Artes y Letras

Cristina García Rodero, la vida a través de una lente

‘Venciendo el mal en Chivacoa, Venezuela’, una de las fotografías de Cristina García Rodero.
‘Venciendo el mal en Chivacoa, Venezuela’, una de las fotografías de Cristina García Rodero. Cristina García Rodero

En una entrevista realizada en Nueva Delhi, la fotógrafa española indica: “No hay otra forma de hacer las cosas. Yo no soy de trabajar con grandes teleobjetivos, lo primero porque tengo unas manos muy pequeñas, lo segundo porque cansan mucho. Así que lo que hago es aproximarme a la gente, porque además lo necesito, lo necesito mentalmente”.

García Rodero (Puertollano, Ciudad Real, España, 1949) es menuda, torrencial. Ha viajado hasta la capital de la India para exponer su trabajo Con la boca abierta (en el Instituto Cervantes hasta el 31 enero), un tributo, tras 42 años de trabajo, a esa parte del cuerpo humano que “puede expresar una amplia variedad de sentimientos”.

Durante toda su carrera García Rodero ha estado en busca de la máxima expresión de la “vida”, y para ello se ha valido, sobre todo, de las “tradiciones religiosas y los festivales, al tratarse de un magnífico momento para ver al ser humano alegre, comunicativo, generoso”.

Entre esas fotografías, hay algunas que han pasado a formar parte ya del imaginario popular, como una niña de blanco, luminosa, suspendida en el aire como un ángel frente a un oscuro cementerio, o la expresión de agotamiento de un sacerdote, en un confesionario abierto, mientras escucha el relato de una piadosa anciana.

Pero, aunque la religión supone una inspiración y forma parte fundamental de su obra habiendo inmortalizado con su cámara romerías y peregrinaciones de medio mundo, García Rodero no se considera creyente, un ateísmo que le ayuda, según ella, a “tomar distancia”.

“En algunos sitios me quieren hacer rituales y yo procuro ser respetuosa, pero no quiero involucrarme hasta ese punto. Quizá tras ver tanto y ver lo mucho que todas las religiones se parecen, me ha hecho decantarme más por lo íntimo", confiesa.

El interés por las tradiciones religiosas comenzó en García Rodero pronto, aún adolescente, cuando con “16 o 17 años” realizó en su pueblo natal, Puertollano, su “primer reportaje” fotográfico sobre una festividad que se remonta al siglo XIV.

“En esa romería se recuerdan a las 13 familias que sobrevivieron a la peste que azotó al pueblo en 1348, las cuales desde entonces, como muestra de agradecimiento, celebraron anualmente la dicha dando de comer a los pobres y sacrificando 13 vacas, una tradición que continuó luego el Ayuntamiento”, comenta la artista.

Sin embargo, no sería hasta comienzos de los años 70 del pasado siglo cuando García Rodero empezó a interesarse seriamente por las romerías en España, “al darme cuenta, al igual que otros fotógrafos de la época, que con la inminente muerte del dictador Francisco Franco todo iba a cambiar en el país”, comenta la fotógrafa.

“Y realmente así fue. Ahora hay más gente que se desplaza a una romería por curiosidad que por devoción (...) sin respetar lo que allí se está haciendo”, agrega.

García Rodero trabajaba entonces como profesora, primero de dibujo (otra de sus grandes pasiones, al igual que la danza) y luego de fotografía, y aprovechaba los fines de semana, las vacaciones y cualquier festivo para recorrer España en busca de romerías.

El trabajo de mi vida ha sido a base de quitármelo del descanso

Cristina García Rodero

fotógrafa

“El trabajo de mi vida ha sido a base de quitármelo del descanso. Al principio iba en tren, autobús, después en coche (el primero fue un 600 de tercera mano). Muchas veces me tocaba dormir en él porque no había otro sitio”, rememora.

El resultado, tras 15 años de trabajo, fue su obra más recordada: España oculta (1989), al que luego seguirían otros proyectos sobre las tradiciones ibéricas como España fiestas y ritos (1992), o Transtempo (2010), centrada en sus andanzas por Galicia, repetidas durante un período de 30 años por la “naturalidad” de su gente.

