Artes y Letras

María Magdalena-Campos, alquimia del alma

‘Alchemy of the Soul, Elixir for the Spirits [unit 6]’, 2015.
‘Alchemy of the Soul, Elixir for the Spirits [unit 6]’, 2015. Peabody Essex Museum/ Peter Vanderwarker

El Peabody Essex Museum (PEM) de Salem, en Massachusetts, inauguró recientemente la muestra La alquimia del alma, de la reconocida artista cubana, matancera de origen, María Magdalena-Campos. Una soberbia puesta en escena que seguramente concluya siendo una de las mejores exposiciones de la artista en las dos última décadas.

Bajo el comisariado de Joshua Basseches, director del museo, y en colaboración con el músico norteamericano Neil Leonard, quien tuvo a su cargo el riguroso diseño del dispositivo sonoro de la muestra, La alquimia del alma se revela, más que como una exposición de objetos u obras (según un criterio museográfico determinado por la voz curatorial) como una experiencia estética y afectiva de profundas implicaciones culturales, humanas y antropológicas. Esta exposición, aunque cabría mejor decir “ensayo de reconciliación”, resulta un robusto tratado contra la amnesia y el sentido anémico de los bastiones del olvido.

Se trata de un sofisticado gesto de restitución de la memoria personal, afectiva y cultural. Una recuperación que excede con mucho el lugar de la primera persona –entiéndase el yo de la artista– para circular en el epicentro de su narrativa, el relato sonoro de todas esas voces que antes y ahora, han padecido el amargo aroma de la exclusión y la ignominia.

Cada una de las piezas que componen el inmenso universo de cristal dispuesto en estas salas, sustentan en sus estructuras –que remiten a las calderas del viejo ingenio azucarero– no sólo la historia y corporeidad del azúcar, su destilación en ron y su natural (y alquímica) conversión en materia del espíritu. También certifican las especulaciones etnoantropológicas de Fernando Ortiz, dan cobijo a las prefiguraciones andróginas y reverberantes de Wifredo Lam, recuperan los imaginarios y las voces de la raza negra y cimarrona, del mismo modo que suponen incómodas interrogantes a la propia historia cubana, esa que ha de escribirse mil veces y desde lugares muy distintos. Esa que deberá escribirse cuando el texto sea la revelación de la verdad y no la respuesta a una tesis esgrimida desde los ámbitos del poder y del despotismo.

La alquimia del alma no ha de entenderse solo como recapitulación y revisión de un pasado colonial o como un ejercicio de reconciliación con la historia. Esta es una exposición viva, presente, de ahora: es un grito de advertencia, de valor, de permanencia, de audacia. Es también una manera de fortificar la utopía para hacerla resistente al escepticismo. Tal y como han advertido tantos pensadores de los procesos históricos contemporáneos: cuanto más se olvida más cerca se descubre el peligro de la repetición.

Existe, por otra parte, un componente de tintes psicológicos en la lectura de esta muestray es precisamente, la centralización de “la rabia” como figura retórica. La obra de María Magdalena-Campos soporta, sobre su espalda flagelada por ese látigo ancestral, el instinto de la rabia y el ademán reactivo. Pero al mismo tiempo esa rabia, esa reacción, se han traducido, por los dones que regalan los procesos de la alquimia, en perdón, en reconciliación, en poética. Ese grito, el grito de esa negra irreverente que sabe que la historia no es la se escribió sino la que escribimos ahora, queda suspendido en ese dominio espectral donde danzan los sujetos del pasado y del presente.

artnexus73@yahoo.es

Andrés Isaac Santana reside en Madrid y es escritor, comisario y crítico de arte.

‘La alquimia del alma’. Hasta el 3 de abril en el PEM Peabody Essex Museum de Salem, Massachusetts. Más información: www.pem.org

Esta historia fue publicada originalmente el 24 de febrero de 2016, 9:56 a. m. with the headline "María Magdalena-Campos, alquimia del alma."

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