‘Oficio de tinieblas’, el testamento que nunca será
Al decir del poeta, El frío mausoleo de mi nombre está grabado, en la piel y en la poca esperanza de estos hombres, con el hierro que sella posesiones y bestias. Esos tres versos recogen una expresión que por su tino y síntesis, es digna de ser esculpida en una lápida, y por su siniestra tenebrosidad, sólo en la lápida que cubra el último cobijo del dictador más viejo de la historia. Ahí están sus propias palabras de despedida, ¿de quién más podrían ser? Palabras que pertenecen al Epitafio o parte final del libro de poesía Oficio de tinieblas (Aduana Vieja, Valencia, 2014) de Germán Guerra.
La figura de Fidel Castro se ha instalado en la mente de los cubanos de tal forma que se lleva como tatuaje, debido a la programación de su imagen, discursos y gestualidad, y pasarán generaciones para que caiga su culto; sin embargo, fuera de Cuba es donde se le rendirá mayor tributo a su personalidad y para su castigo, ya que sucederá con él como sucede hoy con el rostro de su fraterno combatiente más comercializado en la bisutería y la pacotilla.
Guerra toma como recreo la película El gabinete del Doctor Caligari (Das Cabinet des Dr. Caligari, 1920) para la analogía de su historia. En Oficio de tinieblas el Dr. Caligari, Dr. C, o lo que es lo mismo, Dr. Castro, está sentado en su cuarto de un asilo para ancianos y dementes, y habla con el espejo: Un cono de luz blanca y la mañana, verdades, absolutas y obelisco de aullidos que me invento, para no terminar la cruda eternidad de esta vigilia, tejiendo una cuerda de cristal y testamentos, y que una viga del techo, el mal olor del cuarto, y la impotencia se conviertan en mi último patíbulo. Para no terminar, a falta de navajas y cojones, torciéndome las venas con estas uñas negras de tanto mentir y conjurar sobre la sangre coagulada.
El poema se desarrolla en 365 versos libres, sin rima ni metro, número igual al de los días de la revolución sinódica de la tierra. Posee 41 estrofas, 40 de ellas de 9 versos cada una, y una estrofa que aparece en el centro del poema con 5 versos. El tiempo corre prolongadamente en esos 365 versos/días durante una vigilia que transcurre entre 12 y 12 de la noche, en 24 horas, que termina donde comienza donde termina, cerrando todo ciclo que abre.
El personaje del Dr. Caligari es una insinuación concreta, sin coincidencias, a la persona del Dr. Castro, pero no es la única. El poema también hace otras alusiones, y está marcado por intertextualidades en las que el poeta trata de homenajear, con citas, referencias y versos ajenos, a algunos poetas amigos o amados: Virgilio Piñera, Emilio Ballagas, Octavio Paz, Constantino Cavafis, T. S. Eliot y Eliseo Diego entre otros
Este mea culpa devela el ineludible momento de rendir cuentas: He sembrado un campo de banderas negras, en la boca de cada uno de mis muertos. Ahora me persiguen sus últimas palabras, el terror al barranco, el cansancio y el llanto, el ¡Viva Cristo Rey! y las gargantas rotas, abiertas y cayendo entre una descarga de fusiles y las manchas de sangre que soportan un muro…
Los versos describen lo impalpable, aquello que este poeta siente y cree, la reflexión de otro bardo, que habla sobre el mejoramiento humano. Si hoy me fuera dado poner un rostro a la tristeza, volver a escribir el eco de mis pasos, el golpe de la historia, si no hubiera partido tantas voluntades y la eterna promesa, de que todos tendrían un pedazo de pan y vida eterna. Si pudiera enterrar esta coraza de lujuria y esparto, en el silencio de las ruinas. Si no hubiera trocado, la isla en una cárcel del tamaño de la isla, la cárcel, en puro manicomio, en celda de castigo y expiación…
Pero no, en estos versos blancos se escuchan las descargas de los rifles, la tristeza, los gritos implorando piedad. Demasiado dolor para perdonar. Este es el poema del hombre, el poema que perdurará. En los umbrales de su despedida, el caricaturesco hombrecito recibe su epitafio de manos de un poeta –su pánico más temido y demostrado– que sin sorna ni rabia, sin sensiblerías pero con equidad, lee flemáticamente su pensamiento de anciano demente y le arranca de la memoria las palabras que no quiere decir, y nos la deja caer en estos versos: Cuánto pesa una palabra, este manto de lápidas, el olvido. La palabra que hará desaparecer el mito, esa que teme y abraza el tirano; Cuánto duele escribir un testamento para legar cenizas y penumbras. Este es el testamento que no escribirá, el poema que recoge las palabras que nunca dirá, pero que nos debe. Su despedida.
Germán Guerra (Guantánamo, Cuba, 1966), poeta, ensayista, fotógrafo y editor. Ha publicado Dos poemas (1998), Metal (1998) y Libro de silencio (2007). En el 2006 ganó mención de honor en el Premio Internacional de Poesía Nicolás Guillén, convocado en México. Con el poemario Libro de silencio ganó el Florida Book Award en la categoría de Lengua Española, premio al mejor libro publicado en el 2007 por un autor residente en el estado de la Florida. Ha publicado poemas, artículos y fotos en libros, revistas y periódicos de España, México, Francia y Estados Unidos.
Esta historia fue publicada originalmente el 8 de noviembre de 2014, 7:00 a. m. with the headline "‘Oficio de tinieblas’, el testamento que nunca será."