Artes y Letras

Raquel Abend van Dalen: la poesía del exilio

Raquel Abend van Dalen
Raquel Abend van Dalen

Hace unas semanas atrás, el Books & Books de Coral Gables parecía un lugar extraño, encantado con la belleza de otras épocas. No había tiempo para ese burdo ejercicio del ego que son las selfies y las redes sociales no robaban la atención de amigos inexistentes. Como una ceremonia secreta, un grupo de personas hacía silencio en la sala de los eventos de literatura escrita en español por la presentación de dos –a falta de un hecho maravilloso– libros de poesía publicados por Sudaquia editores. Los escritores venezonalos Raquel Abend van Dalen y Juan Luis Landaeta hablaban de sus obras Sobre las fábricas y Litoral central, respectivamente.

Raquel vive en Nueva York desde hace algunos años. No hace falta preguntar el por qué de su residencia lejos de la “República Bolivariana”. La escritora, que es hija de la artista visual venezolana Patricia van Dalen y del escultor polaco Harry Abend, posee el talento de tratar en Sobre las fábricas la complejidad de su historia, que es también el reflejo de tantos otros latinoamericanos perdidos en el continente, con claridad y una angustia cautivante.

Abend van Dalen es licenciada en Comunicación Social por la Universidad Monteávila y Magíster en Escritura Creativa en Español por la New York University. Autora del poemario Lengua Mundana (2012) y de la novela Andor (2013), en pocos años se ha vuelto una presencia obligada cuando se habla de escritores venezolanos en los Estados Unidos.

¿Cómo fue el proceso creativo de Sobre las fábricas?

Comenzó siendo una sección de otro libro que ya no existe, que se fue alimentando del temor que tenía cuando sabía que estaba por mudarme a Nueva York para comenzar mi maestría. Ya tenía un año viviendo en Estados Unidos (viví unos meses en Georgia y otros en Florida), pero fue en este momento cuando comencé a sentir fuertemente lo que llamamos desarraigo. En las otras casas en las que viví había algún familiar que me funcionaba como interlocutor del “ser Raquel”. Lo que ocurrió cuando me mudé a Nueva York, más allá de tratarse de una ciudad brutal en todo sentido, es que comencé a sufrir una crisis de identidad. Ahí comenzó a nacer Sobre las fábricas. Digamos que la escritura de este libro funcionó como mapa para no perder mis rasgos por completo. Lo que comenzó siendo una sección, terminó por desbordarse y tragarse al resto hasta volverse una entidad propia.

En este libro hay temas que se vuelven preguntas recurrentes como el de la identidad. ¿Hasta que punto la autobiografía y la historia de tu familia construyen este libro de poemas?

Definitivamente son la médula del libro. Desde niña me di cuenta de que el haber nacido en Venezuela se trataba de un asunto muy azaroso, teniendo a un padre judío que huyó de Polonia en la Segunda Guerra Mundial y a un abuelo materno holandés que decidió ir a Venezuela a probar el negocio de las librerías en los años 50. Siempre he sentido que pertenezco a algo más que el país donde nací y a la cultura que me rodeó durante mi niñez y adolescencia. Incluso podría decir que mi familia lleva entonces tres generaciones corriendo por el mundo, buscando un lugar al cual pertenecer. El hecho de que yo me haya ido de Venezuela por la situación actual, es casi una pieza coherente dentro de mi árbol genealógico.

¿Cuáles fueron tus primeras lecturas?

Mi mamá nos compraba a mi hermano y a mí muchos cuentos infantiles cuando éramos niños. Recuerdo algunos específicos como Niña Bonita y El Sapo Enamorado de Ediciones Ekaré. Luego recuerdo haber entrado en la euforia Potter, de ahí saltar a algunos policíacos y ya en la adolescencia a Hanni Ossott, y poetas polacos como Tadeusz Rózewicz. Comencé a tomarme en serio la lectura mucho después. Al principio se trataba de pura curiosidad y entretenimiento, también una forma de encajar en mi familia, llena de buenos lectores. Ya después entendí que sin lectura no había escritura y por lo tanto empecé a leer de forma más rigurosa.

¿Cómo se siente Venezuela a la distancia?

Es muy doloroso. No hay ningún ámbito que el tema político no haya arrasado aún. Todo está completamente contaminado por lo que está ocurriendo. Desde la distancia, no reconozco el lugar en el que nací. Todo lo que era Venezuela durante mi niñez y adolescencia ha ido desapareciendo. La gente está sobreviviendo, adentro y afuera del país. Cada quien como puede y con lo que tiene. Y en estas dinámicas se han ido creando mecanismos de rechazo: rechazo al que se va, rechazo al que se queda. Hasta en las redes sociales se experimenta una hostilidad generalizada. Es importante este momento histórico venezolano. Ya otras naciones han vivido exilios masivos, ahora nos toca a nosotros. Ya veremos las consecuencias que trae a largo plazo.

En los años que has vivido en Estados Unidos, ¿qué has aprendido de la sociedad americana?

Es un lugar lleno de contradicciones. El racismo es muy fuerte en los Estados Unidos. Trabajo como periodista en un noticiero y semanalmente tengo que escribir de crímenes asociados con el tema racial. Por un lado hay mucho avance tecnológico, pero por otro lado tardan mucho en aprobar ciertas medidas sociales que son necesarias, como por ejemplo, el matrimonio gay que no fue sino hasta este año que lo aprobaron a nivel nacional. Hay una ignorancia general ante lo que ocurre en otros continentes. De todas maneras, sí debo admitir que el vivir en Nueva York te aparta un poco de lo que es ¨vivir en Estados Unidos¨, pues es como un planeta casi independiente en muchos sentidos. En esta ciudad convergen decenas de culturas e idiomas. Solo para poder sobrevivir diariamente, tienes que saber respetar otras religiones, razas y clases sociales. Y no se trata de saber ser ¨políticamente correcto¨ sino de realmente saber respetar al otro desde sus diferencias. En cuanto al mundo literario estadounidense: es otra cosa. Te puedo decir que los que escribimos en español no pertenecemos a ese mercado.

hernanvera@yahoo.es

@HVeraAlvarez

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