Artes y Letras

‘Donde se quiebra la luz’ aparece la belleza

Lizette Espinosa

La poesía llegó a Lizette Espinosa de la mano de Martí, Lorca, Rubén Darío, Neruda y Dulce María Loynaz. Tampoco escapó a los poemas de amor de Bécquer, ni a los de Benedetti y Buesa. Pero no fue hasta que descubrió a Alejandra Pizarnik, Wislawa Szymborska, Whitman y Emily Dickinson que su poesía comenzó a tomar otros derroteros.

Y, paradójicamente, cuando abandonó la isla empezó a explorar y a enamorarse de la literatura cubana. Según dice acertadamente la escritora Chely Lima, en este primer libro publicado por Eriginal Books, Espinosa aparece con un estilo que ha cuajado para darle un perfil muy preciso, muy suyo, a esa forma de versificar con tanta sutileza, sin amaneramientos ni excesos de palabras.

“Escribir era –y sigue siendo– una especie de conversación conmigo misma, un espacio donde intentar definir o interpretar todo aquello que acontece dentro y fuera de mi universo”, dice Espinosa, que le dedica este libro a su madre, su ejemplo de tenacidad y confianza en sí misma.

Uno de los poemas más bellos es Te conozco: He sabido de ti, mujer/ de la raíz dañada y el deshoje/ crucial para salir ilesa./ He vestido tus muertos y ungido/ con el santo óleo a las memorias... La escritora lo comenzó inspirada en la historia de alguien y, al terminarlo, notó que de cierta forma también hablaba de ella. “Hay tantos denominadores comunes con otras realidades que creemos ajenas y que realmente no lo son del todo”.

Ciertos textos fueron escritos en una época de su vida en la que enfrentaba diferentes retos, por eso en algunos asoma la incertidumbre y el cuestionamiento. “La vida para mí es un milagro, una oportunidad única de ser y hacer; nuestra responsabilidad consiste en dejar la huella de nuestra presencia de la manera más digna y hermosa que podamos”.

Hay varios poemas en el libro dedicados a su padre, con quien tuvo una relación corta. La muerte se lo llevó pronto y la escritora se quedó con muchas preguntas, vivencias truncadas y también con muchos deseos de conocer un poco más su alma: Te tuve poco,/ y fueron cortas las palabras/ que alcanzamos a decir/ y fuerte el viento/ azotando las distancias/ que nunca salvamos…

Y Contemplación desvela la esencia de la escritora: Viajo en el sueño del agua./ Soy el sueño del agua./ La barca que reposa/ sobre el agua dormida./ Soy la visión del pez/ y su inocencia…

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