Artes y Letras

Germán Guerra revive a Caligari como tirano caótico en ‘Oficio de Tinieblas’

Autorretrato de Germán Guerra, que presenta ‘Oficio de tinieblas’ en el CCE de Miami.
Autorretrato de Germán Guerra, que presenta ‘Oficio de tinieblas’ en el CCE de Miami. Germán Guerra

En una cuidada edición publicada por la editorial Aduana Vieja y con ilustración de portada del pintor Ramón Alejandro, llega el libro más reciente del poeta cubano Germán Guerra, Oficio de tinieblas, que presenta este viernes 7 en el Centro Cultural Español de Miami. Las palabras introductorias estarán a cargo de la escritora Ena Columbié.

Guerra (Guántanamo, 1966) vive y trabaja en Miami desde 1992. Y, precisamente, desde aquí ha desafiado esa maldición de que esta es una ciudad inhóspita para poetas. En el 2007 recibió el Florida Book Award en la categoría de Lengua Española por Libro de silencio. Autor además de Dos poemas (1998) y Metal (1998), Guerra, que también ha expuesto su obra fotográfica en varias galerías de la ciudad, obtuvo mención de honor en el IX Premio Internacional de Poesía Nicolás Guillén, convocado en México, en diciembre del 2006.

Eliges un tema religioso como anclaje de este poemario, háblanos un poco de los motivos. También para los legos, explica por qué el título de Oficio de tinieblas.

El tema religioso es solamente eso que dices, el anclaje, el vehículo que lleva en andas lo terrible que cuenta el poema. Pero no solamente el título arropa al texto en un velo de religiosidad, también la cita que abre el libro, un versículo tomado de la primera epístola de San Pablo a los corintios, y las partes del poema, que las he hecho coincidir con las horas canónicas de la liturgia católica y romana, dan la impresión de que nos enfrentamos a un poema religioso. Oficio de tinieblas es el nombre, ya en desuso, de la misa que se celebra antes del amanecer, y este poema es una misa en escena, un auto sacramental y de fe, una homilía, una confesión y un ajuste de cuentas.

Hay una larga tradición en la literatura hispanoamericana de poetas religiosos ellos mismos y que se han valido del tema en su obra. Entre ellos destaca Vallejo, ¿tiene este poemario un aliento vallejiano? ¿Cuáles son los creadores que te han interesado especialmente y quizás influido?

De Vallejo tiene la sombra, la tristeza y la amenaza de la lluvia, de eso no podemos escapar a la hora de escribir luego de haber braceado en los versos del peruano. En este poema se hacen más palpables, y en muchos casos están citados literalmente, el largo aliento de Whitman y Octavio Paz, el Lorca de Poeta en Nueva York, el Eliot de La tierra baldía y La isla en peso de Virgilio Piñera.

Es notable que este poemario, que te tomó un año escribirlo, puede leerse como una narración. Bromeas que después solo te queda escribir novelas. ¿Es una tendencia que se daba en tu poesía o te estrenas ahora en ella?

En libros publicados anteriormente, en una gran mayoría de sus páginas, por no decir todas, se canta y se cuenta al mismo tiempo, y este libro no es la excepción. La diferencia radica en que los libros anteriores están llenos de pequeñas canciones contadas, y Oficio de tinieblas es un trabajo coral, tanto por la extensión como por la intensidad de lo que se cuenta. Si tienes algo que cantar, pero nada que contar, mejor te vas a estudiar música en un conservatorio. Si necesitas contar algo y no puedes “cocer (con ‘c’) y cantar” al mismo tiempo, entonces mejor escribes un cuento.

Oficio de tinieblas nos remite al Gabinete del Dr. Caligari, que muchos consideran el primer filme de horror. Háblame de ese personaje, Caligari, y si existe una relación con el filme. Parece bastante marcada, pero interesa la historia de trasfondo.

Por supuesto que existe una relación directa, intencional, entre la película alemana de 1920 y el personaje de mi poema. El Dr. Caligari, hijo bastardo de Edipo y arquetipo moderno del viejo malvado, es el mismo personaje en las dos piezas, la diferencia es que en mi libro la maldad de Caligari supera con creces al original; aquí el ente, ya libre de máscaras y cercano a la muerte, encarna y asume a plenitud su papel de tirano caótico. Dice Wikipedia que en Caligari “los decorados distorsionados, que crean una atmósfera amenazante, hacen que se le considere como una de las mejores películas de terror de todos los tiempos” y agrega que “la cinta es considerada la primera película expresionista de la historia y una de las películas expresionistas alemanas más influyentes”.

Al igual que en mi poema con su ropaje de tema religioso, en la película el tema del horror y su influencia visual quedan en los decorados, es lo que se vende al público promedio y lo que evitó la censura en el momento de su estreno, pero la cinta va más lejos cuando te adentras en lo que cuenta, y muchos críticos, psicólogos e historiadores del cine la consideran como una premonición de nazismo, donde el personaje principal usa sus “poderes hipnóticos” para doblegar y manipular la voluntad de los que le rodean, modelo que bien pudo haber usado Hitler para llevar el mismo experimento a una escala global.

En Oficio de tinieblas mi tirano, el Dr. C., quien tuvo a Hitler y su Mein Kampf como uno de sus modelos e hipnotizó y engañó multitudes, ya está de vuelta, en su asilo para ancianos y dementes, y puedes ponerle el nombre real que prefieras, que tiranos nos sobran por estas tierras y en estos tiempos. • 

Germán Guerra presenta ‘Oficio de Tinieblas’, viernes 7, 7 p.m. en el Centro Cultural Español de Miami, 1490 Biscayne Blvd.

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