Artes y Letras

‘Trilogía del Malamor’: saga juvenil con sabor latino

Antes de la Trilogía del MalamorHacia el fin del mundo, La raíz del mal y El árbol de la vida–, los jóvenes en el continente debían leer sagas del tipo Los juegos del hambre y Crepúsculo en su idioma original o, en su defecto, en traducciones impersonales. Sostenida bajo la leyenda de que en un pequeño pueblo de la Patagonia llamado Almahue, que en lengua mapuche quiere decir “sitio de fantasmas”, donde los hombres y mujeres sufren la condena de no poder enamorarse, José Ignacio “Chascas” Valenzuela (Santiago de Chile, 1972) confeccionó una bella y sufrida historia de amor entre los jóvenes Angela y Fabián.

Valenzuela es un escritor que sabe muy bien los mecanismos para confeccionar una trama. La Trilogía del Malamor, que finalmente se consigue en Estados Unidos, triunfa con el peso de la grandilocuencia, las leyendas latinoamericanas y el irresistible suspenso. Autor de novelas y libros para niños, el “Chascas” es también guionista de La casa de al lado, Santa Diabla, Dama y obrero, entre otras telenovelas de éxito internacional.

En un reportaje decías que la culpa de la trilogía la tenía México. “México es un país que adoro y que me impresionó desde el primer momento que puse un pie en él. En los 10 años que viví ahí, recorrí gran parte del país y pude sumergirme realmente en su historia, en su deliciosa comida y en la enorme diversidad cultural que tiene. Me sigue sorprendiendo que cada estado es como un país en sí mismo. Y eso se ve reflejado en la multitud de mitos y leyendas que cada zona ostenta. Durante una época me obsesioné en leer mitos mexicanos, que son muy ricos, melodramáticos e inolvidables. Y esa obsesión me llevó a comenzar a inventar, casi sin darme cuenta, mis propios mitos y leyendas totalmente apócrifos. Así nació La leyenda del Malamor que, al cabo de un tiempo, terminó convirtiéndose en la Trilogía del Malamor. Le debo a México esta trilogía que me cambió la vida”.

Todas las sagas publicadas, sea en inglés o español, tienen algo de folletín: drama, aventura, hechos sobrenaturales. En un punto, ¿crees que la estructura tiene algo de las telenovelas que escribes? “Absolutamente. La Trilogía del Malamor, sin ir más lejos, fue escrita con total conciencia de guionista de telenovela y no solo de escritor literario. Fui sembrando giros de historia cada determinado número de páginas. Me preocupé de que cada final de capítulo tuviera un impacto lo suficientemente poderoso, para obligar al lector a correr hacia el siguiente. Los personajes mostraron diferentes y desconocidas caras de su personalidad a lo largo de la historia. Fui intercalando y trenzando diferentes tramas para ir avanzando al mismo tiempo en paralelo entre todas ellas. Y todos esos son elementos que utilizo en mis telenovelas para generar adicción y el deseo de no cambiar de canal. Me encanta establecer vasos comunicantes entre las cosas que escribo, y en ese sentido la Trilogía del Malamor le debe mucho a la televisión y a ese cine de aventuras de matinée que me llevaban a ver cuando tenía 10 años”.

Editas en grandes casas editoriales y también en independientes. ¿Qué te seduce de una y de otra? “Me parece que mantener ese equilibrio es muy sano para un escritor. De las grandes casas rescato la distribución global y el enorme despliegue de promoción, que siempre es necesario y del que me gusta formar parte. Como escritor tú quieres que tus libros estén en todas partes, y en todos los países. De las editoriales independientes rescato el riesgo y el atrevimiento que ellas permiten, ya que al no esperar grandes volúmenes de venta son capaces de apostar por temáticas más audaces o libros de nicho, cosa que me seduce creativamente. Y todo escritor necesita sentir que sus fantasías más ocultas o peligrosas también merecen ver la luz y quedar plasmadas en un papel”.

¿De qué color es tu sombra? es tu primer libro para niños. ¿Cómo fue la experiencia? “La verdad, ha sido puro juego. ¡Un deleite! Desde mi adultez ahora soy capaz de darme cuenta que realmente nunca tuve mucha infancia. Siempre fui una especie de “viejo chico”. Prefería antes estar con adultos que con niños de mi edad. No me interesaba jugar al fútbol, sino que prefería estar con mi abuela leyendo poesía. Por lo tanto, tengo la impresión de que me salté una etapa: la etapa del juego. Quería ser pronto adulto. Y ahora que ya lo soy, suponía que ese niño interior que todos llevamos dentro estaba muerto o muy, muy dormido dentro de mí. Y ¿De qué color es tu sombra? despertó a ese niño, que está más vivo que nunca, y que no tiene intenciones de dejar de jugar. Ese libro me dio la posibilidad de fantasear al máximo, de reírme a gritos, de explorar un universo entero de temas que antes ni siquiera habría considerado. Me encanta escribir para niños. Sin duda, descubrir eso ha sido lo mejor de este año que se va. Y es un placer que sin lugar a dudas voy a repetir lo más pronto posible.

hveraalvarez@yahoo.com

@HVeraAlvarez

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