La reivindicación del odio por la madre estuvo en la Feria de Miami
Carlos Cortés, novelista, ensayista y poeta costarricense, se dio a la tarea de contar la historia de su familia, desde la óptica de la relación que tenía con su madre. No una relación de amor incondicional tradicional del latinoamericano promedio, sino una de odio y rencores.
Cortés presentó la semana pasada en la Feria del Libro de Miami su novela ‘Larga noche hacia mi madre’. El Nuevo Herald habló con él.
¿Cómo nace esa larga noche hacia su madre?
La novela es una mezcla de autoficción con la reivindicación del universo imaginario como manera de sobrevivencia al dolor. A lo largo de 20 años de carrera en poesía, periodismo y narrativa me he acercado poco a poco al universo de mis obsesiones personales, porque cuando mi madre estaba embarazada mi padre fue asesinado y eso determinó absolutamente todo mi universo familiar y la relación posterior que yo iba a tener con la literatura, no como la publicación de libros, sino como escritura y con la imaginación misma, porque la literatura por un lado te permite construir la memoria o salirte de ella para construirte una memoria propia.
Parte entonces del fallecimiento de su padre
Parto de un hecho violento, real y simbólico, desde la narración de un niño, para contar de manera oblicua (es decir, a través de la historia familiar) la relación muy mala de un hijo con su madre.
No es una relación literaria común
Para nada. Es un tema que la literatura normalmente no trata, que es el odio del hijo hacia la madre. Eso me sirve de espejo para narrar otro tipo de situaciones, como el asesinato del padre, la decadencia familiar y el secreto.
Me interesa el secreto, porque debajo de la mayoría de las familias, las leyendas y las sagas familiares se esconde un secreto o una cadena de secretos, en un universo que se asienta sobre las cosas que no se han dicho.
¿Cómo fue el descubrimiento de sus secretos familiares?
Investigué desde el 2009 a partir de acontecimientos que conocía en mi familia, y me puse a reconstruir algo que va de lo imaginario a lo documental, porque el texto incluye información documental estrictamente verdadera.
¿Por ejemplo?
Una carta que mi padre le envió a su amante. Mi padre tenía una relación paralela (algo que es muy latinoamericano) y le enviaba cartas del último viaje que hizo a Panamá antes de que lo mataran. El mismo día a la misma hora enviaba cartas a mi madre y a su amante.
¿Recuperó las cartas a su madre?
No, pero sí curiosamente las de su amante, porque eran parte de un expediente judicial muy importante, porque una vez que fue asesinado su amante demandó a mi madre por los bienes.
Toda aquella información a partir de la adolescencia la comencé a cruzar y comencé a sospechar, y a partir de estas voces construyo una novela.
¿Por qué una larga noche?
Es una larga noche en el sentido que el personaje de la madre está muriendo, y se entrecruza con otras historias que abarcan lo que más me interesaba contar, como la historia de la familia, cómo llega a ese nivel de postración, y especialmente la relación tan conflictiva que tiene el hijo con ella, porque es muy mala.
Insiste mucho en ello
Sí, porque pretendo desmitificar el arquetipo griego que soportamos los latinoamericanos en torno a la figura materna, y al mismo tiempo es una reivindicación, porque el personaje es criado entre mujeres. Los hechos más violentos de la novela conducen a una narrativa en la que se recoloca esa relación, a partir de la cual el personaje se redefine, en tanto un ser humano que es capaz de asumir una parte de su pasado y de su memoria.
¿Cómo es publicar una historia familiar tan íntima y atípica?
Cuando publicas la historia más íntima que puedas contar siempre te da un enorme miedo de que no sea entendida, por tu pareja, por el vecino o por alguien más. Con esta novela he tenido una recepción fabulosa, con decenas de reseñas, fue finalista del Rómulo Gallegos, premios en Centroamérica y otros países.
