Artes y Letras

'A mí me interesa la libertad', conversación con Jorge Valls (video)

En marzo de 1964 se produjo en La Habana uno de los procesos judiciales más turbios de la historia de la revolución cubana. Se trata del juicio efectuado contra el joven Marcos Rodríguez, acusado de la delación que costó la vida a cuatros jóvenes que se encontraban escondidos en un apartamento ubicado en la calle Humboldt tras haber participado, en marzo de 1957, en acciones armadas para derrocar a al dictador Fulgencio Batista. El 20 de abril las fuerzas de la policía –al mando del capitán Esteban Ventura Novo– tomaron el edificio y mataron a Joe Westbrook, Juan Pedro Carbó Servía, José Machado y Fructuoso Rodríguez.

El “caso Marquitos” recibió una gran cobertura mediática y todos los que declararon frente a las cámaras de televisión, lo acusaban de traidor y delator. Hasta el mismo Fidel Castro participó y aunque dijo que la revolución no devoraba a sus hijos como Saturno, Marcos fue sentenciado a muerte. En ese escenario, sólo una persona lo defendió delante de toda la nación, su amigo, el poeta Jorge Valls Arango.

Fundador en 1955 del Directorio Revolucionario, Valls estaba muy vinculado a los movimientos obreros y tenía una gran vocación de disidente. Desde 1959 manifestó su descontento con el rumbo que Fidel Castro le daba a la Revolución triunfante y se involucró en actividades conspirativas. En 1964, poco tiempo después de finalizado el juicio de Marcos Rodríguez, Valls fue condenado a 20 años de cárcel. Una vez liberado, el poeta se fue al exilio donde defendió la tesis de la “revolución traicionada”. Murió en Miami el 22 de octubre, a los 82 años de edad.

En agosto de 2014, tuvimos la oportunidad de entrevistarlo en casa de Lucy Echeverría Bianchi, hermana de José Antonio Echeverría, el líder estudiantil abatido por la policía en una de las acciones del 13 de marzo de 1957. El material que presentamos a continuación sólo resume una pequeña parte de la vida y el pensamiento de Valls, una figura importante en la historia de los movimientos sociales y políticos del siglo XX en Cuba. es una de las tantas voces que contestan y desmienten, hasta desde la muerte, el mito de la revolución de los barbudos y los mesías.

¿Cuándo usted se integró al activismo político?

El 10 de marzo de 1952. El 10 de marzo lo veo como un desastre. A las seis de la mañana me despiertan, me dicen que Batista ha dado un golpe de Estado. Me voy para la Universidad que era el punto de contacto de todo el mundo. Estábamos en un grado de desorientación muy grande. Va [Rolando] Masferrer y promete conseguir armas. Me acuerdo que yo dije que con ese no se iba a ninguna parte, que nos embarcaba. Yo vivía en El Vedado, en la calle 13 entre 6 y 8, y cuando me desprendo para ir a la casa a almorzar me encuentro que la gente de Masferrer estaba en el café de 17 y 12, y que ya Masferrer estaba en contacto con Batista. Pero vuelvo a la Universidad tratando de forzar una huelga general. Ahí caí preso, cogí mis primeras entradas a patadas.

¿Qué pasó después de que lo sueltan?

Después del 10 de marzo quedamos como en un estado de perplejidad. Yo estaba cerca del Partido Ortodoxo, de Pelayito [hijo de Pelayo Cuervo, congresista y luego senador] que era amigo mío. Entonces íbamos a casa de los dirigentes ortodoxos esperando un tipo de reacción, a casa de [Roberto] Agramonte, a la casa de Pelayo Cuervo, pero eso no funcionaba, aquello no se movía. Y la Universidad, ¿no? En ese momento el lema de Batista era ‘Este es el hombre’, y el 30 de septiembre, creo, pusimos una tela de un extremo a otro de la Universidad que decía: ‘Este es el hombre que mató a Guiteras’. La figura de Antonio Guiteras nos era muy, muy simpática. Igual que era la gente del Partido [Comunista], pero el Partido se había asociado a Batista, y siguió asociado a Batista.

