Artes y Letras

‘Los zapatos de Isidro’, una conmovedora novela

La novela Los zapatos de Isidro (Las Ceibas Publisher, 2012), de la escritora colombiana Madeleine de Cubas, es fresca, imaginativa y muy bien escrita y, a pesar de la extensión argumental de su historia y de sus numerosos personajes, se lee de un tirón. Mediante una estructura lineal bien definida, escenas que se encadenan cronológicamente y personajes muy logrados, narra la historia de Isidro, un niño pobre que vive en un humilde caserío de pescadores en el Pacífico de Colombia (donde un simple par de zapatos era considerado un lujo), así como la de las familias de Peter Lawrence y Emilio Madriñán, dueño y gerente, respectivamente, de una importante firma pesquera, cuyos hijos llegan a considerar a Isidro como un hermano.

En el primer capítulo se describen las condiciones de vida en El Chahal, el caserío donde nació Isidro: "Las viviendas eran bohíos de bahareque semejantes a palomares, construidos sobre pilones de madera por encima del nivel del mar. El Chahal no tenía electricidad ni servicios sanitarios. Sin otras alternativas de esparcimiento, las principales distracciones para sus habitantes eran el alcohol y el sexo. Las familias crecían sin ningún control. Debido a las perennes carencias, las mujeres trataban de depararle a sus hijos una suerte mejor y los ofrecían para que trabajaran en Cali".

El segundo capítulo es dedicado a presentar a los miembros de la familia Lawrence, Peter ("un norteamericano desenfadado y de carácter alegre que había llegado a Colombia desde California hacia ya más de veinte años"), su esposa Susana (quien bebía en exceso y frecuentemente se dejaba llevar por ataques de celos), y sus hijos Jacqueline y Andrew. En ese mismo segmento también aparecen los miembros de la familia Madriñán, Emilio ("Su corazón era cálido y generoso y aunque era un trabajador incansable que dedicaba la mayor parte del tiempo a sus labores, sus grandes amores eran su familia, la naturaleza y sus libros"), su esposa Cristina ("bonita y frívola"), y sus cuatro hijos, Natalia, Lina, Alejandro y Felipe.

Lo que sigue es una sucesión de eventos que comienza en Cali con el viaje de la familia Madriñán a Tumaco, una ciudad portuaria cerca de la frontera de Ecuador y famosa por sus playas, donde pasarán sus vacaciones de verano. Y es aquí donde realmente comienza la novela cuando Servelina, la madre de Isidro ("una negra joven y bonita, de ojos color avellana, que empacaba camarón en la fabrica"), lleva al niño para pedirle a Emilio que le consiga un trabajo: "Patroncito, éste e' Isidro, el mayó de mi varone. Lo traigo pa' que me le consiga una coloca en Cali. La etamo pasando duura..., patroncito". Los hijos de Emilio, miraban consternados la escena. Pero cuando Isidro habló ("quiero trabajá y ganá plata pa' ayudá a mi mamá y mij hermano, y juntá algo para comprame zapato), no pudieron contener el llanto. A partir de ese momento los niños se hacen inseparables y una hermosa historia, repleta de amor y compasión, comienza a desarrollarse en medio de la incomprensión, los prejuicios raciales y la injusticia social.

Los zapatos de Isidro es una novela que aborda temas de fuerte contenido humano. Y aunque está escrita de una manera directa, sin rebuscamientos verbales, es conmovedora en esencia. Su trama avanza en línea recta y sin apuro hacia un final que se avizora trágico. Es evidente que a la autora lo que le interesa es contar esa historia. Y lo logra. Sus capítulos se suceden con precisión de tiempo y espacio; como si fuesen las escenas de un guión cinematográfico. Los escenarios, tanto rurales como urbanos, están descritos con sorprendente meticulosidad. Y sus personajes, repletos de contradicciones, se enfrentan como mejor pueden a sus destinos. Las páginas finales son, además de aleccionadoras, tremendamente emotivas.

Madeleine de Cubas nació en Cali, Colombia, en 1951. Estudio la primaria y parte de la secundaria en Bogota y se gradúo de Bachiller en Cali. Regresó a Bogota e ingresó en la facultad de Derecho de la Universidad del Rosario, en donde se recibió como abogada. Reside en Miami desde hace treinta años.

manuelcdiaz@comcast.net

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