Artes y Letras

Julia Navarro: más allá de las etiquetas

Julia Navarro
Julia Navarro

Reacia a ser catalogada a partir de las considerables cifras de ventas de sus libros, Julia Navarro (Madrid, 1953) fue primero una periodista de raza y luego se ha convertido en una escritora de éxito. Ahora acaba de presentar en Miami su novela, Dispara, yo ya estoy muerto, su más reciente intento de agarrar la Historia –con mayúscula– por los cuernos, reenfocándola para el lector de hoy.

Hace unos meses, a unos pasos de donde tuvo lugar la Feria del Libro de Miami, se produjeron algunas manifestaciones en favor de los palestinos, en una ciudad que tiene una larga franja judía. Ahora llega usted con una novela de casi mil páginas que intenta desentrañar las raíces de ese conflicto.

Dispara, yo ya estoy muerto es una reflexión sobre la lucha de unos personajes contra sus circunstancias. Y sí, es verdad, muchos lectores me dicen que leyendo la novela comprenden mejor el origen del conflicto. Ese origen hay que buscarlo en la I Guerra Mundial, en sus consecuencias, el fin del imperio otomano y el que Inglaterra y Francia, las potencias de la época, se repartieron el mapa de Europa y el de Oriente Medio. En todo caso es urgente encontrar de una vez por todas una solución a ese conflicto que, en mi opinión, pasa por la existencia de dos Estados, el Estado de Israel y un Estado palestino.

En 2010 consideraba que Dime quién soy era su novela más ambiciosa, pues recorría cerca de diez capitales y varios eventos históricos del siglo XX. Este año ha dicho que Dispara, yo ya estoy muerto es “la más dura”, un texto donde no hay concesiones…

Para mí Dime quién soy es una novela muy especial. Tiene que ver con mi propia memoria familiar, con historias que yo escuchaba a mi abuela sobre la Guerra Civil española, sobre los años de la posguerra. En cuanto a Dispara, yo ya estoy muerto, es verdad que es una novela dura, me lo dicen los lectores. No les ahorro el sufrimiento que supone la descripción de lo que sucedió en los campos de exterminio, sobre todo en Auschwitz. El Holocausto es la página más negra de la Historia de la Humanidad y hay que contar lo que pasó sin concesiones, con toda la crudeza, con todo el dolor, con el horror de lo que aquello supuso.

Usted ha defendido la idea de que somos resultado de una circunstancia: nacer aquí o allá, en esta o en otra familia, con una religión, con otra o sin ella. Diríamos que esto marca a los personajes, pero también a los mismos escritores. Usted nace en pleno franquismo y luego es testigo activo de la transición española…

Yo no soy determinista, todo lo contrario. Lo que digo es que los seres humanos desde el principio de los tiempos luchamos contra las circunstancias. Y creo que siempre hay que dar la batalla para cambiar aquellas circunstancias que nos son adversas. Siempre tenemos la última palabra. Los hombres de la Edad de Piedra salían de las cuevas y tenían que enfrentarse a animales feroces, a temperaturas extremas, a un mundo del que nada conocían y por tanto no comprendían. Eran sus circunstancias, se enfrentaron a ellas y lograron ganarle la batalla a esa naturaleza hostil. Por eso hemos llegado hasta aquí. Se trata de eso, de luchar por cambiar las circunstancias. Es lo que hacemos todos los días: queremos tener un trabajo mejor, una vida satisfactoria, y ponemos todo nuestro empeño en conseguirlo.

En Dime quién soy hay una explosión de ciudades: Moscú, Roma, Atenas, El Cairo, muchas otras que funcionan también como personajes. Dispara, yo ya estoy muerto empieza en San Petersburgo, pasa por París y termina en Jerusalén. ¿Siempre tiene esa necesidad de ubicuidad?

Siempre cuento historias globales. Supongo que tiene que ver con mi propia visión del mundo y mi manera de ser.

¿Escribiría una novela, estilo Madame Bovary, enclavada en un solo país, por ejemplo, en un anodino pueblo de Extremadura, donde solo baste un conflicto entre dos, tres personas?

Lo importante es contar una historia, da lo mismo que tenga muchos escenarios o uno solo. Se trata de que lo que cuentas interese al lector.

Es evidente que usted no puede desprenderse de su vasta experiencia como periodista política. ¿Sigue pensando que es simplemente una periodista que escribe novela?

Es lo que soy: una periodista que escribe novelas, aunque ahora ya no ejerzo el periodismo. Pero lo he ejercido durante más de treinta y cinco años.

Dime quién soy fue un rotundo éxito de ventas; esta otra parece ir por un camino parecido. Imaginamos que algo debe haber ocurrido en su vida tras tanto éxito...

Yo no despego los pies del suelo. Me he dedicado demasiados años al periodismo y he visto a mucha gente creerse que estaba en la cima y luego caer, de manera que sé que el éxito es algo que se escapa con mucha facilidad de las manos. Mi vida no ha cambiado por vender novelas. Tengo los mismos amigos, vivo en la misma casa y hago las mismas cosas que hacía.

Mientras, usted insiste en rechazar letreros tan rotundos como novela histórica y bestseller

Es que no escribo novelas históricas. Escribo historias de personajes, historias que transcurren en un tiempo determinado, como todas las novelas. Me preocupa contextualizar bien, pero mi objetivo no es contar la "gran" Historia sino pequeñas historias.

En cuanto al termino bestseller..., la verdad es que se me escapa qué es un Best-seller. Podemos decir que un bestseller es un libro que se vende mucho, vale, pero no hay unos ingredientes que convenientemente mezclados den la fórmula exacta para hacer un libro que se venda mucho.

Vamos, que no hay un pócima del mago Merlín para vender libros. Son los lectores los que deciden, los que tienen la última palabra. Y los lectores son capaces de convertir en best seller Cien años de soledad porque se ha vendido por millones en todo el mundo, o hacer un best seller de El nombre de la rosa, de Umberto Eco. Pongo dos ejemplos de dos libros extraordinarios, con una calidad literaria indiscutible. Pero los lectores también son capaces de convertir en bestseller otros libros que no tienen calidad. No pongo ejemplos para no ofender a nadie.

Huyo de las etiquetas, no sé por qué hay quienes quieren etiquetarlo todo. Yo escribo libros y son los lectores los que dan su veredicto. Con cada libro tengo la sensación de que parto de cero, de que me la juego, de que vuelvo a empezar. Y hasta ahora me ha ido bien y por eso le estoy muy agradecida a los libreros que siempre me han apoyado y a los lectores, sobre todo a los lectores.

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