Artes y Letras

Centenario del nacimiento de Octavio Paz y Julio Cortázar

Homenaje a Julio Cortázar y Octavio Paz en el Centro Cultural Español. De izq. a der.: Adriana Bianco, Nayeli Damián, Luis F. Alvarado y Juan Blanco.
Homenaje a Julio Cortázar y Octavio Paz en el Centro Cultural Español. De izq. a der.: Adriana Bianco, Nayeli Damián, Luis F. Alvarado y Juan Blanco. el Nuevo Herald

Conocí la obra del poeta y ensayista mexicano Octavio Paz, Premio Nobel 1990, Premio Miguel de Cervantes 1981, en Filadelfia, a fines de los años 1960, cuando estudiaba en la Universidad de Pennsylvania. Uno de los ensayos que leíamos era El laberinto de la soledad. Desde entonces me deslumbró, hasta que escogí su obra El arco y la lira como tema de mi tesis doctoral (de 1980). Cuando finalmente pude entrevistarlo para este periódico, tuve el regocijo de encontrarme con él personalmente por segunda vez.

Cinco años antes de 1979 me enfrasqué en las obras que Paz había leído, de Claude Lévi-Strauss, Martin Heidegger, Andre Breton, los poetas simbolistas franceses, T.S. Eliot, obras sobre el hinduismo, el budismo, y la colección de Duchamp en el Museo de Arte de Filadelfia, tras leer su libro Marcel Duchamp o el castillo de la pureza, al mismo tiempo que hurgaba en sus libros de poesía y ensayo, tan penetrados de la influencia de su estadía como embajador en la India. Luego los que publicó después de mi tesis, como Tiempo nublado (1983), La llama doble (1993), etc., y sus artículos en la revista Vuelta, que había comenzado después de cerrar Plural, y en la que se exaltaron los nuevos descubrimientos científicos.

En este centenario de la fecha de su nacimiento, el 31 de marzo de 1914, que ocurrió en medio de la Revolución Mexicana, muchas conmemoraciones se han llevado a cabo. La más reciente fue el miércoles pasado en el Centro Cultural Español de Miami, organizada por la periodista, activista cultural y actriz argentina Adriana Bianco y por Francisco Tardío, director del CCEM.

El homenaje se extendió al escritor francoargentino Julio Cortázar, también nacido en 1914, un año guerrero, comienzo de la Primera Guerra Mundial. Autor de Cronopios y famas, cuentos que parecen circenses, y la novela Rayuela, con la estructura de un juego de la infancia.

Bianco describió muy bien a Cortázar, a quien conoció en París, adonde fue a estudiar durante la primavera de mayo de 1968. El escritor argentino vivió en esa ciudad en la época del existencialismo desde 1951 y, según Bianco, hizo un giro en su pensamiento, descubriendo lo social y lo político de Latinoamérica, a lo que lo impulsó la editora y traductora Ugne Karvelis, quien era culturalmente muy importante en Gallimard, y luego fue ministra de cultura de Lituania.

“Fueron pareja durante casi cinco años en París y ella fue la conciencia social de Cortázar. El había rechazado el movimiento peronista en su juventud, pero en su madurez tuvo un reencuentro con el segundo peronismo”, dijo Bianco, y añadió que eso se explica muy bien en el prólogo de Mario Vargas Llosa a las Obras completas de Cortázar.

“Teníamos muchos amigos en el cine. No le gustaban las novelas y cuentos adaptados, aunque tuvo varios llevados al cine”, comentó Bianco. Blow Up, por ejemplo, es el filme más reconocido, por Michelangelo Antonioni en 1966, una adaptación de Las babas del diablo, del libro Las armas secretas, de 1959. Cartas a mamá (incluido también en Las armas secretas), fue otro mencionado por Bianco, que relata una historia de amor, de dos hermanos enamorados de la misma mujer, “y que cruza esa frontera entre el sentido de la realidad y de la idealidad”.

Manuel Antín adaptó este cuento en 1962, con el título La cifra impar. Más tarde, en 1964, Antín adaptó Circe, del libro Bestiario (1951), que no lo apasionó. Al llegar otro filme, Intimidad de los parques, de 1965, una fusión de dos cuentos, ya a Cortázar no le gustó nada.

A pesar de haber vivido tantos años en París, Cortázar escribió en el lenguaje y el estilo que quedó enraizado desde su niñez en Argentina, y como dijo Bianco, entroncado en la línea de la literatura fantástica de Leopoldo Lugones, Bioy Casares y Jorge Luis Borges.

Otros integrantes del panel fueron el poeta y actor Ariel López Padilla; Nayeli Damián, directora del Instituto Cultural de México; el doctor Juan Blanco, director del CLACI, Centro de Iniciativas de Latinoamérica y el Caribe del Miami Dade College, y el profesor Luis Alvarado. La revista Nagari copatrocinó el evento. • 

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