Roberto Ampuero, la aventura de la novela
El escritor chileno Roberto Ampuero nunca pensó que veinte años después de haber creado el personaje de Cayetano Brulé (apareció por primera vez en ¿Quién mató a Cristian Kustermann, Planeta, 1993), los turistas llegarían a Valparaíso tratando de encontrar (un poco como hacen en Dublín con el Leopold Bloom de Joyce) los lugares en los que se movía el ficticio detective cubano: su casa en el Paseo Gervasoni, sus oficinas en un edificio del Reloj Turri y sus restaurantes favoritos, como el Café Riquet y el Bar Cinzano, donde ingenuamente preguntan por su plato o trago preferido. En uno de ellos, aprovechando el interés culinario de los visitantes, su avispado dueño inventó unos oportunos "champiñones a lo Cayetano Brulé". Y es que, gracias a las múltiples traducciones de las seis novelas en las que aparece, las andanzas de este cubano de Luyanó asentado en Chile son conocidas en el mundo entero.
Sin embargo, desde El caso Neruda (Editorial, Norma 2008), Ampuero no había vuelto a escribir una novela en la que apareciese Cayetano. Quizás fue porque quiso explorar otros géneros y temas, como hizo en La otra mujer, (Editorial Norma, 2010) y en El último tango de Salvador Allende (Editorial Sudamericana, 2012). O tal vez fue porque en el 2012 el presidente Sebastián Piñera lo nombró embajador de Chile en México -posteriormente lo designó Ministro de Cultura- y ya no encontró tiempo, desafortunadamente, para ocuparse de la literatura. Como quiera que haya sido, lo cierto es que Cayetano estuvo desaparecido durante más de cinco años. Hasta ahora que regresa, de la mano de su creador, a resolver un nuevo crimen.
En efecto, en la más reciente novela de Roberto Ampuero, Bahía de los misterios (Plaza & Janés, 2013), Cayetano Brulé se embarca, literalmente, en una nueva aventura detectivesca que lo llevará a New Orleans, Ciudad de México, Galway, Pyongyang y Cádiz, en busca de los asesinos del profesor estadounidense Joseph Pembroke, decapitado en Valparaíso: "Su cabeza rodó dejando una estela de sangre sobre la escalera de concreto del cerro Concepción y se detuvo de golpe, como frenada por un mecanismo interno, en medio de la concurrida calle Esmeralda; su cuerpo, que fue arrojado por un acantilado, llevaba marcado a fuego en el pecho una guadaña".
En Bahía de los asesinos Ampuero vuelve a utilizar, intentando ampliar las fronteras del género, la misma fórmula (¿por qué cambiarla si hasta ahora ha resultado ser exitosa?) que en las anteriores. La receta es simple: a la esencia de la novela negra se le agregan varias gotitas de elementos ideológicos y otras tantas de intrigas políticas mientras, en un frasco grande de enigmas históricos se va mezclando todo con un poco del misterio de los códices mayas y, antes de que hierva (fuera del ámbito urbano de Valparaíso), se le adicionan dos gramos de violencia y sexo. No, en serio. Ampuero, aunque no deja de emplear el catecismo de las novelas policíacas (quién mató a quién, cómo y por qué), trasciende el marco genérico y se adentra en un complicado trasfondo de intrigas académicas entre quienes piensan que los habitantes del Nuevo Mundo habían conocido Europa antes que Cristóbal Colon y quienes se aferraban, a través de una misteriosa Congregación para la Pureza de la Historia, al relato oficial impuesto por los europeos.
La novela está estructurada en sesenta y seis capítulos en los cuales Ampuero, además de introducir nuevas pistas y personajes, logra que la trama avance de una manera casi cronológica hacia un final en el que todas las piezas caen en su lugar. Algo difícil de conseguir si se piensa que todo comienza con un espeluznante crimen aparentemente ligado al narcotráfico y termina siendo una conspiración internacional, cuyos orígenes se remontan al siglo XVI, para ocultar que los mayas descubrieron Europa antes de que Colón lo hiciera con América. Una premisa atrevida que le habría permitido a Ampuero escribir una novela histórica de proporciones épicas al estilo de las de Umberto Eco y Ken Follet. Sin embargo, no lo hizo; prefirió permanecer en su zona de confort genérico y trajo de vuelta a Cayetano. Y creo que hizo bien. Despues de todo, ya son siete las novelas en que Brulé aparece como protagonista. Ha envejecido, es cierto; pero ahí sigue, bebiendo sus Whisky sour en el bar O'Higgins de la calle Victoria y pensando en qué momento fue que perdió el acento cubano y aprendió a querer a Chile. Y lo que es mejor: cómo fue que terminó convertido en un personaje literario.
Roberto Ampuero es uno de los escritores chilenos más reconocidos y traducidos. Ha vivido gran parte de su vida en Cuba, Alemania, Suecia, Estados Unidos y México. Ha recibido numerosos premios y reconocimientos. Su obra ha sido traducida al alemán, checo, francés, inglés, italiano, mandarín, portugués, griego, turco y croata. Es profesor en la Universidad de Iowa y columnista de El Mercurio. Entre 2011 y 2013, se desempeñó como embajador de Chile en México y como ministro de Cultura de su país.
manuelcdiaz@comcast.net
Roberto Ampuero estará presentado su novela Bahía de los misterios el domingo 23 de noviembre a las 12:45 p.m. en el Salón 3209 en el 2do piso del Edificio # 3
Esta historia fue publicada originalmente el 22 de noviembre de 2014, 7:00 a. m. with the headline "Roberto Ampuero, la aventura de la novela."