“En Galicia la gente va a las romerías a cumplir, a oír misa, y después solo desean pasar un día feliz con la familia, comer en el campo, bailar después. Galicia me ha dado muchas situaciones bonitas por su naturalidad, no actúan delante de la cámara y te dejan trabajar libremente”.

Ese regresar es una constante en los proyectos de García Rodero, a veces durante décadas, un “modo de vencer al tiempo”, señala, y es que además si la gente “se da cuenta de que les interesas, que trabajas con respeto, te tratan de otra manera”.

LA INDIA

“Sobre María Lionza, una diosa del Caribe, estuve yendo (a Venezuela) durante 10 años. A Haití fui 7 años. A la India empecé a venir en 2001 y seguiré viniendo porque me gustaría hacer un trabajo exclusivo sobre la India. ¡Hay tanta fantasía!”.

En el gigante asiático hay festivales como el de Holi, en el que los indios celebran el inicio del buen tiempo lanzándose polvos de colores, donde García Rodero tuvo que dejar a un lado su habitual blanco y negro para poder captar el “impacto visual” en toda su esencia.

“Esos púrpuras, esos rojos, esos verdes, esos amarillos tan puros, esa mezcla de colores en el pelo, en la cara, en la ropa, ese polvo volando por el espacio... No lo concibo en blanco y negro”, explica.

En el segundo país más poblado del mundo con 1,250 millones de habitantes, a la fotógrafa le tocó lidiar también con masificaciones que, aunque no le gustan, “me convienen por las posibilidades que dan la variedad de personas, de situaciones”.

Una de esas grandes masificaciones, a la que acudió en 2013, fue el festival hindú de la Maha Kumbh Mela, la mayor aglomeración popular del mundo con más de 80 millones de peregrinos a lo largo de cinco semanas, una experiencia que califica como “realmente agotadora”.

“Te levantas de madrugada y hace un frío tremendo. No tienes dónde desayunar, caminas mucho tiempo, al poco rato sudas y, en cuanto sale el sol, ya te sobra toda la ropa. Con la noche vuelve la humedad. Y una masa de gente caminando, todos agotados”.

También se introdujo, como el resto de peregrinos, en las "frías" aguas del sagrado río Ganges, algo habitual para la fotógrafa, que asegura que "no hay otra forma de hacer las cosas".

Su último proyecto en la India es un trabajo de encargo para la Fundación Vicente Ferrer en Anantapur (sur), en el que está documentando la labor de desarrollo que la organización española está realizando en la región, un proyecto con el que se siente "muy motivada".

“La construcción de un hospital justifica una vida. Pero es que son tres hospitales, forman médicos, no cobran a los pacientes. Además, están los pozos de agua, las presas, las plantaciones, la repoblación, las viviendas, la ayuda a los discapacitados, la formación de las mujeres, las viudas... Realmente la gente está muy agradecida, porque su vida cambió absolutamente”, relata.

MODO DE TRABAJO

García Rodero comenta que “algo fundamental en mi rutina de trabajo es documentarme lo máximo posible sobre el tema que voy a fotografiar”.

“Así te vinculas más, porque si te es extraño, te aburre. Trabajo desde la emoción para emocionar también a los demás. Si no la tengo me vuelvo vacía. Entonces la selección de lo que puede ser interesante es fundamental: el saber, el elegir, el seleccionar, y así evitar perder el tiempo, no equivocarte”, dice.

Después, añade, “es necesario recaudar el dinero para el viaje, hacer las maletas, sacar las energías, irte a lo desconocido... realmente se necesita mucha vocación y mucha fuerza de voluntad”.

La fotógrafa confiesa que nunca utiliza guías en los lugares a los que va, a pesar de que el único idioma extranjero que habla es el italiano, y que suele desplazarse en el primer medio disponible, “como un motocarro lleno de campesinos en uno de mis últimos viajes a la India, a veces con amigos aunque, en general, sola”.

“Creo que viajar es una de las mejores cosas que el ser humano puede hacer para encontrarse con dificultades y ver la variedad de culturas y lo similares que somos. (...) Me preocupa todo. Meto las narices, meto mi cámara donde puedo, donde creo que merece la pena”, sentencia.

En esas coberturas fotográficas, destaca, priman las “dualidades”: la espiritualidad y la carnalidad, lo religioso y lo pagano, la guerra y la paz, también buscar las fiestas muy viejas y las fiestas que nacen.

