‘Suite francesa’, una excelente lectura recuperada
Varias familias abandonan París ante el inminente avance de las tropas alemanas. El enemigo ha cruzado el Sena y la burguesía huye a los pueblos y campos con algunas pertenencias y algunos fieles sirvientes. Atrás quedan la casa, los negocios, las porcelanas Sevres, la vida de confort y los recuerdos. Es la Guerra.
Los hijos pequeños del matrimonio Pericand se marcharon con la nana a su casa adonde estarán protegidos. Los Michaud, los Angellier, los Langelet, los Pericand y los Corte escapan a pueblos cercanos y a granjas donde creen que no llegarán los bombardeos.
Irène Némirovsky (Kiev, 1903-1942) escribió este manuscrito antes de desaparecer víctima de la persecución y captura de judíos por los nazis en Francia, donde residía con su esposo y dos hijas y adonde había emigrado de adolescente con sus padres huyendo de las revolución bolchevique en su Rusia natal. Némirovsky junto a su esposo Michel Epstein fueron asesinados en Auschwitz. Sus hijas guardaron este voluminoso, sorprendente y valioso relato hasta 2004, año en que vio la luz por primera vez, 62 años después de ser escrito. La novela se ha traducido a 39 idiomas y ganado numerosos premios. La autora ha publicado seis libros más.
Suite francesa (Salamandra, 2010) es una novela autobiográfica; un documento testimonial detallado y hermoso de cómo enfrentaron las vicisitudes de una devastadora guerra varias familias francesas, incluyendo la suya, con nombre cambiado.
La saga nos lleva por las carreteras a pequeños pueblos donde ya han llegado otras familias y donde escasean los comestibles y las habitaciones en hoteles y granjas del camino. El frío, el hambre y la angustia son los compañeros de viaje.
¿Qué iba a hacer Charles Langelet con sus refinamientos, con sus escrúpulos que constituían la base de su carácter en medio de aquella muchedumbre enloquecida? escribe Némirovsky. Los Michaud y todos los empleados del banco abandonaban París hacia Tours. Un río de coches, camiones, bicicletas y carros abandonaban la ciudad. Un atasco caótico inundaba la carretera con cajas, maletas, ropa, colchones. La señora Pericand llevaba comida que repartió entre otros refugiados. Las tiendas estaban vacías. A los Michaud los recoge un camión militar francés y llegan a un pueblo sin nombre. Las bombas caen y el pánico cunde.
(Setenticinco años después vemos una situación similar en la Europa actual. La historia se repite, solo que ahora huyen por mar, a pie, y en tren desde el Medio Oriente hacia Alemania, Croacia y Escandinavia escapando de los terroristas islámicos y los bombardeos en Siria, hambre y totalitarismos en Africa, y sistemas caóticos en Libia y Egipto.)
En medio del horror de los aviones alemanes e italianos bombardeando Francia, Némirovsky es capaz de describir el paisaje lírico de un atardecer “suave y dorado, sin demasiado calor, el final de un día espléndido. Una dulce sombra se extendía sobre los campos y caminos, como un ala. Del cercano bosque llegaba un débil aroma a fresas”.
Mientras, en otra parte de Francia, un grupo de obreros se roban la comida y el champán de los Corte, y de ellos dicen: “No es que sean malos. Lo que pasa es que no conocen la vida”. Por su parte, los Pericand se hospedan en casa de dos viejas solteronas, y no llegan nunca a Tours que era su destino por orden del banco donde trabajaban. Hubert, el joven de la familia, huye del refugio para unirse al ejército francés sin más armas que su valentía y curiosidad por conocer el campo de batalla. Y Phillipe, el sacerdote, muere de forma brutal.
A mitad del libro, la novela se transforma en otra novela. Las siguientes 200 páginas es el relato de la vida cotidiana bajo la ocupación alemana. La madre y la esposa de Gastón Angellier, prisionero de los alemanes, viven en un viejo caserón oscuro, típico de terratenientes. Comparten casa con el enemigo, pendientes del soldado alemán asignado a vivir con ellas, mientras Gastón está prisionero de los alemanes en algún lugar del planeta. El día a día no solo es angustioso y aterrrador, sino peligroso. Un tenebroso juego de equilibrio. Sin embargo, Némirovsky lo asume en la ficción con total humanismo. Un largo estudio del alma humana antes las más negras circunstancias. Valió la pena rescatar estas páginas de una parte de la historia que todavía repercute y enseña la barbarie de que es capaz el ser humano por dominar sobre otros.
Esta historia fue publicada originalmente el 5 de noviembre de 2015, 7:21 a. m. with the headline "‘Suite francesa’, una excelente lectura recuperada."