Artes y Letras

Una ópera ambulante acerca la música a los pueblos de Francia

En el Opérabus no caben más de 40 espectadores y cuatro intérpretes
En el Opérabus no caben más de 40 espectadores y cuatro intérpretes

“Mamá, es una ópera”, exclama la pequeña Julie de cuatro años, cuando una soprano aparece sobre el exiguo escenario del único autobús que acerca la música barroca a los pueblos de Francia.

“Es un medio para difundir la cultura en lugares con difícil acceso a ella por razones geográficas, como las aldeas rurales, y sociales, como barrios conflictivos, prisiones y hospitales”, explica el entusiasta precursor del “Opérabus”, Yannick Lemaire.

El vehículo ha recorrido zonas donde ese género musical era casi desconocido. “Para algunas personas, era la primera vez en su vida que asistían a la ópera”, agrega Lemaire, director de la agrupación de música barroca Harmonia Sacra.

Los asientos se han convertido en butacas, las ventanas han desaparecido y el conductor es, a la vez, director de escena, para procurar una experiencia operística lo más realista posible.

“Todos los códigos estéticos de la ópera barroca están presentes: como los frescos del techo y la pintura roja y dorada, al igual que los espacios, como la platea, el balcón y los camerinos”, detalla Lemaire sobre esta idea pionera en Europa que comenzó en mayo pasado.

Vecinos y curiosos se acercan al vehículo, apostado el pasado viernes junto al Museo de Bellas Artes de Valenciennes, al norte de Francia.

En su interior, la soprano Stéphanie Revillion entona un repertorio de los siglos XVII y XVIII, acompañada de un clavecín, ante una decena de espectadores.

Tras el espectáculo, surge un espontáneo coloquio entre asistentes e intérpretes, posible gracias a la cercanía existente entre ambos.

“La proximidad con el público te permite observar sus reacciones y facilita la comunicación. No es posible permanecer indiferente a sus emociones”, considera Revillion de 30 años.

En ese reducido espacio no caben más de 40 espectadores y cuatro intérpretes, que tocan instrumentos como el violín y el violoncelo para escuelas, ayuntamientos e instituciones culturales.

En esta ocasión, su programa musical, con compositores italianos como Paolo Lorenzani y Giacomo Carissimi, complementa la muestra del Museo de Valenciennes sobre su habitante más ilustre, el pintor Antoine Watteau.

“El Opérabus ha encontrado su espacio de manera muy natural en la plaza frente al museo con piezas cortas que invitan al ensueño y la evasión, en sintonía con la obra de Watteau”, apunta Véronique Baussart, una de las responsables de la pinacoteca.

Otras compañías también pueden alquilar el vehículo para sus propios espectáculos, de forma que en el “Opérabus” han sonado acordes de guitarra y notas de jazz y la ópera “Carmen”, del compositor galo Georges Bizet.

Financiado por instituciones públicas y privadas y donaciones particulares, el artilugio, cuyas funciones son gratuitas, fue construido por voluntarios, entre ellos estudiantes, que debieron desmantelar el vehículo por completo en un largo proceso que duró un año.

Por eso, Lemaire destaca que además de “un objeto interesante, el bus-ópera es, ante todo, una aventura humana”, que surgió del festival de música barroca que Harmonia Sacra organiza cada año en el norte de Francia.

“Tras las representaciones ante profesores, alumnos y habitantes de pequeñas localidades, muchos venían a darnos las gracias, porque a menudo estos centros no tienen dinero para llevar a los estudiantes al teatro o la ópera”, describe.

La corta duración de las representaciones se adapta al público infantil. “Es una experiencia enriquecedora para ellos y no demasiado larga para no cansarles”, comenta Candice Himpe, profesora de 35 años, que sale de la función con sus hijos Éloise, Julie y Antoine, entre los cuatro y los diez.

Para otros, la cercanía es un punto a favor. “La ópera más cercana está en la ciudad de Lille, a 50 kilómetros, así que es perfecto para nosotros”, indica Florian Tone, padre de Andrei y Matei, de cuatro y seis años, quienes pidieron acudir al espectáculo, intrigados por su aspecto.

Hoy, Valenciennes; mañana, Lens, a 60 kilómetros. Cae el telón y la música enfila la carretera hacia nuevos destinos.

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