“Las peregrinaciones antiguamente era ir a los lugares sagrados y el nexo que unía a todos era Dios. Ahora es la música, es la juventud, es lucir el cuerpo, es olvidarte del día a día, de la rutina, de la cotidianidad... Olvidarte de que todos los días son iguales. La vida cambia y van muriendo unas cosas y surgiendo otras”.

PREMIOS, BECAS Y DISTINCIONES

García Rodero reconoce que durante su trayectoria fotográfica, sobre todo al principio, las becas, premios y distinciones, con su correspondiente dotación económica, han resultado fundamentales para poder viajar y dedicar el tiempo necesario a sus proyectos, pues existen muy pocas publicaciones interesadas en el tipo de retrato que ella hace, carente de la urgencia de lo noticioso.

“Decidí desde un principio que iba a hacer lo que quería (...) pero no cabe duda de que debes pagar un alto precio por ello. La fotografía no está muy valorada económicamente, es difícil publicar, lo que a ti te interesa no le interesa a todo el mundo, porque buscan temas comerciales que hagan vender revistas”.

“Entonces decides hacer algo que sea querido y sincero desde tu punto de vista, empleando el tiempo que quieras, y eso es muy costoso a todos los niveles: mental, físico, económico. Tienes que tener una vocación muy fuerte, gustarte mucho lo que haces, tener muy claro lo que quieres y ser tenaz. El trabajo de un fotógrafo es un trabajo a largo plazo, de toda la vida, en poco tiempo es difícil demostrar todo lo que puedes llegar a hacer. Y yo espero seguir trabajando, espero seguir teniendo esa vitalidad y esa necesidad para seguir contando cosas”, explica.

La primera beca importante fue la de la Fundación Juan March, con la que viajó a Italia, y luego seguirían importantes premios como el World Press Photo en la categoría de Arte, el W. Eugene Smith de Nueva York o el Erich Salomon de Colonia.

Además, están reconocimientos como el Premio Nacional de Fotografía (1996) o la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (2006), hasta la elección en 2013 como Académica de Número por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

“Pero aún no soy académica y no lo seré hasta que lea mi discurso de ingreso. Es que me cuesta mucho escribir, me cuesta sentarme y ponerme a escribir. Lo agradezco muchísimo y en cuanto termine el trabajo sobre Vicente Ferrer me dedicaré en exclusiva a escribir el discurso, no quiero tardar más, ya debía haberlo leído”, confiesa.

En la Academia la fotógrafa ocupará el puesto de su admirado cineasta Luis García Berlanga, con el que se identifica mucho, “un hombre con un sentido del humor maravilloso, que ha retratado temas profundos entre risas y ha descrito muy bien cómo somos los españoles. (...) Reírse de uno mismo es lo mejor que se puede hacer”.

Unos años antes, en 2009, había alcanzado una de las cimas de su carrera, al ser admitida como miembro de pleno derecho de la agencia internacional de fotografía Magnum, fundada en Francia en 1947 con el objetivo de aportar dignidad a la profesión y reivindicar la independencia del fotógrafo como artista.

Con su incorporación a la exclusiva lista de miembros de la agencia –90 en sus casi 70 años de vida, con nombres como Steve McCurry, Gilles Peress, W. Eugene Smith o los indios Raghu Rai y Sohrab Hura–, García Rodero pasó a formar parte de una familia llena de “sabios”, con los que podría dialogar sobre fotografía.

Pero a pesar de tanto reconocimiento, asegura Rodero, conseguir financiación económica para los proyectos “sigue siendo difícil, al igual que sigue siendo difícil sacar una buena imagen”.

“A veces los jóvenes, al ver todas las buenas imágenes que hacen, te enseñan que no puedes rendirte, que debes seguir luchando”, confiesa Rodero, que afirma que “la calidad la tienes que intentar alcanzar en cada foto”.

“Porque la autocomplacencia –concluye– es la muerte de cualquier creador, de cualquier artista, de cualquier fotógrafo”.

Esta historia fue publicada originalmente el 21 de marzo de 2016, 7:51 a. m. with the headline "Cristina García Rodero, la vida a través de una lente."

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