Artes y Letras

Arte y naturaleza: el reposo de la mirada


‘El viaje del héroe’, de Rufina Santana, en The Patricia and Phillip Frost Art Museum.
‘El viaje del héroe’, de Rufina Santana, en The Patricia and Phillip Frost Art Museum. Julio Gamboa

Por estos meses coinciden en Miami dos exhibiciones que tienen por denominador común: el paisaje como género y la pintura en tanto expresión artística, a propósito de los cuales se fortalece el vínculo entre arte y naturaleza. Como si la relativa cercanía a los Everglades tuviera un fin pedagógico, Into the Wild (muestra colectiva) y Cartografías del agua de la artista española Rufina Santana, han sido emplazadas en ámbitos estudiantiles. Me refiero al Frost Art Museum, perteneciente al campus de la Universidad Internacional de la Florida (FIU) y al Miami Dade College de Kendall, respectivamente. Ambos, situados en la misma 107 avenida del South West. Casi el límite entre la civilización, los espacios urbanos y la tranquilidad salvaje del monte.

A estos efectos, es importante señalar que el paisaje constituye uno de los temas más antiguos en la historia de la pintura, cuyo interés no decae aún siquiera en la contemporaneidad, a pesar de la sobredosis de malos intentos de pintura en las ferias más comerciales. De modo que como todo género artístico ha ido evolucionado con el tiempo y ganando aceptación, respetabilidad. Aunque no podemos obviar que el paisaje, antes de ser reposo de los sentidos es una obra de la mente; o sea, un panorama cualquiera está formado tanto de recuerdos personales del artista como de los propios sedimentos de roca del lugar que inspiró la obra. Es por todo ello que el paisaje, como fuente de inspiración conceptual y, a su vez, soporte de la acción plástica, ofrece una amplia visión de la subjetividad del ser humano.

En Cartografías del agua, por ejemplo, Rufina Santana (Las Palmas de Gran Canaria, 1960), nos convida a hacer un viaje de reconocimiento profundo al centro mismo de nuestras identidades. Ella se vale del poder comunicante del agua, que recorre el planeta, como metáfora del viaje y sus distintos horizontes (acaso una de sus obsesiones como artista, no olvidemos el origen isleño). De ahí que sus cuadros, de dimensiones colosales emulen con la pintura mural y tengan el aspecto simbólico de un mapa. Entonces, el torrente de líquido azul se llena de fábulas, mitos y promesas. Mientras Santana se erige como guía segura de una travesía, cuyas raíces vienen de una gran espiritualidad.

Cada pieza imita la quietud o la euforia del océano y sus proporciones pueden hacer que confundamos los lienzos con nuestras ansias delirantes por salir al mundo. Con el encanto de una paleta que explota todas las tonalidades de azul, divisamos casi siempre una barca en medio de un tsunami probable o el remanso de una ola. La pintura de Rufina, sobrecoge. Igual de serio y reflexivo debió sentirse Ulises, ante leguas interminables de salitre que lo alejaban de su amada Penélope. Celebremos la fuerza y la magia con que estas obras se roban nuestros sentidos en un ejercicio de relajación con un mensaje, por qué no, también ecológico.

Into the Wild, en cambio, como su título indica, se adentra en el mundo del bosque, el reino de la clorofila, donde prima el color verde. De modo que la galería se antoja a ratos como un sendero a través del cual explorar los misterios de la jungla y el abrazo maternal de la hojarasca. Quizás por esa razón, Carol Jazzar privilegió en la selección y montaje de dicha muestra, cuadros de gran formato: para dar la sensación realista de habitar por un momento cada uno de los paisajes. Integrada por una nómina de 10 artistas –Augusto Chartrand Dubois, Elisabeth Condon, Scott Armetta, Donna Torres, Magnus Sodamin, Lilian García-Roig, Ernesto Kunde, Typoe, Miguel Arias y John De Faro; y más de una veintena de piezas, en su mayoría de factura muy reciente, con excepción de The Approaching Storm (1880) de Chartrand, una joya de colección– asistimos a una mirada panorámica y diversa del paisaje rural, tan caro a la tradición pictórica.

Entre las obras más llamativas se encuentran Flora Physica (2015) de Donna Torres, 24 acuarelas sobre papel que constituyen una suerte de estudio botánico, pues la artista hace particular énfasis en la anatomía de las flores y frutos de algunas plantas, así como hongos y cactus. Al mismo tiempo busca la belleza de las líneas rectas y espirales, muy agradables a la vista; aunque guarden cierta familiaridad con las vivisecciones que se realizan en un laboratorio. Por su parte, Magnus Sodamin, Ernesto Kunde y Lilian García-Roig abrazan los grandes formatos, así como dípticos y trípticos, mientras coquetean con el abstraccionismo y la mancha frenética. Así de contrastantes resultan ambas exposiciones, entre verdes y azules que nos sirven de terapia visual, mientras la mirada reposa. Es siempre saludable escapar de la jungla de asfalto para acudir al llamado de la naturaleza.

Rubens Riol es crítico de arte, promotor cultural y experto en cine. Licenciado en Historia del Arte por la Universidad de La Habana en 2009.

rubens.riol98@gmail.com

‘Into the Wild’ podrá verse hasta el 11 de noviembre en Kendall Gallery at MDC’s Kendall Campus, Building M, Martin and Pat Fine Center for the Arts. 11011 SW 104 Street. ‘Cartografías del agua’, de Rufina Santana, hasta el 13 de diciembre en The Patricia and Phillip Frost Art Museum, 10975 SW 17th Street, Miami.

Esta historia fue publicada originalmente el 1 de octubre de 2015, 8:51 a. m. with the headline "Arte y naturaleza: el reposo de la mirada."

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