La contemporaneidad de La Oficina
Dirigida por un ‘Consejo Editorial’ y lejos de todo personalismo, los libros de La Oficina de Artes y Ediciones con sede en Madrid sobresalen en el escenario del libro en español, además de por sus propuestas, por sus riesgos. Para comprender su lógica y hasta dónde quieren llegar nos acercamos a ellos. Unas preguntas y un café nunca ofenden.
De Derrida a Goethe, de Pasolini a Santolaya, La Oficina ha ido moviendo una zona de seducción y reflexión muy interesante para el panorama actual; pero, para sus creadores, ¿qué es La Oficina, cómo la definirían? “La Oficina quiere establecer un diálogo entre letra e imagen, a veces en volúmenes independientes dedicados a cada una de estas dos vertientes, pero preferiblemente en volúmenes en que se establece una comunión expresa entre ambas formas de expresión artística. Por eso, además de los libros propiamente de artista, los textos más clásicos incorporan aspectos visuales”.
Una de las cosas que más me llama la atención en la editorial es lo que se teje alrededor de lo no-actual: Edipo, Antígona, los clásicos alemanes… ¿Piensan ustedes que esta no actualidad es necesaria para comprender la ‘actualidad’ en la que vivimos? “No sólo esos títulos ‘no actuales’ o ‘clásicos’ que hemos editado hasta ahora nos parecen imprescindibles para entender nuestra contemporaneidad, sino que, además, ha sido pretensión expresa de nuestra editorial revitalizar dichos clásicos y releerlos desde el mundo actual, lo que se ha logrado tanto mediante nuevas y muy cuidadas traducciones actualizadas en fondo y forma, como mediante los textos interpretativos incluidos y –de modo aún más evidente– mediante los recursos visuales que acompañan a los textos: ya sean fotografías actuales de Atenas cubierta por el smog o del Partenón con la bandera nazi –en el caso de El Archipiélago de Hölderlin–, ya sea con la estética de Pasolini o de Straub-Huillet para el Edipo y la Antígona. Creemos que gracias a todos estos elementos, los textos antiguos cobran nueva actualidad y pueden volver a leerse en tenso pero estimulante diálogo con nuestra contemporaneidad. Lo habitual es –por ejemplo– leer El Archipiélago como un poema sobre la antigua Grecia revestido de especial belleza, mientras que en nuestra edición no se ha querido poner de manifiesto ese tipo de belleza fácil, sino mostrar, con todos los recursos posibles, que esa Grecia transfigurada de hermosura no sólo nunca existió ni puede volver, sino que sus ruinas –en la lectura que se hace de ellas en el momento de quiebra del mundo moderno, esto es, en el paso a la contemporaneidad– coinciden dramáticamente con otras ruinas mucho más actuales. Visto así, El Archipiélago no es un poema elegíaco que mira al pasado para llorar sobre él, sino un poema profético que mira al futuro anticipando su poder destructivo”.
El mercado (la idea del mercado como Golem) parece haber cambiado en los últimos años. Ahora, muchas editoriales buscan más la calidad que lo rentable. ¿Cómo ha sobrevivido la editorial a la depredación y cuáles han sido y son sus prioridades de existencia? “No es fácil sobrevivir en el mercado actual como pequeña editorial que hace libros ‘raros’ y tan cuidados (y por tanto de producción costosa) y por ahora se ha tratado más bien de una aventura entre un grupo de socios amigos que mantienen otras profesiones en paralelo. Nuestra prioridad no ha sido el negocio, algo imposible en el caso de las obras que publicamos, sino la excelencia. No obstante, creemos que sí existe un nicho de mercado para libros que se salen del camino trillado y para editoriales que ofrecen un producto selecto y que no es sustituible por una copia pirata en la red, y confiamos en que cuando logremos mejorar nuestra difusión y tengamos un catálogo algo más amplio y diversificado, podamos encontrar el equilibrio entre la inversión económica y su retorno, pues de lo contrario no sería posible aspirar a una continuidad. Estamos trabajando en ello”.
El Glas de Derrida, que ustedes acaban de publicar entre otros, es una gran reflexión sobre el peligro o lo peligroso en la obra de Jean Genet. ¿Es importante el peligro a la hora de darle continuidad a una editorial? “El peligro por el puro peligro no tiene sentido, pues una aventura que fuera decididamente ruinosa tendría un final rápido y sería más bien un suicidio programado. Hay que saber arriesgar con propuestas innovadoras y ser capaces de soportar un porcentaje asumible de fracaso editorial, pero el riesgo debe ser primordialmente un estímulo creativo, a veces una buscada provocación al lector y al consumidor, pero nunca un fin en sí mismo. Al final, todo editor quiere conseguir el mayor número posible de lectores. Lo estimulante es ser capaz de hallarlos pese a ofrecerles propuestas que salen fuera del mainstream”.
Esta historia fue publicada originalmente el 29 de abril de 2016, 0:56 p. m. with the headline "La contemporaneidad de La Oficina."