Artes y Letras

Femicidio e impunidad como inspiración literaria

La autora Selva Almada le puso nombre y cara a las víctimas de femicidio en Argentina.
La autora Selva Almada le puso nombre y cara a las víctimas de femicidio en Argentina. Cortesía

Los crímenes contra la mujer llegan a la Feria del Libro de Miami con Chicas Muertas, la más reciente obra de la argentina Selva Almada, quien arribó al sur de la Florida el viernes y estará el fin de semana en el downtown de Miami promoviendo su obra.

Chicas Muertas cuenta las trágicas y violentas muertes de tres adolescentes argentinas, en un entorno de machismo y exclusión, mucho antes de que se acuñara el término ‘femicidio’ en ese país. Fueron tres muertes de chicas reales, que despertaron en Almada un enorme interés por estos asuntos, desde sus primeros años.

“Cuando ocurrieron estos casos (años 80) yo era una adolescente, y el detonante para escribir el libro fue el caso de Andrea, porque la asesinaron en su casa, en su cama, cuando dormía”, dijo Selva Almada, en entrevista con el Nuevo Herald.

“Eso fue muy impactante para las mujeres de mi edad, porque habíamos sido criadas con la idea de que adentro de tu casa estabas segura, y el peligro siempre se quedaba afuera. El asesinato de alguien en su cama, con los padres durmiendo con la habitación de al lado, echó al suelo esa creencia”.

El caso de Andrea siempre estuvo presente en la memoria de Almada y de sus amigas, quienes le contaban que también les había cambiado su rutina. Comenzaron a revisar debajo de la cama o en el armario antes de ir a la cama, con miedo a dormir en su propia casa.

“… Fue a la habitación de las hijas y encendió la luz. Andrea seguía acostada, pero tenía sangre en la nariz. Según dijo se quedó paralizada, sin moverse del vano de la puerta y llamó a su esposo a los gritos, dos o tres veces. Vení, algo le pasa a Andrea. Él se tomó el tiempo de ponerse un pantalón y una camisa de grafa, antes de entrar al dormitorio. Levantó a Andrea por los hombros y otro poco de sangre manó de su pecho”. (Chicas Muertas. Pg. 36.)

Cientos de casos de violencia contra la mujer en Argentina aterrizaron en una doliente: María Soledad Morales, de Catamarca, una estudiante que murió en 1990 y que Almada recuerda como el primer gran caso que trascendió de su provincia y llegó a la prensa nacional.

María Soledad fue hallada sin vida el 10 de septiembre de 1990, tras ser violada, y golpeada violentamente. La autopsia reveló que había muerto por una sobredosis de cocaína. Según el diario argentino El Clarín, sus padres reconocieron el cuerpo, severamente desfigurado, por una cicatriz en una muñeca. Tenía 17 años.

“Su caso sirvió para desmantelar y desenmascarar que los hijos de los ricos, los poderosos y los feudales (sí, feudales, en el siglo 21, aunque no lo crean) levantan chicas de clase media baja o baja, las llevan para animar sus fiestas y ocurren muertes, por sobredosis de drogas o alcohol, o por lo que sea”, dice Almada. “Pero los casos que yo relato no terminaron así. Nunca se encontraron los culpables. Siguen impunes”.

Con los años, la prensa argentina empezó a darle más cabida a este tipo de historias, y la gente en la calle comenzó a hablar mas de los casos, refiriéndose a ellos por el nombre de la víctima, recuerda la escritora.

“Yo escuchaba el horror que era enterarse de algo que antes no pasaba, como una moda, y me sorprendía que lo hicieran con una frase. Decían ‘¿qué es esta moda de matar mujeres? Esto no pasaba antes’. ¡Pero sí pasaba! Es solo que no se le daba al tema la importancia que se le da ahora”, agrega Almada.

Una mujer muere asesinada cada 30 horas en Argentina, según el Observatorio de Femicidios de la Asociación Civil la Casa del Encuentro. La cifra aumentó 15 por ciento entre 2012 y 2013, y lo números se obtienen dependiendo de las denuncias.

“Recuerdo mucho un artículo en Página 12 sobre femicidios que eran tratados como suicidios. Hablaba de una muchacha de mi pueblo que se ahorcó, y mi madre me decía que no creía que se hubiera suicidado, sino que había sido el marido, que todos sabían que le pegaba”, recuerda Almada.

El tema de la violencia contra las mujeres se ha popularizado, y al interés que despierta el tema le atribuye la escritora en buena medida el éxito de Chicas Muertas.

“Salió primero en Argentina y en Chile, donde tuvo muy buena acogida. Luego saltó a España y de allí a México, Colombia y Latinoamérica”.

En cuanto a la escritura, es prominente el uso de términos propios de Argentina, que la autora defiende en su autenticidad.

“No pactaría hacer un lenguaje neutro, para que el libro se lea en toda Latinoamérica. Así como me encanta leer a (Juan) Rulfo, con todos sus modismos, esto es igual”, dice Almada. “Me parece que el interés en el libro radica mucho en el interés del tema. Además, fue traducido al francés y hay palabras que se dejaron así, tal cual, como asado o mate”.

Para poder escribir el libro, Almada accedió a los expedientes policiales y analizó el material por más de dos años antes de escribir la primera línea.

“Tenía todo para hacerlo, pero me costaba encarar la escritura. Sabía que debía ser una escritura rápida. No podía quedarme mucho en ese dolor y esa oscuridad, porque es muy oscuro, por la impunidad”, dice la escritora.

“Aún me pregunto, estos tipos que mataron a estas mujeres, ¿siguieron viviendo en la misma comunidad, con sus amigos y sus familiares? ¿Volvieron a matar? ¿Qué pasó ese día, que terminó convirtiéndolos en asesinos y a ellas en víctimas?”.

Esta historia fue publicada originalmente el 21 de noviembre de 2015, 6:01 p. m. with the headline "Femicidio e impunidad como inspiración literaria."

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