Artes y Letras

Una novela escrita desde la nostalgia

AFP/Getty Images

Llega a la Feria del Libro de Miami el escritor colombiano Jorge Franco (Medellín, 1962), el autor de aquella célebre novela Rosario Tijeras, llevada hace unos años al cine, a la televisión, y traducida ya a varios idiomas.

Esta vez promociona su último trabajo, El mundo de afuera, novela con la que obtuviera este año el máximo galardón en la XVII edición del Premio Alfaguara, sumándose a una lista de nombres de escritores premiados como Sergio Ramírez, Eliseo Alberto, Laura Restrepo, Antonio Orlando Rodríguez y José Ovejero, entre otros.

El mundo de afuera, ¿una novela que pudiera moverse entre la crudeza de un secuestro y la atmósfera de los relatos de los hermanos Grimm; entre una realidad escandalosa y la candidez de un cuento de hadas?

Así es, la historia muestra dos líneas narrativas diferentes. Una de ellas narra una realidad de la época, años 1960 y comienzos de los 1970, en un tono más crudo, realista, para contar un suceso violento que sacudió a la sociedad y que de alguna manera fue una premonición de lo que le vendría a la ciudad. Y la otra línea cuenta el universo fantástico de una niña encerrada en un castillo, donde ella recurre a la imaginación para protegerse de la soledad y de la sobreprotección de su padre. Esta línea tiene un tono cercano a los cuentos de hadas.

Regresa en este libro un tema que ya le era muy cercano: el sicariato, la violencia urbana.

Hay un tratamiento diferente de la violencia. No de la misma manera que me referí a ella en novelas como Rosario Tijeras. Aquí el tema “narco” no aparece. Ni siquiera se menciona. Era otro momento por el que pasaba Medellín. Los protagonistas de la violencia en la época que narro eran bandidos, delincuentes comunes, asaltantes de bancos. El secuestro que cuento fue uno de los primeros en la ciudad, aunque, como lo dije, fue un precedente porque muy pocos años después, el secuestro se enquistó en nuestra sociedad y fue nuestro mayor dolor y nuestra mayor vergüenza.

Y hay aquí también un homenaje a la ciudad de Medellín.

A esa Medellín que desapareció de una manera rápida y abrupta. Es cierto que las ciudades de la infancia desaparecen, cambian, pero el caso de Medellín fue deplorable por la manera violenta como se dio el cambio. La novela es un homenaje a esa Medellín que en algún momento fue un paraíso para vivir, a pesar de que desde siempre la desigualdad social ha sido una constante histórica.

El personaje de la mujer de don Diego asegura “estar harta del tiempo”, pues termina borrándolo todo: los recuerdos, la memoria. ¿Es este un libro nostálgico, sobre un tiempo paradisíaco que la realidad fracturó?

Al menos fue una novela escrita desde la nostalgia. Creo que quienes hemos tenido una infancia feliz, siempre recordaremos esa época con alegría pero también con cierta tristeza. Las épocas en las que transcurre la novela fueron muy importantes para el mundo en general. Había otro pensamiento, había sueños y utopías, los jóvenes enarbolaban las banderas de “peace and love”, pero todo eso se rompió, desapareció como propuesta masiva, fue aplastado por la voracidad de los años 80. La novela es también un homenaje al sentir de esas décadas.

Usted ha definido a Juan Carlos Onetti como uno de sus padres literarios; sin embargo, se hace difícil hallar la aspereza de uruguayo en sus novelas. ¿Será por el fuerte trabajo de Onetti a la hora de diseñar sus personajes?

Exactamente. La solidez de los personajes de Onetti es envidiable. Siempre estoy muy atento a la forma como los describe, lo hace sin caer en el lugar común. Es duro con sus personajes, como si les negara cualquier posibilidad de modificar su destino. Ese control sobre ellos, y la manera como los diseña, lo tengo siempre presente al momento de escribir.

García Márquez dijo que usted era uno de esos autores colombianos a los que le hubiera gustado “pasarle la antorcha”. ¿Acaso no es eso demasiado peligroso para un escritor?

Yo decidí que esa era una frase para gozar y luego olvidarla. Me llenó de confianza y de ánimo para seguir escribiendo. Me la decía uno de los mejores de la literatura universal, una razón muy grande para llenarse de orgullo. Pero también entendí que no podía convertirse en un peso. Tal vez por eso me tardé en hacerla pública. Yo no quise pedirle autorización para usarla públicamente. Lo hicieron otros y tardaron más de dos años en conseguirlo. Yo aproveché ese tiempo para digerirla y guardarla como un trofeo de esos que uno ha ganado de niño y que conserva en una repisa de su cuarto.

En varios sitios usted ha abogado por la legalización de la droga como una forma de acabar con el narcotráfico; un tema que nos toca muy de cerca en toda la región.

Pues es que ya llevamos décadas inmersos en una guerra que ha dejado miles de muertos, que ha multiplicado la corrupción y la violencia y que, además, vamos perdiendo. Y cuando digo “vamos” me refiero al mundo entero. Hay que quitarle poder al dinero del narcotráfico y creo que eso solo se logra eliminando los obstáculos que encarecen el producto y que son los que generan violencia y corrupción. Creo que todo el dinero y todos los esfuerzos que se emplean en una guerra tan perdida, podrían enfocarse en educación y en prevención, así como se hace con el cigarrillo y el alcohol pero con más contundencia.

Feria del Libro. Encuentro con el Premio Alfaguara de Novela 2014: Jorge Franco. Sábado 22 a las 5:15 p.m. Salón 3209 (Edif. 3, 2do piso).

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