José Emilio Fernández, el agua y el espejo
El más reciente poemario del escritor cubano residente en Miami, José Emilio Fernández (Santa Clara, Cuba, 1974), En la hora de los peces, ve la luz bajo el sello editorial Verbo(des)nudo, Santiago de Chile 2015. Graduado de Administración de Empresas por la Universidad Carlos Albizu, Fernández ha dedicado gran parte de su carrera a la escritura de textos poéticos y narrativos. Textos suyos han sido publicados en varias compilaciones, una de ellas la Antología Poética “La ciudad de la unidad posible" (Miami 2009).
En En la hora... hablamos de medio centenar de páginas en las que el autor de estos versos no atiende a la literalidad del lenguaje para habitar, con goce y hasta con cierta cuota de ternura, el espacio frondoso de la metáfora. Ese sitio de desplazamientos y desfiguraciones retóricas donde la palabra escrita se camufla entre los infatigables espejos del deseo y de la ilusión.
No se trata de un libro que pretende revelar el rostro absoluto de la poesía y su reinado. Es, por el contrario, un gesto de afirmación, un ensayo de ambición discursiva, un certificado –sin alardes extremos– de amor incondicional al verbo. Fernández se extravía dentro del texto, como el Minotauro en su laberinto. Asume en su interior, en ese raro cruce de tropos, múltiples rostros. Lo mismo que nos invita a hacer uso de un despliegue de máscaras cuyos vencimientos ya han sido decretados con antelación.
Es allí, en esa filigrana de palabras que copulan en el espacio de la utopía y del sueño, de donde emergen dos personajes creados en el agua: Isabel y Fénix. Sin duda alguna, una alusión que refrenda con fuerza nuestra eterna condición (allí dónde estemos) de seres de isla: sujetos domesticado por el agua, salvados por ella, castigados por esta, limitados y liberados a un tiempo en su expansión y grandeza. El horizonte se hace inasible, se escapa, huella de la contingencia de la pancarta y de la consigna política o publicitaria para consagrarse en el ojo del poeta.
El agua se convierte así en texto, en escritura, en escenario, en el pedestal que sustenta una memoria –personal y colectiva– en la que todos, de algún modo, advertimos parte del rostro que somos o de lo que fuimos. Isabel y Fénix son, tan solo, una contracción, una síntesis revelada (y reveladora) de una gran multitud, una humanidad que se pierde y se encuentra asumiendo el énfasis cíclico de la vida, de la historia y de la muerte. Su mundo es el agua. Ella decreta la idoneidad de su existencia. Ella rehace el relato de las vidas truncadas, de las pérdidas, de los hallazgos, de la necesidad de amar y de perpetuar el yo en la intemperie global de las emociones.
En la hora de los peces, debe leerse como un todo, pues existe una evidente unidad entre los diferentes elementos sobre los que se orquestan la enunciación de la voz y el lugar del sujeto poético. De ahí su gracia (y también su audacia). Estas páginas, sensibles en su formación y apego a las emociones, trazan el camino de dos seres que miran el mundo como lo harían los peces sobre el asfalto. Y es que como lo dice el propio Fernández, con ese don de decir lo que no se nombra, “por tu garganta los peces enlutan/Y no eres culpable, el río se ha escondido en tus ojos”.
Esta historia fue publicada originalmente el 9 de enero de 2016, 7:29 a. m. with the headline "José Emilio Fernández, el agua y el espejo."