaray Rodríguez y Vindhya Khare lograron la imposible tarea de salir adelante con una composición para la celebrada artista quien trabajó y supervisó el trabajo con óptimos resultados.

La segunda parte –Winter Morning Walks– la tuvo como solista, pudiéndose apreciar que ambos ciclos están compuestos a su medida. A los 54 años, Upshaw sigue siendo la sacerdotisa de la música nueva, encarna el espíritu americano como ninguna, con su inconfundible timbre todavía intacto al que añade un registro grave de redonda riqueza, una intención y dicción perfectas que justifica al idioma y austeridad poética de Ted Kooser. Poeta, música e intérprete emergen como tres sobrevivientes.

En esta decantación artística predomina la simpleza pastoral, la huida del mundanal ruido e ilustra la evocación mas pura gracias a un lirismo indoblegable; de hecho, en la última canción The Sun Waited For Me At The End Of The Road parecerían resumirse muchas vidas. La ecléctica combinación favorecida por Schneider echa mano a Villalobos, Sondheim, Barber y crea un clima de ensoñación que en la voz de Upshaw perdura en la memoria. La joven orquesta del Henry Mancini Institute secundó a las cantantes con eficacia.• 

Esta historia fue publicada originalmente el 1 de noviembre de 2014, 8:00 a. m. with the headline "Dos encuentros con la buena música."

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