Artes y Letras

Presencia hispana en Viena – Segunda parte

Daniel Barenboim y Zubin Mehta en la sala del Musikverein.
Daniel Barenboim y Zubin Mehta en la sala del Musikverein. Terry Linke

En la Wiener Statsoper, la ópera estatal, la nueva Turandot con el esperado debut de Gustavo Dudamel -los boletos se habían agotado un año antes- marcó un traspié para el exitoso director venezolano; tampoco colaboró el trio protagónico reunido para semejante ocasión. Lise Lindstrom (la cantó en FGO hace pocas temporadas) posee un instrumento incisivo y caudaloso pero anodino; la Liu de Anita Hartig pasó sin pena ni gloria y el debut del tenor azerbayano Yusif Eyvazov (esposo de Anna Netrebko), fue decoroso, esta dos voces eslavas no contrastaron con la de esta hierática princesa de hielo. Dumitrescu fue un eficaz Timur así como el español Gabriel Bermudez, el mexicano Carlos Osuna y Norbert Ernst como los ministros y el veteranísimo Heinz Zednik (76) como el Emperador.

Si algo confusa, atrapó la flamante puesta en escena de Marco Arturo Marelli donde el pueblo de Pekín es trasladó a la sociedad italiana de la época sentada en una platea presenciando los entretelones conyugales entre el compositor Puccini (el príncipe Calaf), su esposa Elvira (la princesa Turandot) y la criada Doria (la esclava Liú) que como el personaje de la ópera acabó suicidándose injustamente acusada por la mujer del músico. Planteado como un juego de ajedrez Marelli recurre a la Commedia dell Arte agregando acróbatas, arlequines y saltimbanquis hasta agotar posibilidades sin lograr resolver el final. Quizás porque el enfoque de Dudamel pecó en exceso despojado, quitando la suntuosidad tonal del último Puccini, el público reaccionó tibio o agresivo con aplausos, abucheos y hasta algún destemplado insulto al director que no salió a saludar solo, tampoco lo hicieron los cantantes.

En contraste, Un ballo in maschera (pese a la vetusta puesta de Gianfranco de Bosio íntegramente en telones pintados hace más de tres décadas) se benefició con un trío protagónico que brindó un banquete vocal capaz de satisfacer al más exigente. Empezando por el espléndido Riccardo de Piotr Beczala vocalmente supremo. Al mismo nivel, el Renato de Dmitri Hvorostovsky, no sin esfuerzo pero intacta su voz en las circunstancias que atraviesa, Eri tu arrancó una ovación a telón abierto. La dama en disputa fue Krassimira Stoyanova, la búlgara es una soprano de raza, línea de canto plena sin amaneramientos, sin excesos ni espectacularidades pero con una seguridad y estilo que colegas más famosas deberían imitar. Valiosos aportes de Nadia Krasteva como Ulrica y Hila Fahima como Oscar. Y por supuesto, el siempre notable coro de la ópera estatal. Un Ballo que revalida a un Verdi hoy desacostumbrado a voces que le hagan justicia. El veterano español Jesús López Cobos balanceó foso y escena con solvencia.

Gran final en la Musikverein del comienzo del breve periplo, con la Orquesta Filarmónica de Viena bajo la batuta de Zubin Mehta y Daniel Barenboim como solista de lujo en el Concierto para Piano de Schumann. La ocasión fue un fin de semana celebrando el octogésimo cumpleaños del maestro indio (“nací accidentalmente en Bombay pero soy vienés”), allí estudió desde los 18 años y a los 25 debutó con la filarmónica. Esta marcó su aparición 287 con la orquesta, fue una reunión de viejos amigos en escena.

El clima festivo de esta soleada tarde vienesa que se filtraba por los ventanales del gran hall fue servido por un Barenboim a sus anchas, entregando un Schumann poético y monolítico al mismo tiempo. Siguió una colosal Séptima de Bruckner con una orquesta en estado de gracia, de transparencia e intensidad inigualables, de riqueza aterciopelada y caudal atronador potenciado por la acústica de esta gloriosa caja de zapatos. Y si algunos hubiésemos preferido al solista dirigiendo el Bruckner, el agasajado dejó bien documentada una total afinidad por el compositor, una decantada madurez y nobleza que a los “sólo ochenta” se perfiló en el doliente Adagio y triunfal conclusión.

No cabe duda de que de Florez a Gabetta la presencia hispana dejó huella en una semana en la que también habían actuado juntos los legendarios argentinos Daniel Barenboim y Martha Argerich, pero esa es otra historia en el mundo de, como dice el himno vienés por excelencia, Wien Wien nur du allein….

Esta historia fue publicada originalmente el 19 de mayo de 2016, 4:43 p. m. with the headline "Presencia hispana en Viena – Segunda parte."

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