Artes y Letras

Viaje nostálgico por el paladar cubano en la novela ‘Sofrito’

La tapa del libro de Phillippe Diederich.
La tapa del libro de Phillippe Diederich.

El escritor haitiano-americano Phillippe Diederich repasa los sabores de Cuba en su primera novela titulada “Sofrito”.

Esta entretenida historia recuenta el viaje del cubanoamericano Frank Delgado a La Habana en busca de una receta del legendario restaurante “El Ajillo” que podría ser la clave para salvar el negocio familiar en Nueva York.

Lo que en principio pareciera una misión banal, termina poniendo en peligro la vida del protagonista, ya que la codiciada receta del pollo “que sabe a Cuba” se ha convertido en un secreto de importancia nacional.

De padres haitianos, Diederich creció entre la Ciudad de México y Miami. Su carrera como periodista gráfico lo llevó muchas veces a La Habana en la década del 90 durante el llamado período especial.

A lo largo de la novela se muestran los estragos de la crisis económica, en el hambre, “jineterismo” y el contraste entre turista y cubano con el personaje incómodamente situado entre ambos.

Aunque la novela está escrita en inglés, el autor reproduce las cadencias del español, sazonando el diálogo con cubanismos, frases y dichos de la Cuba de los 90.

“Maduros”, el restaurante de la familia Delgado, está en la ruina.

El entusiasmo inicial de la clientela por la comida cubana fusión fue decayendo hasta dejarlos “colgando de un hilo de deudas y favores”.

Frank deambula entre las cuatro paredes blancas del restaurante, como si estuviera en una jaula sin salida, incapaz de pensar en una solución a los problemas del negocio.

Resulta evidente que el afán de innovar en la cocina había separado al restaurante de su ancla culinaria, de ese sabor indescriptible que se resume en recuerdos, como “el pollo que sabe a Cuba”.

Frank decide entonces viajar a La Habana con la esperanza de recuperar la receta familiar y de paso encuentra romance, intriga, aventura y secretos familiares que van más allá de la cocina.

La prosa de Diederich cobra vida al describir la cocina cubana.

“La comida llegó envuelta en una nube de cítricos y ajo, lascas gruesas de lechón asado, trozos con su pellejo y grasa intactos cubiertos con rebanadas finas de cebolla y un mojo fuerte de ajo”.

En el exilio la comida representa el hogar perdido y actúa como puente a la isla recordada.

La comida transporta a los personajes y al lector al lugar de los recuerdos, lo cual explica las descripciones inusuales, más allá de sus ingredientes y sabores tradicionales.

A menudo Diederich se refiere a la comida con términos de la naturaleza, como un olor a lluvia o a tierra, para indicar el poder sugestivo del olfato y del gusto para evocar recuerdos del pasado.

“Sabía como a tierra… un poco agrio. Y dulce… como cuando hay tormenta y el mar se lanza enfurecido contra el Malecón”.

La nostalgia por el paraíso perdido también se evidencia en la descripción de edificios descascarados y en la voz una joven “jinetera” que declara que no ha visto colores en sus sueños desde que tenía siete años.

La novela es de lectura ligera gracias al diálogo fluido y las muchas descripciones de lugares emblemáticos de La Habana como La Bodeguita del Medio y el Malecón.

Cada capítulo se inicia con una cita relacionada a la comida a modo de epígrafe de figuras de antaño y contemporáneas desde Cabrera Infante hasta Huber Matos.

“Sofrito” es una lectura deliciosamente escapista, un viaje nostálgico por el paladar cubano.

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