Artes y Letras

Primer Reconocimiento por la Trayectoria Literaria en la Feria del Libro de Miami

Montes Huidobro en la Feria Internacional del Libro de Miami.
Montes Huidobro en la Feria Internacional del Libro de Miami.

El Primer Reconocimiento por la Trayectoria Literaria en la Feria del Libro de Miami del Miami Dade College, le fue entregado el miércoles 18 al escritor Matías Montes Huidobro, profesor emérito de la Universidad de Hawaii, quien reside en Miami desde su jubilación.

Tuve la oportunidad de presentarlo esa noche en el recinto Wolfson donde se celebraron todos los actos de la Feria, destacando su último libro, Claves literarias de las letras cubanas: del areíto a la Independencia (Editorial Persona). Esto fue seguido por un testimonio del crítico Rolando Morelli, que lo vio desde su exilio, y otro de su obra total, vista desde Cuba, por Ernesto Fundora, de la Universidad de Miami. El premio le fue entregado por Alina Interián, que por muchos años dirigió la Feria del Libro. Todo el evento fue moderado por el colega Daniel Shoer. Esto fue seguido de una lectura de poemas selectos por estudiantes de Vivian Ruiz en el Teatro Prometeo, y escenas de una nueva obra dramática de Montes Huidobro, basada en el epistolario de Gertrudis Gómez de Avellaneda a Ignacio de Cepeda, que dramatizó la recitadora y actriz Bertila Pozo.

Claves literarias de las letras cubanas: del areíto a la Independencia, es una colección de ensayos, algunos inéditos, otros impresos en publicaciones de difícil acceso, y son todos sobre la dramaturgia cubana de la época colonial. La parte que se refiere al areíto es prácticamente creada por el escritor, porque muy poco se conoce de ese ritual antillano de los siboneyes. Es un estilo de frases cortas en que el dramaturgo recrea el areíto a través del lenguaje. La primera obra del teatro cubano, El príncipe jardinero y Fingido Cloridano (1730-33), de Santiago de Pita, tiene intencional carácter erótico, una tradición que se continuó en el teatro cubano, más sensual que místico, definitivamente hedonista, opinó Montes Huidobro.

Sus próximos capítulos los dedicó al teatro bufo, o llamado vernáculo, que tuvo gran éxito en la isla. Aunque también se escenificaron muchas óperas italianas de las que hubo parodias en el teatro bufo. Unos párrafos de Indagación del choteo, de Jorge Mañach, que este describió como una forma de rebelión contra la autoridad, le da pie a su crítica del teatro bufo. Pero Montes Huidobro comentó en la entrevista que lo que más le interesaba era el aspecto del catedratismo en el vernáculo. Ya él había editado Los negros catedráticos, de Francisco Fernández, y hay en el libro un ensayo sobre esta obra. El catedratismo es cómico, porque se expresa con una distorsión matemático-gramatical a través del actor que habla con ese lenguaje enrevesado, imitando a los profesores y, por otra parte, le responden con un lenguaje coloquial o de bajos fondos. A veces con una afectación que él llama el conguismo. Y aparece también el lenguaje popular, todo mezclado en lo que él describe como un tetraedro.

Además, añade un asunto comestible muy importante en este teatro, el tasajo, que lo llevó a participar en las páginas de cocina del Diario Las Américas con Carmencita San Miguel, discutiendo lo vital que era el tasajo para el diálogo del teatro bufo.

Pero la mayor parte del libro está dedicada a los ensayos que ha escrito sobre Gertrudis Gómez de Avellaneda, sobre la que también ha realizado una obra de teatro y ahora un monólogo. Esta sección se titula Variaciones sobre la Avellaneda, y en ella afirma que esta autora fue definitivamente cubana, en contra de lo que otros críticos aseveran que la ponen dentro de la literatura española.

Montes Huidobro aplica la filosofía existencialista de Sartre a las claves de la acción en el teatro de la Avellaneda y a su vida. Usa sus lecturas de El ser y la nada, para interpretar a la autora decimonónica. “No solo su vida, sino también su obra, se convierte en un anticipo sartreano que sus contemporáneos, y muchos hasta el día de hoy, no podían entender”. Lo basa en la categoría existencialista humana fundamental de la libertad de elección, que es típica de la Avellaneda.

En los últimos capítulos discute el teatro de José Jacinto Milanés y de Joaquín Lorenzo Luaces, otros dos dramaturgos esenciales del siglo XIX. Pero muy interesante es la presentación de una línea de relación entre Heredia y José Martí en su último capítulo. Ahí nos presenta a un Abdala, que en su poema recitativo nos da el anticipo de cómo sería la muerte del propio autor, Martí. Este se declara a través de su personaje, y prevé que estará montado en un corcel con sus armas para batallar contra el enemigo. Es una especie de premonición en el momento de escribir la obra, o quizás de propósito anunciado que al final cumple con resolución.

Sin este libro de Matías Montes Huidobro no se pueden entender completamente los comienzos del teatro cubano, y la importancia del vernáculo. Tampoco podríamos ver tantas aristas en la obra de nuestra más excelsa representante en la capital del idioma, Madrid, que no dejó de querer a su patria, ni de extrañarla, y que puso muy en alto su literatura, Gertrudis Gómez de Avellaneda.

olconnor@bellsouth.net

Esta historia fue publicada originalmente el 23 de noviembre de 2015, 9:19 p. m. with the headline "Primer Reconocimiento por la Trayectoria Literaria en la Feria del Libro de Miami."

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