Ernesto Rancaño, el peso de un epitafio
El Centro de Arte Tomás y Valiente del Ayuntamiento de Fuenlabrada en Madrid, España (CEART), acoge la primera muestra personal del artista cubano Ernesto Rancaño (La Habana, Cuba, 1968). Licenciado en la especialidad de pintura y dibujo en la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro, ha devenido en uno de los exponentes del arte cubano con una fuerte proyección internacional. Su obra se localiza en el contexto de importantes eventos destinados a pensar sobre el estado y el destino de las artes visuales en el ámbito insular y latinoamericano.
Bajo el comisariado de Juan Carlos Moya, responsable del programa de exposiciones del CEART, La carta que nunca te escribí –así se titula la muestra– es un ejercicio poético en toda regla. El conjunto de sus piezas traza la dramaturgia interna de un poema escrito desde la visceralidad más absoluta. Se trata de un gesto de amor, de un acto de reconciliación, de un instante de permanencia; pero también de un principio de resurrección y un intento de fuga hacia algún lugar que no se nombra: hacia el silencio (o, tal vez, hacia el grito). Cada obra es un ensayo sobre el grosor de las emociones y la espesura confesada de los afectos. Resulta, a lo sumo, una radiografía de esa bestia emocional que somos, de esos seres “sujetos” a la contradicción y “objeto” de nuestras pasiones y de nuestros miedos.
La obra de Rancaño, particularmente toda la que se halla reunida en este espacio madrileño, certifica un cambio de dirección en los modos de entender el arte cubano: sus disímiles manifestaciones emancipatorias, contestatarias y la propia dimensión que suele adquirir la obra en un nuevo contexto de relaciones sociales y culturales. Ya lo aseveró con lucidez extrema el joven crítico Píter Ortega en su libro Contra la toxina, cuando aseguraba que este nuevo arte ya no se descubre preocupado, o no únicamente, por el relato social y la coyuntura política, sino que su dinámica de actuación, su operatoria lingüística, se desplaza de “lo social” a “lo somático”, revelando un interés más personal, más individual, más introspectivo. Un orden en el que la experiencia íntima, en diálogo con esa trama social que le circunda, se descubre más relevante en la medida en que es esta el punto de partida de una obra nueva, de otra narrativa en la que el yo sustenta la articulación poética. Rancaño realiza una obra que ya no cree demasiado en el metarrelato, en la contestación bravucona, en la promesa de un arte haciendo el mundo al estilo guerrillero o de la barricada de turno. Para él, y estas piezas así le dibujan, lo biográfico se restituye como uno de los valores fundamentales a la hora de construir la obra, de articular el discurso, de formalizar su voz según qué lenguaje y qué medio.
La suya es una propuesta que hurga en lo interior, en el fracaso de las relaciones, en el horizonte de una memoria afectiva que se desvanece y que se rescata a un mismo tiempo, quizás como un modo de perpetuar, para los otros, eso que fuimos o eso que somos. Todo el relato se escribe en esa zona de tensión que habita entre la adversidad y el confort, entre la libertad y el encierro, entre el amor y su pérdida.
Al observar todas estas piezas reunidas aquí, en unas circunstancias excepcionales de exhibición que le obligan a dialogar con las imponentes fotografías del reconocido artista español Chema Madoz, solo alcancé a pensar en la eterna fragilidad que nos asiste. Es esa especie de heroísmo de la debilidad del que tanto hablara un amigo antes de irse a ese otro sitio. Esta obra, lo confieso, tiene para mí el peso de un epitafio en el mármol de una lápida fría. Es una voz reverenciada, un canto a la permanencia inverosímil de todo aquello que ya está perdido.
Andrés Isaac Santana reside en Madrid y es escritor, comisario y crítico de arte.
artnexus73@yahoo.es
‘La carta que nunca te escribí’, del artista cubano Ernesto Rancaño. Hasta finales de febrero en el Centro de Arte Tomás y Valiente del Ayuntamiento de Fuenlabrada en Madrid, España.
Esta historia fue publicada originalmente el 28 de enero de 2016, 11:50 a. m. with the headline "Ernesto Rancaño, el peso de un epitafio."