Hernán Vera Álvarez: un mundo raro…
Le tomo prestado el título a José Alfredo Jiménez, un mundo raro, porque así veo el de Grand Nocturno (Suburbano, 2015), la inquietante colección de relatos de Hernán Vera Álvarez (Buenos Aires, 1977). Poco importa –o importa muchísimo– lo que está pasando en cada uno de ellos, la mayoría breves. Es como si arrancaran un pedazo, unos cuantos fotogramas, de una película y se los expusieran al lector. No se sabe qué paso antes de ese momento elegido, ni en ocasiones qué pasará después. Tampoco abundan las descripciones físicas. No sabemos cómo son esos seres que se encuentran, que empiezan a parlotear, que discuten, se pelean, se drogan o emborrachan. Por el acento, por el modo de hablar, imaginamos que son emigrantes del cono sur –aunque hay algún cubanito colado por ahí–, buscándose la vida a como dé lugar. Seres marginales o en el borde, donde el alcohol y los paraísos nada artificiales campean a sus anchas. Violencia, muerte. Soledad, sexo, nostalgias, ganas de imponer un ritmo o un estilo. La prosa de Vera Álvarez destila autenticidad por los cuatro costados, vida vivida desde adentro.
Hernán Vera Álvarez ha publicado, además, Una extraña felicidad (llamada América) y el libro de comics ¡La gente no puede vivir sin problemas!. Es editor de la antología Viaje One Way, de narradores de Miami. Con él conversamos.
¿Cuándo escribiste estos relatos? “Abarcan unos pocos años, del 2003 al 2007. Tal vez uno que otro como En el bar de Fripp o La belleza de cambiar el mundo, que habla de Francisco y Benedicto XVI son más recientes”.
Sé que dibujas, ¿tiene esa destreza alguna influencia en tu escritura? “Cierta ironía que toca a algunos relatos. Los hombres hicimos un mundo detestable, con muy poco de poesía. En el humor siempre hay cierta salvación bella y elegante”.
¿Qué pretendías con este libro? “Escribo para no suicidarme. Todos los días pienso en eso. Sin embargo, siempre también pienso que hay una historia o un dibujo por hacer, entonces, la idea de terminar con todo se olvida. Así hasta la próxima página en blanco. Por otra parte, encuentro un punto de contacto con la labor de mis padres –mi madre es bioquímica y mi padre cirujano, en consecuencia en casa siempre se hablaba de la muerte...– y es que ellos a través de la ciencia investigan, se meten en las entrañas del ser humano. A través de la escritura, creo que intento hacer lo mismo”.
¿Qué autores te han tocado más de cerca? “En mi adolescencia y primera juventud leí con fascinación la literatura fantástica del Río de la Plata: Borges, J. R. Wilcock, Silvina Ocampo, Felisberto Hernández, José Bianco, Bioy Casares, Cortázar. En paralelo, tal vez porque nací en Buenos Aires, los existencialistas franceses con Albert Camus a la cabeza. Todo eso empapado con los poetas del tango y la cultura rock: Homero Manzi, John Lennon, Miguel Abuelo”.
¿Y la literatura norteamericana? “Salvo los obvios como Scott Fitzgerald, Capote o Faulkner en Argentina no había leído mucho más. Cuando llego a este país a los 23 años, empiezo a leer otros autores. Y sucedió algo curioso: yo viví siete años sin papeles, durante ese tiempo hice todo tipo trabajos. En esos dead-end jobs conocí a muchos personajes que poblaban las historias de los escritores que leía y eran más contemporáneos. Vivir ese tipo de situaciones junto a esos personajes me hizo entender más a los Estados Unidos”.
¿Qué opinas de la literatura que se está escribiendo en Miami? “Desde hace tiempo la ciudad es un punto de referencia en el mundo. Es inevitable que eso actúe como caja de resonancia en la literatura. Los escritores cubanos del exilio siempre han sido excelentes. Ahora, por las diversas crisis en la región, se le han sumado otros autores. Los lectores ganan. Todo escritor tiene una política de la lengua, le guste o no. ¿Qué me dirías de un lugar donde conviven el español, el inglés y el creole? Por otro lado, me encanta vivir en una ciudad que los intelectuales latinoamericanos detestan, aunque no tienen empacho de pedir becas a Estados Unidos, como de dar clases en sus universidades. Y algunos norteamericanos ven Miami como tierra extranjera, la peor pesadilla para Donald Trump”.
¿Planes futuros? “Publicar un libro de ensayos llamado Lit Argentina. Y reeditar mi libro de cartoons ¡La gente no puede vivir sin problemas! El mundo moderno es una máquina de hacerlos... ¡es bueno contestar con más!”
Esta historia fue publicada originalmente el 17 de septiembre de 2015, 10:02 a. m. with the headline "Hernán Vera Álvarez: un mundo raro…."