Se dice que los comunistas ya en los años 1950 fueron muy oportunistas y una de las explicaciones se basa en la alianza que hicieron con Fulgencio Batista.

Sí, hay una política distinta, o sea, es un Partido reducido, de minoría, que nunca fue Partido varón, fue siempre hembra, es decir, se sumaba a otro, el otro era el que guiaba y ellos apoyaban o seguían. Esta era una cosa que nos separaba.

Pero el Partido era sobre todo un Partido intelectual, de gente con talento pero con una incapacidad táctica muy grande. Entre otras cosas, porque estaba muy subordinado a Moscú. Y entonces el Partido cubano se regía por los intereses de Moscú con respecto a Estados Unidos; inclusive, el Buró de El Caribe residía en Nueva York. La política del Partido en los países nuestros era para acomodar a Estados Unidos, lo que pasa es que había una posición antimperialista en Cuba.

¿Cuáles fueron las reacciones de los estudiantes, con respecto al asalto al cuartel Moncada por parte de Fidel Castro?

La planificación del asalto al Moncada y su movimiento se hace en buena parte en casa de gente que eran como parientes míos, Fernando Aranda y Blanca del Valle. Aranda está en una conspiración que debe aprovechar la celebración de la Regata de Varadero para hacerle un atentado a Batista y un golpe en La Habana. Fernando no tenía mucha confianza en Fidel; pero Fidel vivió en casa de Fernando buen rato. Entonces Fernando le dice a Fidel: ‘Yo estoy en esto, pero si a mí lo que me interesara fuera lo mío personal, yo asalto un cuartel, y hay que contar conmigo en algún momento, pero como a mí lo que me interesa es Cuba, estoy en Varadero y voy a esto’. Fidel toma la palabra y se va a Oriente y hace el asalto al Moncada.

El asalto al Moncada se hizo para él, no tuvo ningún sentido estratégico, porque no iba a tumbar a nadie en Oriente. Inclusive en Oriente la gente revolucionaria cree que es una bronca entre militares, no saben nada de eso, Antonio Sagaró, Temístocles [Fuentes Rivera], toda esa gente, está fuera. Lo de El Moncada indudablemente fue un aventurerismo.

Pero curiosamente esa misma reacción la tuvo Fidel Castro con el asalto al Palacio Presidencial el 13 de marzo de 1957. Dijo que era algo aventurero.

Sí, sí. Bueno, el asalto al Palacio Presidencial era en buena parte para salir de Fidel; o sea, Menelao Mora, que es el señor del asalto a Palacio. Menelao era un tipo inteligente, muy valiente y muy responsable, muy limpio, pero él veía el ascenso publicitario de Fidel como algo negativo. Por otra parte, Fidel estaba en Oriente, y el criterio de muchos era que Fidel se iba a hacer una calzada de cráneos humanos desde Oriente hasta La Habana. Entonces el intento de hacer una cosa en La Habana significaba cortar eso y poner la revolución en su realidad. Indudablemente, la Sierra no quitó ni puso rey nunca, tú podías pasar en la Sierra 30 años que nadie se iba a enterar, y además, costaba, porque había que estarle mandado todo.

¿Cómo se logra el consenso entre los auténticos y el Directorio Revolucionario para asaltar el Palacio Presidencial?

El asalto a Palacio es otra cosa completamente distinta, no tiene que ver con el Directorio. El Directorio en un principio fue una idea original de Joe Westbrook, que tenía pasión por el mundo del proceso del año 33. Entonces Joe se apareció, yo estaba preso, y me dijo: ‘Jorge, vamos a crear un Directorio. Entonces me acuerdo que le dije que si era un Directorio Nacional Revolucionario, sí. Pero entonces salimos y ya empieza a influir extraordinariamente en Joe, específicamente la personalidad de Faure Chomón. La tesis era hacer un pequeño grupo para hacer la gestión primera, y entonces después crear el Directorio Nacional. Eso nunca se hizo, se quedó como una organización que iba en dirección contraria a lo que yo decía, precisamente.

