César Santos, a puro pincel
César Santos (1982) estudió arquitectura y diseño en Miami, pero desde antes de abandonar Cuba, con 12 años de edad, ya pensaba seriamente en hacerse pintor, siguiendo los pasos de su tío, Raúl Santo Serpa, uno de los últimos y prestigiosos artistas abstractos cubanos de los años 1960. Así las cosas, César terminó aprendiendo las técnicas del dibujo y el color en Florencia, y de regreso poco tuvo que esperar para que acreditadas galerías expusieran sus obras. Siendo desde entonces un hecho que, para él, su futuro inmediato en las artes visuales, lo percibía asociado a la pintura, para la cual sin dudas está bien dotado.
Su más reciente serie de obras las presenta ahora bajo el título César Santos Drawings (Dibujos de César Santos), en los salones de la galería Waltman Ortega, de Wynwood; espacio inaugurado en el 2010, cuya sede original en París había abierto sus puertas previamente en el 2006. Se trata de una docena de telas que buscan desvelar una belleza manifestada en forma de alegoría de lo cotidiano, con marcado contenido existencial extraído de un entorno cercano al artista, el de sus padres, parientes y amigos, en poses desenfadadas, fuera del foco de las imágenes a la moda, ilusorias, de aires sofisticados, políticamente correctas, que demanda en público la actual sociedad. En cambio quien aparece es el soldador en el garaje de su casa, y la señora en el rincón de la lavandería hogareña.
César está vinculado en el campo expresivo a lo romántico y sentimental. Sin dejarse atrapar por su propio dominio de la cocina clásica, ni por virtuosismos ni recetas; jugándose el éxito rápidamente alcanzado, al apostar por lo experimental al margen de la tradición, asumiendo la técnica –más allá de ser un medio– a manera de provocación. Acercamiento a la instantánea fotográfica desvinculado de la frialdad del hiperrealismo; no obstante manteniendo una fidelidad cuyo naturalismo –o si lo prefieren, realismo– hace que el espectador piense suspicaz en impresiones digitales, o en una base fotomecánica proyectada, cuando todo en verdad en estos cuadros es manual, dibujo a mano alzada y pintura al ciento por ciento.
Por partes, César interviene sus telas igual que lo haría un niño que se esconde de los mayores para garabatear con sus crayolas el álbum familiar. Para él es algo similar a ese impulso que nos mueve a pintarrajearle dientes asierrados, de tiburón, a la boca abierta de cualquier personaje en un anuncio que encontramos por la calle. Es ingenua pintura infantil, juguetonas tachaduras y rasgos automáticos que se burlan del modelo y de la propia mano versada del pintor, que tal parece empeñado en finalizar sus cuadros con los gestos irreverentes que trazaría un neófito.
Todavía al insistir en este fresco e intimista humanismo el resultado es un universo esteticista, donde lo que semeja sátira, finaliza siendo glorificación cálida. Es una marcha a contrapelo de cánones, legitimada hoy en distintas direcciones por artistas del peso de Glenn Brown y Janet Fish. La de César es –siguiendo a Hegel– una representación más de la belleza, y como subraya el filósofo “…allí también encontraremos una representación de la verdad”.
Aldo Menéndez es pintor, crítico y comisario de arte independiente.
artsituation@gmail.com
www.aldomenendez.com
César Santos Drawings. Hasta el 20 de octubre, en Waltman Ortega Fine Art. 2233 NW 2nd Ave., Miami. 305-576-5335.
Esta historia fue publicada originalmente el 25 de septiembre de 2015, 0:59 p. m. with the headline "César Santos, a puro pincel."