Artes y Letras

Michel Houellebecq: una fábula moderna con acento francés

El polémico escritor francés Michel Houellebecq.
El polémico escritor francés Michel Houellebecq. www.20minutes.fr

Michel Houellebecq es de esos intelectuales que ante un incendio no tienen mejor idea que apagarlo con un balde de nafta. Su novela más reciente, Sumisión (Anagrama), por un lado, es una ficción política paranoica que agita algunos miedos incubados recientemente en la sociedad francesa y, por otro, una sátira incisiva que explora los males que arrastra la clase media en Occidente.

Tan actual y especulativa a la vez, la novela comienza en el año 2022, en el fin del segundo mandato de François Hollande. Hay una situación de crisis que se percibe en las calles de París, hay una atmósfera enrarecida. Un ciclo político se cierra, pero no se sabe hacia qué se va. Cuando el 5 de junio el candidato a presidente Mohammed Ben Abbes de la Hermandad Musulmana –un partido inventado por el autor– vence a la ultraderechista del Frente Nacional Marine Le Pen en unas segundas elecciones generales, Francia abandona un pasado excesivamente sedentario, las estructuras sujetas al mercado menos imaginativo, para volverse una fuerza política que toma riesgos. Esa nueva metodología de gobierno genera gratas sorpresas:

“La consecuencia más inmediata de su elección era que la delincuencia había disminuido, y en proporciones enormes: en los barrios más duros, se había reducido ni más ni menos a una décima parte. Otro éxito inmediato era el paro, cuyas curvas estaban en caída libre. Se debía sin duda a la salida masiva de las mujeres del mercado de trabajo, ligada a la considerable revalorización de las ayudas familiares, la primera medida presentada, simbólicamente, por el nuevo gobierno. El hecho de que el pago de las mismas estuviera acondicionado al cese de toda actividad profesional hizo rechinar un poco los dientes entre la izquierda, al principio, pero a la vista de las cifras del paro el rechinar de dientes cesó rápidamente”.

La política es el arte de lo posible, aunque el concepto no siempre signifique un bien colectivo

Hernán Vera Alvarez sobre ‘Sumisión

de Michel Houellebecq

El que cuenta los aciertos del presidente Mohammed Ben Abbes y el resto de la historia en Sumisión es un profesor universitario de nombre François. Tiene poco más de 40 años y se siente cómodo y a la vez hastiado de lo que ha conseguido en la vida. ¿Y qué ha conseguido? Una existencia burguesa de empleo de 30 horas, cierto estatus dentro de la pequeña comunidad de amigos que lo rodea, un seguro médico que cubre casi todo –menos enfermedades de tratamientos largos–, y la práctica de su deporte favorito: el turismo sexual urbano. A François le seduce la cacería de muchachas dentro y fuera de las aulas. Cuando no puede obtener su presa, regresa a viejas amantes. Pero no es la costumbre. En el fondo, François desprecia a unas y otras, como a sí mismo.

Nada más parecido a un narrador de una novela de Houellebecq que el propio escritor. La voz, su estilo, está cargado de frases inteligentes, lo que significa en un hombre de letras francés que posee la vocación de una crítica desapasionada, sin adjetivos, sin golpes de efecto, pero profundamente hiriente. Sumisión es un libro incómodo, aunque sin el atractivo de Ampliación del campo de batalla –que obtuvo el Prix Flore de 1994– y mucho menos Las partículas elementales.

Como sucede con cualquier partido que llega al poder, la primavera política de Mohammed Ben Abbes se marchita muy pronto. Si hubiera dicho en verdad cuáles eran sus intenciones, probablemente, no hubiese llegado a ocupar la presidencia. La política es el arte de lo posible, aunque el concepto no siempre signifique un bien colectivo. La Hermandad Musulmana se obstina en un plan delirante, de esos que buscan en la unión de otros países –aunque también vale a los separatistas–, en este caso de Turquía, Argelia, Marruecos, Túnez y Egipto, devolverle a Europa una grandeza imperial fundamentalista, el sueño que a menudo visita a los regímenes totalitarios. El plan de Mohammed Ben Abbes incluye convertir al Islam a la mayor cantidad posible de cristianos y ateos.

Tal vez François viva una existencia egoísta, pero no le hace mal a nadie. O en tal caso, si lo hiciera, el único perjudicado es él. El confort de su caverna moderna que incluye Wi-Fi, sin embargo, sufre finalmente la amenaza con las nuevas reglas de gobierno. Aquí entra para él la sumisión, ya que la otra parte de la sociedad francesa parece acatar las órdenes. Para no perder su comodidad François deberá convertirse al Islam. Hay un interrogante, la duda que exige el paso hacia delante del que nunca más se podrá volver atrás. Dicen que todo hombre tiene un precio. Se escuchan ofertas.

Siga a Hernán Vera Alvarez en Twitter: @HVeraAlvarez

Esta historia fue publicada originalmente el 21 de enero de 2016, 6:55 a. m. with the headline "Michel Houellebecq: una fábula moderna con acento francés."

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