Pero esa obsesión mesiánica y pura de Fidel Castro viene de la Ortodoxia, enfocada siempre en la figura de un líder.

Sí, claro. Todo el movimiento político en Cuba a través de la historia ha sido la figura de una individualidad que influye sobre los demás. Pero, espontáneamente, la gente se reúne alrededor de un caudillo. Entonces nosotros veíamos esto como herencia del caudillismo bárbaro en América y que había resultado en América del Sur en una serie de dictadorzuelos. Entonces nosotros; por ejemplo, los documentos se firmaban colectivamente, el destacar una personalidad, huíamos de eso. Con Fidel fue lo contrario, la gente iba a los actos revolucionarios, y la gente de Fidel cuando uno empezaba a hablar empezaban ellos a gritar: “Fidel, Fidel, Fidel, Fidel”, para que no se oyera. El problema era Fidel.

Existe una grabación que hizo RCA Víctor de un acto de la oposición celebrado en noviembre de 1955 en la Plaza de la Luz. En ese acto, José Antonio Echeverría estaba dando un discurso y se oye a la gente interrumpiéndolo y gritando: “¡¡Fidel, Fidel”!!! Esa grabación la tiene la Lucy, la hermana de José Antonio y nosotros la oímos.

El 26 de Julio fue un movimiento siempre de seguimiento del caudillo, y femenino. Las dos figuras que determinaron la psicología del 26 fueron Melba Hernández y Haydée Santamaría. Ninguna era muy sagaz políticamente, pero tenían por Fidel una devoción religiosa.

¿Qué actitud tomó usted frente al asalto a Palacio Presidencial?

Bueno, se suponía que yo estaría en el asalto a Palacio. Pasa que Menelao Mora fue convocando grupo por grupo. Entonces el asalto a Palacio como decía no tiene nada que ver con el Directorio, los del Directorio que participaron en el asalto fue un grupo de los llamados por Menelao Mora. Esto fue una conspiración militar que reclamaba, para poder actuar ellos en Columbia, la muerte de Batista. Entonces Menelao calcula la muerte de Batista como una acción de guerra. Personalmente convoca a grupos, porque Menelao conocía a mucha gente; bueno, cuando llegó al nuestro: ‘¿Cuántos de ustedes van a ir?’ Nos habíamos sorteado, le dijimos que éramos siete y nos acuartelamos.

Ahora, cuando llega el asalto muchas de estas conexiones se rompen, nos quedamos incomunicados… Esa noche dormimos en casa de Carlos Briones, con idea de que había otra operación probablemente en Columbia, y que para eso se nos llamaría, pero bueno, ya después aquello fue el desbarajuste. El asalto a Palacio no estuvo calculado estratégicamente, fue una gran corajada que por supuesto iba a perder, vista en términos estratégicos. O sea, estaba condenado al desastre. Eso en términos estratégicos, no lo pensamos en aquel momento; teníamos una visión poética de la guerra. Creo que fue Westbrook, el que se compró un traje para el asalto a Palacio, era como ir a la primera comunión.

Conocíamos a Fidel antes de la barba, y sabíamos que eso no iba a ninguna parte. Me preocupaba la libertad. No hay ninguna señal de libertades públicas de 1959 en adelante

Jorge Valls

poeta

Usted es de las primeras personas en criticar la línea del gobierno revolucionario de 1959.