¿Y esa recepción es personal? ¿Qué tan identificado se puede sentir el lector?
Sobre eso le cuento una anécdota. Cuando lanzamos la novela a finales del 2013, la presentadora, una periodista muy reconocida en Costa Rica, me pidió que nos tomáramos un café antes de la presentación. Yo la sentía muy incómoda y pensé que la novela no le había gustado, pero me dijo ‘no sé cómo explicarte esto, pero esta es la historia de mi familia, me ha tocado muchísimo y quisiera saber si lo sabías y por eso me pediste que la presentara, porque estoy en shock y no sé qué voy a decir esta noche’.
Eso me ha pasado muchas veces con muchos lectores, especialmente mujeres, que después de una lectura pública se acercan y me dicen ‘usted dijo lo que yo durante mucho tiempo he querido decir de mi relación con mi mamá’. He tenido un nivel de recepción sorprendente.
Es decir, mucha gente reprimida en su relación con su madre
Es que es una figura como de virgen de Guadalupe, intocable, inmaculada, que tiene sexo solamente cuando te va a concebir, perfecta, luminosa, y que no puede ser entendida como un ser humano contradictorio, apasionado, pasional, extremo. Eso es lo que trato de reflejar a partir de un discurso que trata de ser honesto (aunque la honestidad en literatura se paga muy caro), porque yo trabajé en este libro durante años. Algunos capítulos están escritos diez veces, y es sospechoso, hay que desconfiar del discurso directo, y yo desconfío particularmente del mío, y por eso el nivel de comunicación con el lector es un aspecto que tengo que cuidar mucho.
Ese carácter confesional seguramente estuvo acompañado de un gran alivio al final
Uno de mis escritores favoritos, Ernesto Sábato, decía que uno escribe una novela importante por cada periodo o época importante de su vida. Y por lo general mis libros son bastante catárticos. Yo no concibo la literatura si quien comienza a escribir ese libro no se trasforma como resultado de ese proceso de escritura. Cuando terminé el manuscrito lo leyó mi mujer y me preguntó ‘¿cómo no te volviste loco escribiéndola?’ Y le dije ‘no, yo no me volví loco justamente porque la escribí’, porque me pude enfrentar a aquellos fantasmas, porque si los dejas vivos en tu sótano eso de alguna manera se va a adueñar de tu universo imaginario y no vas a poder seguir viviendo.
Con respecto a la conformación de mi identidad como ser humano, es ese resultado catártico, de expiación, que es sobrevivir odiando a tu madre, es decir, tienes que reconstruirte muchas veces y eso es parte de este camino en el que estoy.
¿Cuál fue el inicio de esa necesidad catártica? ¿En dónde comenzó todo?
En el 2009, 12 años después de la muerte de mi madre, murió su hermana, mi tía, mi madre afectiva. Eso me obligó a replantearme muchas cosas, quemar mi biblioteca de Alejandría, porque era la última mujer que sabía más de mí que yo mismo, que sabía todo lo que pasaba antes de que yo naciera, todo lo que tenía que ver con mi madre y con mi padre.
El primer semestre del 2010 estaba deprimido por su muerte y me accidenté. Tuve una convulsión mientras manejaba y me estrellé contra un árbol. Me vi confrontado a la decisión de dejar eso por escrito. No quería que se quedara así, sin que dijera mi verdad, la parte de la historia que consideraba la más importante y que no había sido contada.
En el 2010, con una urgencia acelerada, tuve que desempolvar y desocupar la última casa que había ocupada mi tía y me encontré como los papeles del sabio de Macondo, como cuenta Gabo (García Márquez) al final de la novela (Cien años de soledad). Todo estaba allí, debajo de la ropa, en un segundo fondo, escondido para que yo no lo viera.
Esta historia fue publicada originalmente el 28 de noviembre de 2015, 4:50 p. m. with the headline "La reivindicación del odio por la madre estuvo en la Feria de Miami."