Artes y Letras

‘Cuban Studies’ regresa a la vida con nuevos editores

Desde la izq.: Alejandro de la Fuente, Lillian Guerra y Carmelo Mesa Lago.
Desde la izq.: Alejandro de la Fuente, Lillian Guerra y Carmelo Mesa Lago. el Nuevo Herald

Fue una reunión de mentes universitarias y corazones cubanos. Tres personas de distintas generaciones de esa etnia ubicua en Miami, la cubana, y de otras partes del universo académico formaban parte de la mesa directiva. Estábamos en la librería que se ha convertido en el centro de todo lo editorial en esta ciudad, Books & Books, en Coral Gables. Era una presentación del Steven J. Green School of International and Public Affairs y del Cuban Research Institute, CRI, de la Universidad Internacional de la Florida, y Jorge Duany, director del CRI, presentaba al grupo.

Le dábamos la bienvenida a las nuevas ediciones –números 43 y 44– de “Cuban Studies”, “CS”, al nuevo editor, Alejandro de la Fuente, a Lillian Guerra, editora de reseñas, y a Carmelo Mesa Lago, antiguo editor y fundador. Una revista que destacó desde sus comienzos una profesión particular: la del “cubanólogo”, que quiere decir estudioso del logos o la razón cubana. Pero en “Sol Mayor”. Es decir, que tuvieran que ver con la isla, no con el exilio. Ya que en la isla se siguió viviendo, mal que bien, pero con mucha producción político-sociológica, artística, literaria, y más difícilmente, económica.

Para mí es un recordatorio y un resumir de funciones más que feliz, este reencuentro con “CS”, porque según opinó hace tiempo Mesa Lago, la primera publicación de “cubanología” fue Cuba 1961, “addendum” de la revista Cuadernos del Congreso por la Libertad de la Cultura, en París, que compiló y editó desde Puerto Rico, el que fue mi esposo, Pedro Vicente Aja, con quien colaboré anónimamente desde San Juan, Puerto Rico, y con Julián Gorkín, jefe de redacción de Cuadernos en París. Algunos de los especialistas en aquella publicación fueron Efrén Córdoba, Humberto Medrano, Luis A. Baralt y Felipe Pazos (aunque de modo anónimo y firmado por un asociado de él).

Pero a principios de 1970 era necesaria una sistematización de los estudios sobre Cuba, como explicó Mesa Lago. En el siglo XXI fue decayendo la publicación, dijo De la Fuente, profesor en Harvard, que expresó la nueva filosofía de la publicación, más abierta a la contribución entre cubanos de las dos orillas que antes.

Y el contenido de la edición del número 44 es hermoso, por lo fascinante de sus tópicos y la virtud de sus autores. Algunos los conozco bien, Velia Cecilia Bobes, a quien vi la última vez en marzo del 2015 durante un temblor de tierra en el restaurante Azul Condesa, en Ciudad México. Su trabajo es un análisis sobre “Reformas en Cuba”. A Gustavo Pérez Firmat lo he reseñado en varias ocasiones, presentado en la librería, y leído siempre. En este número escribe sobre “La Habana de Wallace Stevens”. Pero también estoy impresionadísima con el excelente análisis sobre las UMAP, de Abel Sierra Madero, a quien no conozco personalmente, y con todas las presentaciones que se ven en los campos que más me interesan, Cultura y Sociedad e Historia. Porque también lo hay de Economía.

“Desde el principio quisimos tener una revista multidisciplinaria”, dijo Mesa Lago. No había publicaciones sobre Cuba, y en una reunión de la Fundación Hispánica de la Biblioteca del Congreso en Washington D. C., de eruditos cubanos, se decidió publicar un boletín informativo, desde el Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Pittsburgh, con él como director de una junta editorial de especialistas de todo Estados Unidos.

Del 70 al 74 se publicó cada tres meses el Boletín de Estudios sobre Cuba, distribuido gratis aquí y en el extranjero, financiado por Pitt. De 1974 a 1985 se convirtió en la revista Cuban Studies/ Estudios Cubanos. Se incluyeron autores de la isla, como Manuel Moreno Fraginals, y el demógrafo Antonio Aja (sobrino de Pedro Vicente Aja). Muchos cubanólogos establecidos hoy día publicaron allí su primer artículo, como Jorge Duany, Archibald Ritter, Jorge Pérez-López, Claes Brundenius. En 1986 cambió a un libro anual con el título de Cuban Studies solamente. Todos los artículos son eruditos y ha tenido un prestigio internacional desde sus inicios. Se supone que no haya intereses políticos, sino verídicos en su presentación.

En el más reciente número 43 hay un artículo sobre la mortalidad infantil en Cuba, de Roberto González. “Me quedé asombrado, cuando González lo presentó en un congreso de ASCE, y también con el de Sergio Díaz-Briquets, ambos probaron científicamente sus puntos de vista con datos”, dijo Mesa Lago.

Díaz-Briquets escribió sobre la crisis del envejecimiento del cubano, debido a la emigración de los jóvenes, explicó De la Fuente, quien en los 80 en la isla tenía que pedir permisos especiales para leer la revista. Hoy día los autores cubanos intercambian ideas sin problemas con los profesores de aquí. De la Fuente explicó que esta es la nueva corriente de la revista.

La profesora Guerra, de la Universidad de la Florida en Gainesville, añadió datos sobre su experiencia de total confianza con sus colegas, mientras estudiaba en los archivos en Cuba, la que ha visitado 38 veces en 20 años de investigación. Y añadió que todos le responden inmediatamente cuando les piden que reseñe los libros. “Es el trabajo más fácil que he tenido en la vida, el de editora de reseñas de ‘CS’ ”.

olconnor@bellsouth.net

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