Sí. Yo no me incorporo al gobierno, me siento mal de lo que está ocurriendo, y sé que lo que viene es peor. Nosotros conocíamos a Fidel antes de la barba, y sabíamos que eso no iba a ninguna parte. Me preocupaba la libertad, a mí me interesa la libertad. No hay ninguna señal de libertades públicas de 1959 en adelante. Soy socialista, pero creo que sin un clima de libertades previas todo acaba convirtiéndose en una dictadura. Y conozco a Fidel desde mucho antes. Por otra parte, el espíritu que viene en 1959 es el culto al caudillo. Había entre nosotros un rechazo del caudillo, a la adoración personal. La adoración del caudillo desesperada, aquella cosa de Fidel pavoneándose en público y la gente aplaudiendo y gritando, y tocando el Himno Nacional, no, no. Uno había tenido desde profesores hasta amigos que habían vivido en la Alemania nazi, y nada se parece más a la Alemania nazi que la Cuba de esos años. Porque el nazismo es la adoración de un hombre y la adoración a cualquier cosa que haga ese hombre.

El 1 de enero de 1959 lo veo como un desastre, precisamente como la caída de los ideales revolucionarios. Inclusive hablo con el Partido, hablo con Carlos Rafael [Rodríguez] en un momento, le digo: ‘¿Cómo ustedes están apoyando esto si saben lo que hay aquí?’ Y entonces la respuesta fue: ‘Si no, me parten las patas’. Y tenía razón, ¿no?

No es fácil. Mientras que la preocupación pequeño burguesa era el comunismo. Sin embargo, la burguesía cubana no se sentía incómoda con las referencias al nazismo y sí con las referencias al comunismo. Yo no me sentía mal con el comunismo, ni me siento mal con el comunismo, no con sus esfuerzos éticos. Tal vez es lo más interesante que ha ocurrido en 200 y pico de años. Ahora, sí me siento muy mal con formas de dictaduras.

Pero el comunismo de Stalin se articuló más o menos de esa manera.

No, no, pero en serio Stalin era un comunista, o sea, Stalin tiene una doctrina, tiene un proyecto. Es severo, es muy duro e indudablemente igual que Mao. Son dictadores; pero hay una tesis, mientras que en el mundo nazi es el seguimiento del caudillo adonde quiera que vaya; y esto fue así en Cuba. En Cuba hubo gritos, ¿cómo era aquello?, ´Si Fidel es comunista, que me pongan en la lista´. O sea, a la gente no le importaba adónde iba o no, sino sencillamente era el seguimiento de Fidel. Ese culto repugnante para mí era como una cosa homosexual.

¿Podría contar de qué modo cae preso en 1964?

Ya había regresado de México. Llego una noche a mi casa y me encuentro a la policía registrando los papeles míos. Está un amigo de mi padre, se llevan preso a mi padre, al amigo de mi padre y a mí. A ellos los sueltan un poco antes; pero yo me quedo como una semana, una cosa así, no puedo recordar más. Caí preso varias veces. En un momento dado me entrevista la Seguridad del Estado, hay una conversación, no ha pasado nada distinto a lo demás, pero me dicen: ‘Te has puesto en contra de nosotros, nosotros hemos decidido ponernos en contra tuya’. Les dije: ‘Está bien’. Y entonces ahí me echaron los 20 años. Realmente no había una acusación concreta para los 20 años. Es verdad que yo había estado en contra desde el primer momento, había estado conspirando y había estado haciendo todo lo que podía.

¿En México usted había tenido contacto con algún comunista? Allí estaban Joaquín Ordoqui y Edith García Buchaca.

A Ordoqui lo conocí en La Habana. Marcos era muy amigo de Ordoqui.

¿Usted se refiere a Marcos Rodríguez?

Marcos Rodríguez, sí.

¿Qué usted cree de ese caso?, porque Esteban Ventura en sus Memorias dice que fueron Faure Chomón y el comandante Raúl Díaz Argüelles los delatores de los muchachos de Humboldt 7.

Tiene razón Ventura. Lo más probable es eso.

¿Usted realmente cree en esa versión?

Sí, es perfectamente creíble.

¿Por qué señala eso si hace un momento nos dijo que Faure Chomón había sido un líder importante? ¿Cómo puede ser viable esta idea?

Sí, sí, sí. La tesis de Ventura se rechaza porque es Ventura quien lo dijo, nada más que por eso.

¿Y entonces Marcos fue un chivo expiatorio?

Claro. En parte, y sobre todo para exculpar a lo que podía haber sido real. Cuando hay un muerto en política, la pregunta es a quién conviene. Indudablemente la muerte de la gente de Humboldt 7 fue muy conveniente para algunos.

¿En qué cárceles estuvo preso?

Después de que me detuvo la Seguridad del Estado, me mandaron a La Cabaña; de la Cabaña a El Príncipe. Luego me llevaron a la cárcel de Boniato, hasta el presidio en Isla de Pinos.

¿En algún momento le hablaron de rehabilitación política?

Sí. Pero una de las cuestiones de la rehabilitación era la familia, que pesaba como un ancla de hierro. La edad era otra razón de peso para aceptar la rehabilitación, por ejemplo. La persona ya a cierta edad no podía aguantar el rigor de presidio. El riesgo era otra cuestión, o sea, hubo un compañero de nosotros que le dijimos: ‘No, tú vas para el plan de rehabilitación porque aquí te van a matar’. Sabíamos que por cualquier pretexto le iban a meter un balazo; entonces, una manera de protegerlo era esa. Hubo una mitología de que si el plan de rehabilitación representaba a los más flojos. No, todo lo contrario. Yo tengo amigos que fueron al plan de rehabilitación, salieron y cayeron en una causa peor. Había un elemento táctico que cada uno sabía lo que podía dar. ¿Entonces por qué yo no voy? Sé que no voy a sacar nada, o sea, si voy al plan de rehabilitación voy a meterme 20 años igual, porque yo soy Jorge Valls, y me conocen ellos y yo los conozco a ellos, ya está. El plan de rehabilitación tuvo mucho de juego psicológico…

¿Entonces la rehabilitación era una táctica?

Sí. Claro, claro. Se estimulaba la idea de que los flojos iban al plan de rehabilitación. Todo el tema político es un capítulo de psicología, o sea, no existe dictador si no existe una personalidad muy atractiva y gente muy atraída. La democracia es un esfuerzo por llevar la razón a la vida política. Yo no soy muy demócrata, yo soy monárquico. Aquí en América suena muy poco raro, no tanto en el Brasil ni en el propio México. Pero en Europa aprendí que la monarquía era un partido con vigencia actual.

¿Pero usted dijo que es socialista y a la vez monárquico, cómo funciona eso?

¿Los mejores regímenes socialistas no son una monarquía? Noruega, Suecia, Holanda, Bélgica, Inglaterra. La monarquía da la unidad al reino, entonces permite a la población identificarse con alguien que no tiene partido. La superioridad de la monarquía es que el gobierno no es un partido, sino el gobierno es parte de la nación, entonces el monarca se siente responsable por todo, por los azules, por los verdes y por los coloraos. La democracia nunca llega a tener eso porque es un principio de abstracción. Entonces puedes tener un capítulo democrático dentro de una monarquía. Generalmente, las democracias derivan en plutocracias, ni siquiera en aristocracias. Generalmente las democracias republicanas tienden a constituir una clase económica que es la que quita y pone el rey. Estados Unidos es un ejemplo de eso. Sin embargo, los países más seriamente democráticos, por ejemplo, Noruega, Suecia, Dinamarca, la propia Inglaterra, fíjate, todos tienen monarquías.

Esta historia fue publicada originalmente el 31 de octubre de 2015, 8:00 a. m. with the headline "'A mí me interesa la libertad', conversación con Jorge Valls (video)."

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